lunes, 14 de junio de 2010

La evaluación de proyectos sociales y algunas de sus clasificaciones


Cuando observamos el ciclo de vida de los proyectos sociales encontramos que la evaluación es considerada como una de sus etapas, estando generalmente ubicada al final del proceso. Esto nos puede llevar a pensar que, siguiendo de manera estricta el desarrollo de cada una de las fases, debemos esperar a culminar con el proyecto para evaluar si este fue exitoso o no.

Sin embargo la evaluación, más que una fase o etapa, es un proceso continuo que debe estar presente a lo largo de todo el desarrollo del proyecto y que consiste en comparar la situación que hemos o estamos alcanzando con la situación de partida.

Evaluar el proyecto a medida que vamos desarrollándolo nos permite determinar si este cumple con los objetivos planteados, si los productos resultantes cumplen con la calidad (poseen las características necesarias para satisfacer las necesidades que dieron origen al proyecto), si están ajustadas al cronograma y al presupuesto planificado y además nos permite identificar y analizar aquellos efectos no esperados tanto positivos como negativos.

Dependiendo de ciertos criterios como: quiénes protagonizan la evaluación, el momento en que se realiza y el nivel de participación, entre otros, podemos clasificar la evaluación de proyectos en varios tipos:

La evaluación del proyecto según los protagonistas

Tomando en cuenta quienes son los encargados de realizar la evaluación del proyecto podemos determinar tres categorías:

La evaluación interna: que es aquella realizada por los miembros del equipo del proyecto responsable por su desarrollo, este tipo de evaluación por lo general se lleva a cabo durante la etapa de ejecución y constituye una prolongación de las labores de seguimiento del proyecto.

Este método tiene la ventaja de que es menos costoso y genera un mayor aprendizaje para la organización del proyecto. Sin embargo, al ser los mismos ejecutores quienes evalúan su desempeño, puede ser poco objetivo a la hora de presentar los resultados.

La evaluación externa: este es el mecanismo de evaluación más comúnmente utilizado, consiste en la contratación de expertos externos al proyecto para que sean ellos quienes evalúen sus resultados.

Este tipo de evaluación es mucho más costosa que la anterior, por lo que su elección dependerá de la disponibilidad de recursos con que contemos como organización gestora del proyecto, en contrapartida podemos confiar en que los resultados presentados por los evaluadores contarán con una mayor objetividad que en el caso de la evaluación interna.

La evaluación mixta: este tipo de evaluación combina la participación de los miembros del equipo de proyecto como la de expertos externos a este.

Si estamos en la capacidad de escoger un método para la evaluación del proyecto entre estos tres, la última opción sería la más adecuada. Ya que las debilidades de la evaluación interna se compensan con las fortalezas de la externa y viceversa.

Podríamos tener entonces en la evaluación mixta un método bastante robusto, capaz de generar aprendizaje a los miembros del equipo de proyecto, ser objetivo y presentar resultados rápidamente.

Evaluación del proyecto según el momento en que se realiza

Dependiendo del momento en el tiempo en que realicemos la evaluación podremos estar hablando de cuatro tipos:

La evaluación ex – ante: se realiza antes de comenzar con la ejecución del proyecto. Es la que comúnmente conocemos como estudio de factibilidad y que llevamos a cabo al finalizar la etapa conceptual o de formulación para decidir si ejecutaremos o no la acción.

Esta evaluación consiste en el desarrollo de tres estudios. El estudio de mercado que determina la oferta, demanda y precio del bien y/o servicio que vamos a producir con el proyecto, el estudio técnico que nos permite determinar si estamos en la capacidad, como organización, de generar dichos productos y por último el estudio económico – financiero cuyo resultado nos indica si nuestro proyecto genera rentabilidad, es decir sí sus resultados superan en valor a los costos asumidos para realizarlo.

La evaluación durante: Esta evaluación se desarrolla paralelamente a la ejecución del proyecto y está muy relacionada con las labores de seguimiento y control.

Evaluar el proyecto a medida que lo vamos ejecutando, nos permite constatar que las actividades se están desarrollando según lo que hemos planificado y están teniendo el impacto deseado. Además este tipo de evaluación cumple con la función importantísima de facilitar la adopción oportuna de rectificaciones en el caso de que las cosas no vayan según lo que hemos previsto.

La evaluación al final: como su nombre lo indica, se realiza al momento de cerrar con el proyecto y busca determinar si hemos cumplido o no con el objetivo general planteado y si este será sostenible en el futuro.

La evaluación ex – post: Esta evaluación se realiza un tiempo después de haber culminado con el proyecto, la mayoría de los expertos en estos temas recomiendan dejar pasar un lapso de entre tres y seis años, para que con esta evaluación podamos apreciar los impactos que el proyecto puede haber generado luego de su cierre.

La evaluación participativa

Mucho hemos hablado de lo importante que es la participación en el desarrollo de proyectos y la fase de evaluación, a pesar de que por su complejidad podemos llegar a pensar que es asunto de expertos, no escapa a esta realidad.

La evaluación participativa puede considerarse como la última generación en métodos de evaluación de proyectos, ya que incluye a los beneficiarios en el proceso de determinar si el proyecto cumple o no con los objetivos y causa el impacto o transformaciones esperadas en el mejoramiento de la calidad de vida.

Según esta metodología, son los beneficiarios del proyecto quienes realizan todas las labores de la evaluación, recopilando la información, analizándola, generando conclusiones y recomendaciones. La evaluación participativa nos permite involucrar a los actores del proyecto más allá de las etapas de identificación y formulación, genera un proceso de aprendizaje importantísimo que tiene como consecuencia el empoderamiento de los beneficiarios y además nos ayuda a conocer si el proyecto realmente cumplió con la expectativas de las personas hacia quienes iba dirigido.

Al final del día no existe un mejor evaluador que aquel que utilizará los bienes y/o servicios generados por el proyecto y cuya necesidad o problema será solventada con el desarrollo de la intervención. Son estas personas las que están mejor capacitadas para decir si el trabajo se hizo bien o no.