domingo, 17 de abril de 2016

El Coaching y la gestión de proyectos, impresiones de un aprendiz


Hace poco comencé formalmente mi camino en el Coaching, disciplina sobre la que ya había estado leyendo y que está muy relacionada con la gestión de proyectos, sobre todo aquellos de tipo personal. En este post me gustaría comentarles sobre las repercusiones tempranas, pero poderosas, que mi acercamiento a esta disciplina ha tenido sobre mis iniciativas personales y mi desempeño como profesional en la gestión de proyectos.
Es hora de re-evaluar todo
El proceso de Coaching comienza definitivamente con un trabajo personal de quien aspira a convertirse en coach en el mediano plazo, a medida que se aprende sobre la disciplina comienzan a aparecer preguntas que buscan validar o no nuestro estilo de vida, nuestras metas, los cursos de acción que hemos tomado, los resultados que hemos obtenidos y sobre todas la cosas si nos sentimos realmente satisfechos.
Seguramente estarán de acuerdo con la idea de que es imposible ser un buen coach si no comenzamos aplicando lo aprendido a nuestras vidas, por aquello de comulgar con el ejemplo. En lo personal, como buen planificador que soy, comienzo cada año elaborando una lista de objetivos que quiero cumplir, asociados a un plan de acción y a mi visión personal. Este primer acercamiento al Coaching me ha ayudado a validar dicha visión y a diferenciar entre mis expectativas de lo que quiero ser y las expectativas que los otros tienen sobre mí (lo que los demás creen o esperan que debería ser y hacer).
En este sentido y en mi opinión de aprendiz, el Coaching es una herramienta liberadora que nos permite tener una mejor perspectiva de nuestro propósito y nos ayuda en la difícil tarea de jugar un doble rol, el de líder y cliente/usuario, de nuestro proyecto de vida.
Adicionalmente, nos ayuda a ser más selectivos con los proyectos o acciones que nos proponemos desarrollar, cuestionándonos si efectivamente aportan a nuestra visión, lo que se parece bastante a la gestión de cartera de una organización.
Para ponerlo en términos técnicos, el Coaching en una herramienta estratégica que nos permite alinear, a nivel personal, nuestros proyectos con la visión de mediano o largo plazo que tenemos sobre nosotros mismos. Durante el proceso, a través de la observación y las preguntas que nos hacemos, levantamos nuestros requerimientos y expectativas, definimos nuestras necesidades y objetivos, elaboramos y ejecutamos planes de acción y los monitoreamos, todo esto en el marco de lo que queremos ser una vez hayamos transitado del famoso punto A al B.
Desde la profesión
En mi trabajo diario, como líder de proyecto y facilitador, he ido incorporando las pocas herramientas que he adquirido hasta ahora para mejorar mi desempeño. He agudizado mi poder de observación y escucha, para entender y no para responder, con mis colaboradores y con los jóvenes con quienes comparto conocimiento.
El Coaching nos ayuda a poner en práctica aquello, de lo que ya hemos conversado con anterioridad, de preguntar en vez de suponer. Lo que nos permite conocer la visión y las expectativas de quienes trabajan a nuestro lado y del resto de los stakeholders, sobre el proyecto o las actividades que estamos realizando.
Aun me queda mucho que aprender para convertirme en un coach profesional, lo que si les puedo decir es que hasta el momento solo he tenido beneficios de esta nueva herramienta. A pesar de que en un inicio se experimenta confusión y constantemente comenzamos a cuestionarnos todo, de esta crisis inicial solo puede salir una persona con una mayor claridad de hacia dónde quiere ir, los proyectos que quiere desarrollar y una mayor posibilidad de éxito y de ser feliz




domingo, 3 de abril de 2016

El capital social negativo, un riesgo para el proyecto



En el artículo incentiva la confianza en el equipo de proyecto, les comenté sobre las ventajas que tiene contar con un alto nivel de capital social positivo entre quienes lo integran. Sin embargo, dejé de lado un beneficio que aplica no solo al equipo, sino al proyecto en general y en particular a la gestión de los stakeholders, la posibilidad de evitar que surja el capital social negativo o perverso.
El capital social negativo se define como aquellas redes de confianza que se establecen entre pequeños grupos para tratar de capturar los beneficios de un proyecto o política, en contra del cumplimiento de los objetivos y del bienestar colectivo. Una de las consecuencias más graves de que se presente este tipo de capital es que incentiva la corrupción.
Alrededor de intereses comunes varios stakeholders pueden aliarse para beneficiarse del proyecto. Imaginemos por ejemplo a un oponente con un alto nivel de influencia que coluda con una institución pública, de la que depende un permiso para que la iniciativa se lleve a cabo (alta importancia) logrando que este no se expida, paralizando la ejecución, lo que podría dejar sin la provisión de un bien o servicio a un grupo de consumidores o beneficiarios que mejorarían su calidad de vida a través de este.
O que decir del departamento o gerencia dentro de una organización que percibe en un proyecto de cambio de procesos una amenaza para su estabilidad laboral y hace todo lo posible para boicotearlo, a costa de la eficiencia de la institución. Y hasta dentro de un equipo de proyecto, aquellos miembros que por determinada razón y apostando a su beneficio, acuerdan no realizar su trabajo para desacreditar al líder.
Seguramente todos ustedes han sido testigos de una de estas situaciones o alguna similar. En algunos casos hasta quienes deberían ser aliados del proyecto lo perciben como una amenaza y se agrupan para actuar en su contra, imponiéndose el comportamiento, ¿natural o aprendido?, que nos lleva a establecer relaciones suma cero, aun cuando entendemos que a través de la cooperación todos nos beneficiamos 
Para evitar la aparición de este tipo de acuerdos aislados entre stakeholders es fundamental que construyamos relaciones de confianza generalizada, con los aliados, los indiferentes e intentemos hacerlo con los oponentes del proyecto. A través de la comunicación clara de los objetivos, de mostrar a cada uno de los actores cómo se beneficia por el desarrollo del proyecto y por último, pero no menos importante,  incentivando la participación activa en el desarrollo de la iniciativa, podemos generar un mayor capital social positivo y minimizar el riesgo de que se creen redes perversas que intente apropiarse de un mayor beneficios, dejando al resto de los actores de lado.
Cuando formulemos un proyecto no olvidemos entonces tomar en cuenta al capital social positivo en nuestro plan de gestión de stakeholders, así como tampoco omitamos al capital social negativo de nuestro plan de gestión del riesgo.