martes, 17 de abril de 2018

Lo que nos deja la crisis: 6 posibilidades de aprendizaje para la gestión de proyectos



Un entorno con alta incertidumbre y por ende muy riesgoso, donde proyectar y planificar se hace prácticamente imposible ante la falta de información, es la universidad donde las organizaciones venezolanas, sus líderes y profesionales están cursando su doctorado en lo que a toma de decisiones de inversión y gestión de proyectos se refiere. Y es que si observamos la crisis venezolana desde el espacio de la oportunidad, esta se ha convertido en una gran fuente de aprendizaje, a través de la experiencia, para la gerencia de proyectos.
Como seguramente todos ustedes saben, el carácter único de todo proyecto lo relaciona directamente con la incertidumbre propia de un esfuerzo que se realiza por primera vez, pero, si a esto le sumamos complejidades nunca antes enfrentadas, al menos en las magnitudes actuales, como por ejemplo, y por solo nombrar algunas, el alza desmedida y desconocida de precios, la escasez de insumos, la alta probabilidad de cambio del marco regulatorio y la desmotivación, producto de la crisis, que afecta al talento humano originando en muchos casos su fuga, gestionar un proyecto se convierte en una labor titánica.
En mi opinión, atravesar esta crisis nos está enseñando a los profesionales de proyectos:
1.- A ser creativos para resolver problemas que nunca antes habíamos enfrentado: la crisis que enfrentamos actualmente nos obliga no solo a cambiar la manera en la que abordábamos problemas ya conocidos, además, debemos hacer frente a situaciones, de las que en muchos casos solo habíamos escuchado hablar o leído en los libros de texto.  
Un ejemplo de esto es la hiperinflación, este fenómeno en el que los precios comienzan a elevarse cada vez más y más rápido, nos obliga a revisar constantemente el presupuesto de los proyectos y su rentabilidad y a tomar decisiones que nos permitan mantener, de alguna manera, el poder de compra de los fondos que serán invertidos; colocarlos en divisas, establecer un plan de compras que nos permita adquirir los insumos necesarios lo antes posible, adquirir activos que luego puedan liquidarse rápidamente y hasta las criptomonedas son posibles maneras en que las organizaciones y la gerencia de proyectos pueden abordar este problema.
2.- A tomar decisiones bajo verdadera incertidumbre: aunque existe una discusión sobre la efectividad o no de intentar proyectar lo que pasará en el futuro, el contar con al menos una aproximación nos permite lidiar con la incertidumbre y tomar decisiones contando con un marco de información. Los líderes y gerentes de proyecto venezolano hemos tenido que afrontar en muchos casos el reto de decidir en total incertidumbre o con información de baja calidad y asumir el riesgo relacionado. En mi opinión este experimento es positivo por dos razones, la primera es que nos muestra el mundo tal cual es, complejo, y nos permite desechar la idea de la linealidad; y la segunda, nos lleva a sopesar muy bien las decisiones que vamos a tomar y el impacto que estas tendrán para la organización y el proyecto.
3.- A ser flexibles: en un entorno como el actual, y en condiciones normales, no podemos “enamorarnos del plan”, debemos estar dispuestos a cambiar el curso de acción en la medida que las circunstancias así lo ameriten. La crisis nos ha dado la oportunidad de interesarnos más por el entorno, estar conectado con él constantemente, para identificar los cambios y actuar en consecuencia, dispuestos a salirnos del plan o planificando a muy corto plazo ajustados a una dinámica de transformación acelerada.
4.- A ser menos burocráticos: En la crisis perder tiempo en los procesos de toma de decisiones pone en riesgo a la organización y a los proyectos, esta situación nos está enseñando a ser más efectivos en el uso del tiempo para decidir, a confiar y delegar en el equipo la resolución de problemas que no tienen que ser escalados en la estructura organizacional y a ser mucho más agiles en la gestión de nuestras iniciativas.
5.- A ser más eficientes en el uso y control de los recursos: La crisis nos hace apreciar más aquello con lo que contamos, ya que los activos, los insumos y el talento, no solo se vuelven cada vez más costosos, sino que además escasean. La coyuntura nos está enseñando a ser mucho más cuidadosos con la asignación de nuestros recursos y a controlar que efectivamente generen los beneficios que esperamos.
6.- A valorar más a las personas: tanto a nuestros clientes como a los miembros de nuestro equipo u organización. La crisis nos afecta a todos y nos da la oportunidad de ser empáticos y al menos tratar de entender las necesidades de quienes nos rodean. Valorar y ser más cercanos a nuestros clientes nos permite ofrecerles soluciones que se adapten realmente a sus necesidades, entendiendo el contexto en el que viven y el enfoque que tienen sobre la crisis. De la misma manera, acercarnos a nuestros colaboradores nos permite apoyarlos, y ser apoyados por ellos, no solo en lo que a la gestión del proyecto se refiere, sino a también en el tránsito traumático que implica una crisis de semejantes magnitudes y cuyas consecuencias más graves las evidenciamos en la dimensión humana.
¿Qué otras cosas crees que podemos aprender de la crisis venezolana para la gestión de proyectos?
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domingo, 1 de abril de 2018

