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El PMIEF® formación en gestión de proyectos para transformar la vida (3)


Finalizando la serie de artículos dedicada al El PMIEF® y a todas las posibilidades de formación que este ofrece, en lo que se refiere a gestión profesional de proyectos, en este post les comentaré sobre las oportunidades y recursos que existen para las organizaciones no gubernamentales, mejor conocidas como ONG’s. 

En su gran mayoría las ONG’s formulan y desarrollan proyectos sociales, aquellas iniciativas que generan productos y servicios como por ejemplo: la dotación de un sistema de agua potable o de alumbrado eléctrico para una comunidad que no cuenta con este, que están destinados, en muchos casos, a poblaciones objetivo desfavorecidas social y económicamente. 

La sensibilidad de este tipo de proyectos, de cuyo éxito en muchos casos depende la vida de quienes se benefician de ellos, convierte en una necesidad que sean gestionados utilizando las mejores prácticas posibles. En este sentido, y con el objetivo de “magnificar el poder de las ONG’s en el alcance de sus misiones a través de la aplicación del Project management” el PMIEF® ofrece, a través de su programa PM Capable, los siguientes recursos para organizaciones no gubernamentales:

1.- El PMIEF® ofrece a las ONG’s una gran cantidad de recursos en línea, que pueden ser descargados sin ningún costo, para ayudar a que la gestión de los proyectos de estas organizaciones sea más efectiva y eficiente, enfocados principal, más no exclusivamente, en aquellas ONG’s cuya línea de acción está orientada a esfuerzos de reconstrucción luego de desastres naturales. Para más información al respecto les dejo el enlace https://pmief.org/library/resources?filter=A-083F2

2.- El PMIEF® también cuenta con un conjunto de becas para la formación, en gestión de proyectos, de los profesionales que trabajan o forman parte de ONG’s. Para más información les dejo el enlace  https://pmief.org/scholarships/professional-development-scholarships

3.- A través del PMIEF® las ONG’s también cuentan con la posibilidad de obtener financiamiento para programas de formación en gestión de proyectos para el staff de la organización, entendiendo el valor del Project management como una solución de negocio. Más información en este enlace https://pmief.org/our-purpose/pm-capable-nonprofits-and-ngos/pm-capable-nonprofits-and-ngos-grantmaking

En general, los proyectos sociales llevados a cabo por ONG’s son financiados con fondos de terceros, organizaciones multilaterales, bancos de desarrollo, etc., que en muchos casos exigen, para llevar el control del uso del financiamiento, que las iniciativas sean formuladas utilizando metodologías como el marco lógico. En mi experiencia esto tiende a causar una especie de corto circuito en las organizaciones, ya que en muchos casos no entienden como integrar metodologías como el ML con el marco de trabajo del PMI®, en mi opinión, más allá de llegar a un acuerdo con los términos, ambos enfoques son perfectamente compatibles y complementarios, pero, sobre este tema escribiré un próximo artículo. 

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Fuente: sitio web del PMIEF®: www.pmief.org

Los Proyectos de Desarrollo y el Capital Social

Una de las ventajas que tiene el marco lógico, como metodología utilizada para la formulación de proyectos para el desarrollo, es que a través de la participación incentiva la creación y el fortalecimiento del capital social.

El capital social es una variable económica definida como las relaciones, basadas en la confianza, que se establecen entre individuos dentro de una sociedad. Dichos lazos son necesarios para superar la pobreza, a través de la acción solidaria del colectivo.

El Estado, a través de las políticas públicas, es el encargado de dirigir la provisión de bienes y servicios orientados a la satisfacción de las necesidades de cada uno de los colectivos que conforman una sociedad. Este proceso de asignación de recursos en muchos casos es capturado por aquellos grupos que gozan de altos niveles de capital social (organización y capacidad de acción) lo que les permite un mayor acceso a los centros de tomas de decisiones.

Estos grupos altamente concentrados, con poder económico e influencia se quedan entonces con un mayor porcentaje en la distribución de la riqueza, afectando a los más pobres, quienes por ser un grupo atomizado, con poca organización y recursos, terminan recibiendo menos de lo que les permitiría satisfacer sus necesidades y ser tratados de manera justa y equitativa. Esta dinámica de desigualdad se presenta en toda Latinoamérica, donde el grueso de la riqueza, convertida en servicios de calidad como salud, educación, infraestructura y seguridad, es privilegio de unos pocos, que en muchos casos no superan el 10% de la población total.

