domingo, 9 de mayo de 2010

La fase de financiamiento de proyectos


Los proyectos tanto sociales como aquellos de carácter financiero están organizados en un conjunto de fases que se constituyen en lo que se conoce como el ciclo de vida del proyecto.

Según el Centro de Investigaciones y Cooperación para el Desarrollo de España, los proyectos sociales cuentan con cuatro fases principales: identificación, diseño o formulación, ejecución y evaluación. Mientras que el Project Management Institute sostiene que los proyectos están estructurados por una fase inicial (nacimiento de la idea y formulación), una fase intermedia (planificación y ejecución) y una fase de terminación donde se cierra el proyecto y se introduce al mercado el bien o servicio desarrollado.

Independientemente de estas diferencias conceptuales en cuanto al ciclo del proyecto y al carácter de este, hay una fase que a pesar de su importancia pasa desapercibida o no se nombra cuando se habla del ciclo de proyectos, tal vez por pensarse que se sobre entiende su existencia. Esta fase es la de financiamiento o búsqueda de fondos para ejecutar el proyecto.

Una vez que hemos culminado con la formulación del proyecto y tenemos clara la cantidad de dinero que necesitamos para llevarlo a cabo, expresada en nuestro presupuesto, debemos comenzar a buscar los recursos para financiar las actividades que nos llevarán al logro del objetivo de la intervención. Esta búsqueda comienza mucho antes, durante la etapa de identificación, donde como su nombre lo indica identificamos entre otras cosas a los actores del proyecto, entre quienes están también los posibles financistas, sin embargo es al finalizar la etapa de formulación donde podemos establecer de manera clara la cantidad de fondos necesaria para desarrollar el proyecto.

Las fuentes de financiamiento de un proyecto pueden ser de dos tipos, aquellas de carácter interno y las de carácter externo. Cuando hablamos de financiamiento interno hacemos referencia a aquellos fondos provenientes de la organización que realiza el proyecto. Por ejemplo si una corporación está desarrollando un bien o servicio y decide financiarlo con sus propios fondos o un emprendedor decide utilizar sus ahorros para llevar adelante una idea. Por el contrario el financiamiento externo es aquel que obtenemos de un tercero, por lo general un banco comercial o de desarrollo.

De que depende el financiamiento de un proyecto (La óptica del financista)
La obtención de financiamiento para un proyecto, sea interno o externo, va a depender de ciertos factores:

En el caso de los proyectos sociales, que por lo general son financiados por bancos de desarrollo, organizaciones multilaterales y los Estados y de los proyectos financieros o privados financiados por bancos comerciales, existen dos criterios fundamentales para la obtención de los fondos.

El primero tiene que ver con el hecho de que los proyectos estén directamente relacionados con la planificación y lineamientos estratégicos del ente que los financiará. Para ilustrar esta situación, supongamos que estamos interesados en realizar un proyecto para incentivar la productividad del sector agrícola y se lo presentamos a una institución financiera de desarrollo que depende del Estado. Pero los planes de la nación están orientados a promover el desarrollo industrial y todas las instituciones del Estado obedecen a este lineamiento. Por supuesto el banco al que hemos acudido con nuestro proyecto no nos financiara, pues dentro de su planificación solo está previsto proveer fondos a proyectos relacionados con la industria y no a aquellos de carácter agrícola.

De esta misma forma, muchos organismos multilaterales y bancos de desarrollo se especializan en financiar determinados tipos de proyectos, hay quienes solo financian construcción de infraestructura, hay aquellos dedicados a iniciativas de formación etc. Lo importante acá, es que debemos tomar en cuenta cómo los objetivos que pretendemos alcanzar con el proyecto coinciden con la planificación del ente financiero, a la hora de elegir las puertas que tocaremos para obtener los fondos de nuestra iniciativa.

En el caso de proyectos privados, tomamos también en cuenta la orientación de la institución financiera a la que acudiremos en busca del dinero para cristalizar nuestras ideas. Si por ejemplo queremos desarrollar una microempresa nos dirigiremos a aquellos bancos dedicados a financiar este tipo de actividades, lo mismo sucede en el caso de que nuestro proyecto trate sobre la instalación de una planta industrial, esté ubicado en el sector comercial o agrícola.

El otro elemento importante, es que el proyecto que desarrollemos debe generar beneficios superiores a sus costos.

A pesar de que los proyectos de carácter social no se miden por la rentabilidad, en términos estrictamente financieros, los beneficios que estos generan (de índole social, económico, financiero, etc.) deben superar a la inversión necesaria para realizarlos.

Esto está directamente relacionado con el uso eficiente de los recursos, los cuales son escasos, y si el proyecto no es capaz de producir “ganancias” que justifiquen la inversión, simplemente no debe realizarse porque los recursos que se estarían invirtiendo en él podrían usarse de una manera alternativa, generando mayor impacto.

Para que una entidad financiera nos otorgue fondos para el proyecto debemos garantizar entonces, al menos de forma teórica, que este generará ganancias superiores a sus costos.

Este criterio aplica de igual manera para iniciativas privadas, si una persona está interesada en obtener un financiamiento para emprender un proyecto, debe garantizarle a la institución financiera, que este generará los recursos suficientes para retornar la inversión, cubrir los intereses del financiamiento, los costos de la operación resultado del proyecto y generar una ganancia.

Riesgos del financiamiento

Cuando solicitamos un financiamiento externo para hacer realidad un proyecto, existen al menos dos situaciones que pueden materializarse y poner en riesgo el desarrollo del mismo. Estás son:

Que la institución financiera no nos dé el total de los fondos solicitados y/o que la provisión de los fondos no coincida con los tiempos del proyecto.

Puede darse el caso de que la institución financiera a la que acudimos a solicitar los fondos para el proyecto solo nos otorgue un porcentaje del total que hemos solicitado, esto nos pone en problemas a la hora de ejecutar las actividades ya que tendremos que financiarlas con recursos propios, buscar financiamiento alternativo o simplemente desistir de la realización del proyecto.

También puede ocurrir que los fondos no sean entregados en la fecha prevista para poder iniciar el proyecto, lo que nos traería retrasos en la ejecución, que como sabemos debe cumplir de manera estricta con un cronograma para poder garantizar el impacto deseado.

Para evitar estas dos situaciones, lo ideal es que diversifiquemos las fuentes de financiamiento, es decir que en vez de presentar nuestro proyecto a un banco u organismo se lo presentemos a varios, de esta manera contaremos con diferentes alternativas para la provisión de fondos.

De igual manera, si uno de los bancos se retrasa en entregarnos el dinero, seguramente otro si nos proveerá de fondos a tiempo para comenzar con la ejecución.

En definitiva, durante las etapas tempranas del proyecto (identificación y formulación) es necesario que tomemos en cuenta estos elementos para elegir nuestras fuentes de financiamiento, de manera tal que podamos garantizar el flujo de fondos que nos permita alcanzar nuestros objetivos.

Fuentes consultadas:

Project Management Institute. (2003). Project Management Book of Knowledge. PMI. P.A, Estados Unidos de América.

Palacios, Luis. (2005). Gerencia de Proyectos Un Enfoque Latino. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas, Venezuela.

Gomez, M y Sainz, H. (2003). El Ciclo del Proyecto de Cooperación al Desarrollo. Centro de Investigaciones y Cooperación Para el Desarrollo. Madrid, España.