domingo, 10 de junio de 2018

4 Métodos para valuar un proyecto de empresa tecnológica



Una de las complejidades a la hora de decidir si invertimos o no en un proyecto, cuyo objetivo es crear una organización para la generación de un producto o servicio ligado a la tecnología o startup, es conocer cuál es el valor del negocio. Tradicionalmente, la decisión de inversión en un proyecto la tomamos en base al cálculo de los flujos de caja proyectados y de variables como el Valor Presente Neto y la Tasa Interna de Retorno; Sin embargo, por las particularidades de este sector, altísima incertidumbre y una tasa esperada de crecimiento exponencial, estas técnicas de evaluación no son las más adecuadas.

En el universo de las startups cualquier cosa puede pasar, es el mundo de los cisnes negros, con altas probabilidades de fracaso, pero, también con altísimos rendimientos o beneficios para aquellos que logran tener éxito, no por casualidad a quienes invierten en este tipo de organizaciones en sus etapas tempranas se les conoce como inversionistas de riesgo. Aunque a primera vista pareciera un sin sentido tratar de proyectar qué podría pasar en el futuro en un mercado y con una organización semejante, el calcular los valores que podrían tomar las variables, que nos ayudan a decidir, y crear escenarios nos permite lidiar con la incertidumbre, dándonos al menos una idea de lo que podría pasar con el proyecto y nuestros fondos.

Luego de realizar una búsqueda en la literatura sobre los métodos más utilizados e idóneos para conocer o al menos especular cuál es el valor de negocio de una startup, encontré los siguientes 4 que comparto con ustedes:

1.- Valoración por dilución: si alguno de ustedes ha visto el popular programa de televisión Shark Tank tal vez se haya preguntado de dónde sacan los números aquellos emprendedores con proyectos que no se han convertido en empresas y por ende no han tenido ventas. En este caso el promotor del proyecto hace la valoración en función de lo que considera necesita para poder desarrollar el proyecto, el presupuesto o inversión inicial, y lo contrasta con el porcentaje accionario que está dispuesto a ceder por esa cantidad de dinero. Por esta razón en el programa antes mencionado escuchamos cosas como “pedimos US$ 200.000 por el 10% del negocio” lo que significa una valoración de los emprendedores de US$ 2.000.000 por el total de este.

2.- Por similitud: este método consiste en recurrir a la experiencia de startups similares a la que pretendemos conformar, estableciendo un valor dentro del rango que fue ofrecido por las acciones de estas empresas en operaciones similares. Por ejemplo, si lo que queremos desarrollar es un marketplace de productos, podríamos revisar la historia de Amazon o Mercado Libre para conocer cuál fue el valor al que se tasaron estas empresas cuando salieron a buscar financiamiento por primera vez, tomado en cuenta esta referencia y la similitud de la startup con estos ejemplo, se elige un valor.

3.- Por lo que hemos invertido: si contabilizamos todo el dinero y recursos, como el tiempo y conocimiento, que se ha invertido, podemos establecer cuál es el valor de una startup. Por ejemplo, supongamos que se han adquirido equipos por US$ 20.000 y que se han aplicado unas 1.000 horas de trabajo a un salario promedio de US$ 15. La inversión total serían unos US$ 35.000 en el proyecto, si eso lo multiplicamos por el factor de corrección que se utiliza en este método, 1,5, tendremos que el valor de arranque para valuar esta empresa es US$ 52.500.

4.- Valoración del mercado: es lo que los inversionistas están dispuestos a pagar por acciones de la startup. Volvamos al ejemplo del programa Shark Tank, luego de la petición de los emprendedores por lo general los inversionistas hacen una contraoferta, supongamos que en vez de los US$ 200.000 por el 10% del negocio ofrecen US$ 150.000 por el 40% del capital accionario, eso valúa el emprendimiento en US$ 375.000 y no en los dos millones pretendidos.

Existe toda una controversia entre los puristas de las proyecciones y quienes piensan que estas no tienen sentido, más cuando, como en este caso, los métodos parecen más inclinados hacia la intuición que hacia la exactitud de la matemática. En lo particular pienso que, al igual que la planificación, la evaluación de proyectos, tecnológicos o no, es necesaria, pero, debemos realizarla conscientes de que se trata de un ejercicio, evitando ser víctimas de los sesgos de planificación y optimismo excesivo, si algo es seguro en el mundo de los proyectos es que el riesgo está a la orden del día y quienes vivimos en él solo podemos hacer nuestro mayor esfuerzo para evitar que cualquier evento inesperado afecte nuestro fin último, la satisfacción de necesidades humanas.

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