En este contexto, los proyectos para el desarrollo, formulados a través de la participación, se convierten en una oportunidad para que los más necesitados se organicen y actúen, convirtiéndose en agentes del cambio de sus realidades.

A través del marco lógico y la participación en la identificación de problemas comunes y la formulación de soluciones que promuevan el bienestar colectivo, por encima del individual, los miembros de las comunidades van tejiendo relaciones de confianza, se van empoderando y preparándose para la acción. Esta adquisición y fortalecimiento del capital social es fundamental para influenciar a los que toman las decisiones y balancear la distribución de la riqueza, haciendo de esta un proceso más justo e igualitario.





El proyecto como un camino para la transformación

Más allá de la definición común de proyectos que se encuentra en los libros relacionados a este tema y que los presenta como  esfuerzos únicos, destinados a satisfacer necesidades, asociados a un costo, tiempo y calidad determinados, también resulta adecuado definirlos como oportunidades para transformar situaciones y crear bienestar colectivo e individual.

Independientemente del tipo de proyecto a que se haga referencia, social o privado, su fin último es mejorar la calidad de vida de un conjunto de seres humanos, a través de la creación y provisión de bienes y servicios, cuyo uso permitan pasar de un estado de carencia a otro, donde esta ha desaparecido.

Por lo general, cuando se habla de proyectos sociales y privados, se tiende rápidamente a identificarlos con bienestar social y rendimiento financiero respectivamente. Existe la creencia bastante extendida, de que los proyectos privados o de inversión, solo cumplen con la función de generar ganancias para aquellos que lo promueven y desarrollan. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad, y sin temor a equivocarnos, podría decirse que todos los proyectos son de carácter social.

Supóngase por un momento que un emprendedor decide desarrollar un proyecto de inversión[1] que consiste en una microempresa de pastelería, luego de detectar en su comunidad, que la mayoría de sus vecinos deben cancelar altas sumas de dinero por un pastel, además de tener que trasladarse a otros lugares porque no existen pastelerías cercanas.

Para hacer realidad su proyecto este emprendedor invierte sus ahorros y espera obtener un rendimiento por dicha inversión. Al realizar los cálculos decide que el precio del pastel estará por debajo del que pagan actualmente sus vecinos, agregándole el hecho de que ya estos no tendrán que trasladarse para obtener estos productos.

Los miembros de la comunidad podrán entonces acceder a un bien, en este caso pasteles, de buena calidad a menor costo y no tendrán que caminar grandes distancias para ello. Esto definitivamente se traduce en una mejora en el bienestar social y en rendimiento financiero para el emprendedor.

Este ejemplo permite observar cómo un proyecto privado impacta en la sociedad mejorando las condiciones de vida de las personas. En el caso que este emprendedor contratara personal para su pastelería, pagará impuestos, generará empleo y riqueza que contribuirá también con el bienestar de la sociedad.

Identificar la contribución al colectivo de los proyectos de desarrollo es mucho más sencillo, ya que los bienes que producen, son de carácter público como sistemas de electrificación, acueductos, calles asfaltadas, colegios, etc.

Como puede verse en ambos casos, los proyectos tienen una vocación e impacto social innegables. Invertir en un proyecto pensando solo en el rendimiento que se obtendrá es un error común, que por lo general, tiene como resultado el fracaso del esfuerzo.

Así como los proyectos de inversión son relacionados inmediatamente a las ganancias o retorno financiero, existe también la creencia de que los proyectos sociales no necesitan  ser rentables para justificar su ejecución. Esta idea es errónea. Los proyectos de este tipo deben generar beneficios superiores a los costos en que se incurre para llevarlos adelante, garantizando el uso eficiente de los recursos. De lo contrario, se estarían dejando de lado mejores oportunidades para la creación de bienestar.

Se puede decir entonces, que la diferencia entre los proyectos de desarrollo e inversión, no está en el carácter social de ambos tipos de iniciativa, si no en el tipo de bienes que producen y en la manera en cómo se contabiliza el beneficio.

