domingo, 18 de febrero de 2018

El Business Case y su importancia para la gestión de proyectos


 
El desarrollo de todo proyecto llevado a cabo por una organización está justificado por su carácter estratégico, con esto hago referencia a que la iniciativa esté enmarcada en la visión y aporte a esta a través de sus productos y el impacto generado. En mercados cada vez más dinámicos las razones de ser de un proyecto pueden desaparecer en cualquier momento del ciclo de vida, ejemplos como el cambio en las preferencias de los consumidores, las reglas de juego, las variables macroeconómicas o las acciones de nuestros competidores podrían en cualquier momento afectar negativamente la factibilidad.
Para documentar el por qué realizamos un proyecto y hacer seguimiento de que su justificación se mantenga a lo largo de todo el ciclo de vida, desarrollamos lo que se conoce como un caso de negocio o Business Case. Este nos sirve de apoyo para tomar la decisión de invertir recursos en el proyecto, tanto al inicio como durante toda la gestión y es una entrada esencial para el desarrollo del Acta de Constitución del Proyecto o Project Charter.
Siguiendo la metodología PRINCE2 el Business Case está compuesto por:
  • Un resumen ejecutivo
  • Las razones por las cuales se desarrollará el proyecto desde el punto de vista estratégico, comercial, técnico, legal y/o social
  • Las opciones comerciales o diferentes cursos de acción para abordar el problema, incluyendo la opción de no hacer nada
  • Los beneficios esperados
  • Los contra-beneficios esperados, qué o quienes salen perjudicados por el desarrollo del proyecto
  • Un calendario preliminar
  • Un presupuesto preliminar
  • La evaluación de la inversión, contemplando el cálculo de variables como el VPN, la TIR y/o el análisis costo beneficio
  • Los riesgos principales
El caso de negocio se desarrolla, preliminarmente, en la fase de pre – proyecto, se refina en la fase de definición o planificación y se va revisando y actualizando a lo largo de toda la ejecución, con la finalidad monitorear y controlar que el proyecto se mantenga deseable, existiendo una relación positiva entre el costo – beneficio y los riesgos, viable, que sea capaz de entregar los producto planificados y alcanzable, que los producto puedan proporcionar los beneficios esperados.
Tener conciencia de que el Business Case no es un documento que se realiza antes y durante el inicio del proyecto y luego se deja olvidado nos permite utilizarlo para, de alguna manera, garantizar el uso eficiente de los recursos de la organización, invirtiéndolos en iniciativas que generarán valor. Adicionalmente, trabajar en la actualización continua del caso de negocio es un buen antídoto contra el sesgo de los costos hundidos, del que ya conversamos en una oportunidad, y que nos lleva a seguir aplicando recursos en iniciativas condenadas al fracaso bajo la ilusión de no perder todo lo que hemos invertido en el pasado, permitiéndonos cerrar el proyecto antes de que aumenten las pérdidas y redirigir los recursos a donde sean más rentables.
¡Si te gustó comparte!

domingo, 4 de febrero de 2018

¿Qué clase de líder de proyectos quieres ser?


Vivimos en mundos interpretativos, esto quiere decir que cada uno de nosotros percibe la realidad de manera diferente, de acuerdo a nuestra educación, creencias, contexto social y cultural, entre otras cosas. Nuestro observador condiciona nuestro mundo y el tipo de gerente o líder de proyecto que somos.
 
Rafael Echeverría y Alicia Pizarro en su interesante artículo El Fenómeno de Callar y las Rutinas Defensivas en la Organización, identifican a dos clases de observadores, el de enfoque único y múltiple:
 
El observador de enfoque único es aquel que cree que su manera de mirar el mundo y de hacer las cosas es la correcta y la mejor, por esta razón busca imponerla. Desestima la visión de los demás al considerarla limitada con respecto a la suya, siempre tiene la razón.
 
Un gerente de proyectos de enfoque único, en función de que las cosas se hagan como “propone”, intentará en primer lugar convencer a los miembros del equipo de trabajo, pero, en caso de que no lo logre utilizará su autoridad para imponer su criterio, llegando al extremo de tratar de neutralizar y hasta eliminar, en sentido figurado, las voces disidentes. Creo que no es necesario comentar cómo serían las relaciones y el trabajo en un “equipo” “liderado” por un gerente de proyectos de este tipo.
 
El observador de enfoque múltiple por el contrario entiende que su visión de la realidad no es la única y valora el que existan otras, ya que las considera como posibilidades para el aprendizaje.
 
Un gerente de proyecto que sea este tipo de observador generará espacios para que los miembros de su equipo aporten ideas, y escuchen las de los otros, que permitan enriquecer las soluciones y cursos de acción a tomar en el marco de la iniciativa.
 
Para este fin el gerente de proyectos puede utilizar lo que Echeverría define como las dos modalidades del habla, la proposición para compartir la visión propia y la indagación para conocer la de los demás, en un marco de respeto por el otro. De esta manera, se genera confianza en el equipo, se empodera a sus miembros y somos capaces de innovar.
 
¿Qué clase de líder de proyectos quieres ser?
 
¡Si te gustó, comparte!