domingo, 20 de junio de 2010

¿Por qué pedir un préstamo para financiar mi proyecto?


Una de las decisiones más importantes que debe tomar un emprendedor o una gran corporación, a la hora de desarrollar un proyecto, es la que tiene que ver con la elección del origen de los fondos que utilizarán para financiar la iniciativa.

Como les comenté en uno de mis post anteriores, los fondos pueden provenir de dos fuentes: la interna y la externa. Es posible que contemos en nuestra cuenta bancaria con el dinero suficiente para financiar la totalidad o al menos una parte del proyecto o que por el contrario debamos acudir a una institución financiera para solicitar un crédito.

Ahora bien, cuál de estas opciones es la más acertada a la hora de decidir cómo financiar nuestro proyecto. Lo correcto es que combinemos ambas fuentes de financiamiento, es decir, que utilicemos parte de nuestros fondos y además solicitemos un crédito a alguna institución financiera. De repente ustedes se pregunten, ¿pero si tengo el suficiente dinero para llevar a cabo mi proyecto, por qué debo pedir prestado?

La razón es que debemos diversificar las fuentes de financiamiento para poder minimizar el riesgo asociado a los flujos de efectivo futuro que generará el proyecto, una vez que esté operativo.

Riesgo de flujo de efectivo futuro del proyecto

Como hemos comentado con anterioridad, los proyectos están ligados a una gran incertidumbre y a un sinnúmero de riesgos, debido a que son esfuerzos únicos e irrepetibles y no existe un manual que nos permita prever todas las posibles situaciones que se nos pueden presentar durante su desarrollo.

Uno de estos riesgos a los que nos enfrentamos es el que tiene que ver con el hecho de que cuando comercialicemos el producto de nuestro proyecto, su venta no genere la cantidad suficiente de dinero para que recuperemos nuestra inversión y además obtengamos una ganancia.

A pesar de que cuando comenzamos a ejecutar un proyecto, lo hacemos sustentados en un conjunto de estudios que nos permiten determinar el mercado para nuestro producto, nuestra capacidad técnica para desarrollarlo y la rentabilidad que obtendremos con nuestro proyecto, en la vida real no existe un 100% de garantía de que seremos exitosos y nuestro producto se venderá obteniendo los ingresos esperados.

Imaginemos entonces que decidimos realizar nuestro proyecto con los ahorros de toda nuestra vida y no acudir al financiamiento externo. Si fallamos, corremos el riesgo de perder todo nuestro capital y quedar en la ruina.

En cambio supongamos que decidimos colocar 40% de nuestros ahorros en el proyecto, pedir un préstamo bancario por el 30% y buscarnos un socio que aporte el 30% restante del capital necesario para invertir. El riesgo estaría repartido entre los tres inversionistas y no tendríamos que asumirlo nosotros en su totalidad. Para ponerlo en palabras más sencillas, no estaríamos colocando todos nuestros huevos en la misma cesta, corriendo el riesgo de que se caiga y no quede ninguno en buen estado.

Si utilizamos solo el 40% de nuestros ahorros para el proyecto, podremos destinar el 60% restante a otras inversiones como comprar divisas, acciones, mantener una cuenta bancaria, etc. Lo que nos generaría un rendimiento adicional al que esperamos recibir con el proyecto.

Se preguntarán entonces, cómo haríamos para pagar el crédito si no tenemos éxito con el proyecto, pues simplemente tendríamos otras fuentes de ingreso que en último caso nos permitirían hacer frente a nuestras obligaciones, por el contrario, usar solo fondos propios nos llevaría a perderlos todos en caso de fracasar.

Por supuesto que al combinar las fuentes de financiamiento,tendríamos que dividir las ganancias del proyecto con nuestro socio y utilizar una parte para cancelarle al banco el crédito y los intereses, pero, este sería el costo que asumiríamos para no correr nosotros con la totalidad del riesgo.

Cuando vamos a invertir nuestro dinero, bien sea para desarrollar un proyecto, idea de negocio o en alguna otra de las opciones que nos presenta el mercado, debemos recordar lo poco conveniente que es colocar todos nuestros fondos en una sola opción. En el caso de los proyectos la mejor idea es combinar nuestros fondos con financiamiento externo, de manera tal que podamos obtener una ganancia, menor a la esperada si utilizamos solo el financiamiento interno, pero corriendo un menor riesgo.