En el caso de los proyectos de desarrollo, se producen bienes que podrían considerarse de carácter públicos,[2] que no están destinados a ser vendidos en el mercado. Para determinar el beneficio, no solo se toma en cuenta la dimensión financiera, si no además las mejoras en el bienestar. Por ejemplo, el tiempo que se ahorrarían las personas en llegar a sus trabajos si se construye una carretera en su comunidad, o la mejora en la calidad de vida por suplir con luz eléctrica algún poblado.

Los proyectos de inversión por su parte producen bienes privados que están destinados al mercado y su beneficio es simplificado por la rentabilidad financiera obtenida, aunque como se comentó con anterioridad este tiene dimensiones de carácter social mucho más profundas.

Características de los proyectos de desarrollo

Además del hecho de que los proyectos de desarrollo producen por lo general bienes públicos y las ganancias que generan deben ser superiores a los costos, existen otros elementos que caracterizan a este tipo de iniciativas.

Uno de ellos es la participación activa de los stakeholders involucrados durante las fases del proyecto. La participación y el logro de acuerdos entre los actores, incluidos los beneficiarios y demás grupos de interés, son fundamentales para que la intervención alcance los objetivos planteados y sea exitosa.

En la formulación, ejecución y evaluación de los proyectos sociales, los beneficiarios se convierten en los principales aliados del equipo de proyecto. El antiguo rol de fuente de información pasiva que estos jugaban se ha transformado y los ha convertido, como es lógico, en los protagonistas de la intervención. El involucrar a los beneficiarios permite, que el diagnóstico de las necesidades y la elección de las soluciones sea mucho más certera, además de contar con un equipo promotor del proyecto que lo defenderá ante cualquier imprevisto, y será el principal evaluador de los resultados que se vayan obteniendo a lo largo de la ejecución.

El otro elemento característico es el que tiene que ver con la sostenibilidad. Los proyectos de desarrollo deben ser capaces de seguir generando beneficios una vez haya culminado la intervención. Esta característica está muy relacionada con la participación y la transferencia de conocimiento que pueda generarse durante el tránsito por todas las fases del proyecto.

Involucrar a los beneficiarios permite que el resultado obtenido por la ejecución del proyecto sea un logro participativo, en el cual las opiniones de los usuarios finales de los bienes, y/o servicios producidos, serán tomadas en cuenta. Esto crea un sentido de pertenencia en los beneficiarios con respecto al proyecto y garantiza en gran medida que estos utilicen los productos más allá del cierre de la intervención, generando bienestar en el largo plazo.

La sostenibilidad de un proyecto de desarrollo es un elemento de extrema importancia, debido a que las problemáticas que son atendidas por este tipo de esfuerzos, son bastante complejas y es muy difícil que pueda observarse un cambio en el corto o mediano plazo. Si por ejemplo el proyecto tiene como objetivo incrementar el índice de niños en edad escolar que reciben educación en determinado lugar y para este fin se construye una escuela, el día del cierre del proyecto la escuela estará edificada y lista para operar, pero, solo en el largo plazo se podrá constatar el aumento en el índice de escolaridad.

La participación de los beneficiarios juega un papel fundamental en la sostenibilidad del proyecto, y en la capacidad que este tenga para realmente cumplir con su objetivo último, que es la transformación. Ignorar la opinión de estos agentes o actores, simplemente expone la intervención, a riesgos que de materializarse, la harían fracasar. Si a los niños del ejemplo anterior y a sus familiares, no se les involucra en el proyecto desde sus inicios, nada garantizará que ellos utilicen los servicios creados y asistan a la escuela.

La transferencia de conocimiento, considerada por La Agencia Alemana de Cooperación Técnica para el Desarrollo (GTZ), como “la tarea principal” cuando se emprenden proyectos sociales, también es una consecuencia de la participación y un elemento necesario para que el proyecto sea sostenible.