Certificarse como PMP para trabajar en Venezuela, un proyecto no rentable



Uno de los dramas que enfrentan las organizaciones venezolanas, en medio de la crisis hiperinflacionaria, es el de la fuga de talentos, y el ámbito de la gerencia de proyectos no escapa a esta realidad. En lo personal he sido testigo de cómo muchos profesionales, certificados y no, han emigrado y ahora lideran o trabajan en iniciativas, prestan servicios de consultoría y formación o han emprendido negocios en otras latitudes.
No sé si exista en el mundo un caso similar al venezolano, en el que la obtención de una certificación como el Project Management Professional o PMP en muchos casos, que he conocido, fue o es un paso para emprender la aventura de radicarse en otro país en condiciones laborales favorables. Y es que ante un mercado poco competitivo e incapaz de ofrecer un retorno positivo a la inversión necesaria para certificarse, no existen incentivos para hacerlo y permanecer en Venezuela, al menos no desde el punto de vista racional.
Ponerlo en números seguramente me ayudará a explicarlo mejor, sobre todo para mis lectores que no son venezolanos:
Además del tiempo y la dedicación necesaria para certificarnos como PMP se requiere, como todos sabemos, presentar un examen cuyo costo, para no miembros del PMI, es de 555 dólares americanos.
En Venezuela hay un control de cambio, no se pueden comprar divisas libremente, que ha dado origen a un mercado paralelo en el que un dólar, en el momento de escribir este artículo, se transaba en Bs. 235.437,00. Si suponemos que el candidato a PMP no es miembro del PMI, estaría cancelando el día de hoy el equivalente a 130 millones de bolívares, lo que sería igual a 333 salarios mínimos.
Este profesional certificado podría estar aspirando hoy a un salario promedio que le permitiría adquirir, también hoy, alrededor de unos 50 dólares, cantidad de divisas que iría disminuyendo, mes a mes, en la medida en que el bolívar vaya perdiendo su poder de compra.
Lo que para un profesional en cualquier otra parte del mundo sería una inversión alcanzable y rentable, en Venezuela se convierte en un proyecto no factible si el objetivo es permanecer en su mercado laboral. Además de la dificultad de ahorrar el monto necesario para cancelar el examen, tomando en cuenta los otros gastos que tienen que ser cubiertos con el salario, el costo de oportunidad es realmente elevado, en nuestra economía distorsionada colocar los 555 dólares debajo del colchón nos generaría mayor rendimiento que invertirlo, adicionalmente con ese mismo monto podría vivirse casi un año sin trabajar, los incentivos van en el sentido contrario a la certificación.
Los números no pueden ser rebatidos, mientras un PMP podría estar ganando cerca de US$ 600 anualmente en Venezuela, en mercados como el colombiano, peruano y mexicano, para no ir muy lejos, su remuneración anual estaría cerca de los US$ 45.000, siguiendo los datos del Project Management Salary Survey, por lo que el plan de emigrar pareciera ser la mejor opción en función de maximizar beneficios.
Ante un panorama como este, es muy poco lo que una organización venezolana puede hacer para retener a su talento en gestión de proyectos, que haya decidido probar suerte en otros países. Es paradójico que en un momento en el que lo que abundan son las necesidades en Venezuela, génesis de todo proyecto, estemos “exportando” al talento que nos permitiría satisfacerlas profesionalmente. Lo que nos queda es pensar que muchos de esos profesionales que hoy se van, por razones muy válidas y que no solo tienen que ver con las finanzas, regresarán cuando todo esto pase, porque va a pasar,  con la experiencia y el aprendizaje que seguramente les habrá dejado el trabajar gestionando proyectos más allá de nuestras fronteras, para aportar a esta iniciativa llamada Venezuela.
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domingo, 4 de marzo de 2018

