viernes, 2 de abril de 2010

Los proyectos y el bienestar


Un proyecto puede definirse de una manera bastante sencilla como el camino que debemos transitar para transformar una situación en otra. Partiendo de un presente en el cual existe alguna necesidad que nos causa insatisfacción, planificamos, desarrollamos y evaluamos un conjunto de actividades a lo largo de un período determinado de tiempo, que nos lleva a un punto en el futuro en el cual dicha insatisfacción ha sido resuelta y nuestro nivel de bienestar ha aumentado.

Esta definición aplica tanto para los llamados proyectos sociales como para los proyectos de carácter privado. Un proyecto de desarrollo por ejemplo busca resolver los problemas o necesidades de un conjunto de seres humanos y mejorar su calidad de vida, proveyéndoles bienes y servicios como educación, agua corriente, centros de salud, etc. En el caso de los privados, la realidad no es muy distinta. Estos proyectos buscan atender necesidades de mercado, creando bienes y servicios como calzados, automóviles, etc. En ambos casos y atendiendo a la teoría del bienestar las personas contarán con una mayor cantidad de bienes y servicios, que podrán consumir mejorando sus estándares de vida.

Veamos con un ejemplo cómo ocurre esta mejora. Supongamos que una comunidad muy pobre no cuenta con sistemas de agua corriente y cada mañana los miembros de este grupo deben recorrer una distancia de -digamos- 5 km al río más cercano para recoger agua y llevarla a sus hogares. Supongamos además que la actividad de ir, recolectar el agua y regresar a la comunidad es realizada por los niños, como en el caso de muchas comunidades pobres de África, y les lleva 5 horas al día.

Si en nuestra comunidad hipotética se lleva a cabo un proyecto en el cual ésta sea dotada con servicio de agua corriente, los niños podrán dejar de recolectarla y utilizarán las 5 horas diarias que ocupaban en esta actividad en otra, como asistir al colegio o simplemente jugar con sus amigos, lo que seguro les reportará mayor bienestar.

Las implicaciones de un proyecto de desarrollo van más allá de la dotación de un bien o servicio. Siguiendo con nuestro ejemplo, el llevar agua corriente a toda la comunidad no sólo permitiría que los niños ocupasen su tiempo en actividades de mayor provecho, sino que además el resto de las personas mejoraría su calidad de vida, pudiendo, por ejemplo, lavar sus alimentos con regularidad, evitar el almacenamiento de agua que puede convertirse en foco de enfermedades, entre otros. Si los niños utilizan las 5 horas en estudiar, tendrán una mayor oportunidad de conseguir empleo en el futuro, ganar dinero y mejorar su vida y la de sus familias.

Los proyectos de desarrollo, como mecanismos para la lucha contra la pobreza, buscan crear condiciones para que los seres humanos no tengan que ocupar su tiempo preocupándose en como suplir sus necesidades básicas (alimentación, vestido, seguridad, salud, servicios, por sólo mencionar algunos.) y puedan dedicarse a actividades que les permitan desarrollarse como individuos, que mejoren su bienestar y que en definitiva los hagan más felices.

En el caso de los proyectos privados la mejora en el bienestar se puede observar desde la óptica del mercado. Supongamos que una corporación que fabrica teléfonos celulares o móviles identifica una oportunidad de negocio a través de un estudio de mercado, según el cual a los consumidores de este tipo de productos les gustaría que los teléfonos fuesen más livianos. La empresa fabrica estos productos y los comercializa. Siguiendo la lógica de la libre competencia, las empresas rivales comenzarán a desarrollar teléfonos con las mismas características y pronto comenzarán también a venderlos. De esta manera se amplía la oferta de teléfonos celulares livianos y los consumidores tendrán más opciones para elegir a la hora de adquirir estos productos pagando el precio de mercado por ellos.

El bienestar de los consumidores se verá incrementado al contar con una mayor cantidad de productos en el mercado, lo que les permitirá elegir aquel que satisfaga sus necesidades pagando un precio que realmente refleje el valor del producto.

Los proyectos, sin importar si son de desarrollo o privados, se realizan entonces con el único fin de transformar y mejorar la realidad de un conjunto de seres humanos, a los que podemos llamar comunidad o consumidores. A pesar de que existe toda una disciplina que explica los proyectos y de que hay personas que se preparan como profesionales en esta área, siempre me ha gustado pensar que cada uno de nosotros es el gerente de su propio proyecto, que no es más que nuestra vida. Así, tomamos decisiones sobre qué estudiar, dónde vivir, dónde trabajar, entre otras muchas cosas, y actuamos para alcanzar nuestras metas con la única finalidad de estar mejor. Eso nos convierte a cada uno de nosotros en un instrumento de cambio.