Todo proyecto es un proceso de aprendizaje, donde el conocimiento debe ser transferido, desde quienes lo gestionan, hacia los beneficiarios y viceversa. Una vez que se culmina con la intervención, aquellos hacia quienes fue dirigida, deben ser capaces de hacer uso de los productos obtenidos sin la intermediación de alguien más, además de haber adquirido destrezas sobre cómo gestionar un proyecto. Esto redefine el papel del “experto”, quien se convierte en un facilitador en el proceso de empoderamiento de los beneficiarios, cediendo a estos el rol protagónico y las herramientas para que puedan gestionar eficiente y efectivamente los resultados del proyecto en el largo plazo.

Todos estos elementos convierten al proyecto social o de desarrollo, no solo en un camino para la solución de un problema o necesidad particular, sino además en una oportunidad para fomentar la organización, participación y aprendizaje de personas que por lo general se encuentran en estados de pobreza y marginalidad. He aquí donde está el carácter realmente transformador de este tipo de iniciativas, que permiten a un conjunto de personas mejorar su calidad de vida, no solo por la provisión de un bien o servicio, si no por el aprendizaje y la capacidad organizativa obtenida para diagnosticar sus problemas y ejecutar acciones en busca de una solución que beneficie al colectivo.

Este texto forma parte del manual de formulación de proyectos sociales que he estado escribiendo en los últimos meses, espero que sea del agrado de todos los lectores de este blog, pronto estaré presentando el material completo. 




[1] En este libro se utilizarán indiferentemente los términos privado o de inversión para hacer referencia a los proyectos que generan bienes y servicios destinados a la venta en el mercado
[2] Bienes públicos son aquellos que cumplen con las características de no rivalidad: el hecho de que el bien este siendo utilizado por alguien no implica que no pueda ser utilizado por los demás como por ejemplo la luz eléctrica. No exclusión, una vez provisto el bien no puede excluirse a las personas para que no lo utilicen. Los bienes públicos también pueden ser definidos como aquellos provistos por los gobiernos. 

Sostenibilidad de proyectos de desarrollo, la clave para lograr una verdadera transformación

Todo proyecto responde a un ciclo de vida que culmina una vez que se han generado los bienes y servicios que nos permiten dar por alcanzado el objetivo general del esfuerzo. Sin embargo, cuando desarrollamos proyectos sociales o de desarrollo esperamos que estos sigan generando bienestar mucho tiempo después de su culminación.

Al salir del ámbito o lugar geográfico donde se desarrolló la intervención, el equipo de proyecto no solo debe haber garantizado el cumplimiento de todas las actividades, dentro de los costos, el tiempo y la calidad previstos, sino que además debe haber creado las bases para que se alcance el fin del proyecto, ese objetivo a muy largo plazo que permite constatar la transformación de la realidad y la satisfacción de las necesidades.

Esta característica que deben poseer los proyectos de desarrollo se conoce como sostenibilidad y se define como la capacidad de seguir generando frutos en el muy largo plazo. Un ejemplo nos ayudará a comprender mejor de que se trata.

Hace unos años participé en la evaluación de un proyecto cuya finalidad era disminuir la incidencia de la fiebre amarilla en una región rural del oriente venezolano. Para tal fin se desarrolló una campaña educativa que buscaba enseñar técnicas adecuadas para la recolección y almacenaje del agua en las viviendas y se dotó a cada familia de mosquiteros y bidones con tapa para evitar la proliferación del mosquito transmisor de la enfermedad, además se construyó un espacio para el depósito adecuado de los desperdicios sólidos, ya que los miembros de la comunidad los arrojaban a un rio muy cercano a la población.

El proyecto tuvo una duración de año y medio y al finalizar se habían realizado los talleres planificados, cada una de las familias contaba con sus mosquiteros y bidones y se había construido el depósito para los desperdicios. Con esto podía darse por cumplido el objetivo general del proyecto, pero, ¿el haber creado los bienes y servicios previstos, garantizaba qué realmente se generaría un cambio que nos permitiera transitar de la situación inicial a la deseada?, definitivamente no.

El lograr la disminución de los casos de fiebre amarilla dependería del uso que los pobladores darían a la información, materiales y obras recibidas. Si las familias decidían mantener las técnicas inadecuadas de almacenaje del agua, no usaban los mosquiteros y seguían lanzando desperdicios al rio, no se evidenciaría cambio alguno al pasar de los años y el proyecto no podría considerarse sostenible.