¿Qué significa aprender de la gestión de proyectos?



La gran cantidad de lecciones que genera un proyecto pueden ser aprendidas o no. Muchas veces “la gestión del conocimiento” se limita a confeccionar una lista de mejores maneras de hacer las cosas que nunca se ponen en práctica.
 
La mirada que nos presenta PRINCE2 sobre este tema en mi opinión es muy interesante; en primer lugar, el aprender continuamente de la experiencia es uno de los 7 principios o bases filosóficas de la metodología y para cumplir con este precepto no basta con desarrollar un registro de lecciones, es necesario:
 
1.- Que este sea revisado junto con la información, adicional y relevante para el proyecto, que pueda conseguirse fuera de la organización antes de su inicio.
 
2.- Que el aprendizaje nos lleve a implementar mejoras durante la gestión del proyecto en curso, las lecciones son para el presente y no solo para el futuro.
 
3.- Que lo aprendido se comparta con el resto de la organización.
 
Esta clase de aprendizaje, que es la más común en la gestión de proyectos y en la que cambiamos la manera en la que hacemos las cosas por otras más efectivas y eficientes, es la que en ontología del lenguaje se conoce como de primer orden. Existe otro tipo de aprendizaje más profundo,  el de segundo orden, que no solo es capaz de transformar el cómo actuamos, sino también la clase de observadores que somos.
 
El aprendizaje de segundo orden nos convierte en otro tipo de líderes y/o profesionales de proyectos, conscientes de que tenemos la capacidad de darle interpretaciones diferentes a lo que nos sucede. Un ejemplo sencillo me permitirá explicar mejor este punto; tenemos un proyecto que deja de ser factible, esta situación podría llevarnos al menos a tres interpretaciones, acciones y resultados distintos:
 
1.- Que el proyecto deje de ser factible implica que debería ser cancelado, pero, esto es un problema para mi reputación y la del equipo, tendremos que afrontar los costos de la iniciativa fallida, será un desastre para nosotros……Como resultado no lo cancelemos, a la larga el proyecto fracasa y significa una pérdida para la organización.
 
2.- Las condiciones mejorarán, la factibilidad retornará, hemos invertido mucho en este proyecto para renunciar, soy un gran líder de proyectos, cuento con un gran equipo, el proyecto debe continuar….Como resultado continúa y a la larga fracasa y se convierte en una pérdida para la organización.
 
3.- El proyecto ya no tiene razón de ser, lo más sensato y beneficioso para la organización es cancelarlo, lo hacemos y eso nos da la oportunidad de reasignar nuestros recursos a iniciativas más productivas y de mayor impacto estratégico para la organización, que sale beneficiada.
 
El aprendizaje de segundo orden es aquel que nos permite movilizarnos, entender las situaciones en todas sus magnitudes, sopesar los costos y los riesgos, pero, también identificar oportunidades en donde antes solo veíamos problemas y actuar de manera más eficaz. Este tipo de aprendizajes nos permite ver que “lo importante no es lo que nos pasa, sino, lo que hacemos con eso”.
 
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