Las claves de la sostenibilidad

En mi opinión existen dos elementos fundamentales para garantizar que un proyecto sea sostenible y permita alcanzar el estado de bienestar deseado. En primer lugar la participación de los beneficiarios durante el desarrollo del proyecto y en segundo lugar la transferencia de conocimiento.

Mucho hemos conversado sobre la conveniencia de incluir a los futuros beneficiarios en todas las fases del ciclo de vida del proyecto, desde la identificación hasta las labores de seguimiento y control. De esta manera se logra establecer un vínculo de pertenencia entre los beneficiarios y la intervención.

Al participar activamente en el diagnóstico de sus problemáticas y la búsqueda de soluciones, los beneficiarios siente al proyecto como suyo y las probabilidades de que sigan utilizando los bienes y servicios generados, una vez que este haya culminado, son mucho mayores que en el caso de que la participación no haya sido tomada en cuenta.

Volviendo a nuestro ejemplo, seguramente la inclinación de los pobladores a utilizar los bidones con tapa para almacenar el agua según el conocimiento adquirido, los mosquiteros y el depósito de basura fue directamente proporcional al nivel de participación de estos en el diagnóstico de los problemas y la formulación de estas soluciones.

El otro punto fundamental es la transferencia de conocimiento, la cual según La Agencia Alemana de Cooperación Técnica para el Desarrollo (GTZ), es “la tarea principal” cuando se emprenden proyectos o planes en función de lograr el desarrollo.

Una vez que ha culminado el proyecto los beneficiarios deben ser capaces de utilizar adecuadamente los bienes y servicios generados por el proyecto sin la necesidad de acudir a terceros, además, al haber participado durante el desarrollo de la intervención también deberían estar en la capacidad de diagnosticar y resolver los problemas que surjan luego de la salida del equipo de proyectos.

La transferencia de conocimiento redefine el rol de los “expertos” en el desarrollo de proyectos, convirtiéndolos en facilitadores que en algún momento serán prescindibles para que la intervención siga funcionando. De esta manera se empodera a las personas para que sean capaces de tomar las decisiones necesarias para liderar el cambio que su comunidad necesite en un momento determinado.

El marco lógico ¿un método sencillo para la formulación de proyectos sociales?



Hace un par de semanas estuve dictando un taller de formulación de proyectos con la metodología de marco lógico, la actividad consistió en explicar los conceptos y definiciones del método y luego se realizó una práctica donde los asistentes se pasearon por toda la fase de identificación y formulación. En el taller se simuló, en base a un caso de estudio, la dinámica que se presenta a la hora de desarrollar una intervención social en una comunidad con la finalidad de solucionar algún problema.

Los participantes realizaron la identificación de actores, la lluvia de ideas para determinar las problemáticas sociales, construyeron los árboles de problemas y objetivos y desarrollaron la matriz de marco lógico. Durante la actividad, se llegó a una conclusión que desmitifica al método de marco lógico, veamos de qué se trata.

Existe un acuerdo general que identifica al marco lógico como una herramienta sencilla para la formulación de proyectos sociales. Esta consideración está basada en varios aspectos: en primer lugar la terminología que se utiliza dentro del uso de la metodología, el hecho de ser secuencial y mostrarnos paso a paso lo que debemos hacer para cumplir con el objetivo planteado, el uso de la matriz como herramienta gráfica del proyecto y el hecho de que sea un método participativo, donde los propios beneficiarios determinan los problemas a ser resueltos y el camino a tomar para ello. Por otro lado, algunos más simplistas consideran que formular proyectos con marco lógico consiste solo en completar la matriz, dejando de lado todo el trabajo que hay que realizar para poder obtener ese resultado.

Como muy bien pudieron constatar los participantes en el taller, es en todo el trabajo previo que debemos realizar para poder rellenar la matriz donde el marco lógico se convierte en un método complejo, dado que todas las actividades se desarrollan a través de la participación y el logro de consenso entre los involucrados. Imaginémonos por un momento cómo sería esta dinámica en una comunidad de 100 personas interactuando con el equipo de proyecto, los financistas, la empresa privada, los entes del Estado, etc., cada uno de ellos tratando de hacer valer sus intereses y puntos de vista. Para comentarles la experiencia del taller, allí trabajamos en pequeños grupos conformados por seis personas cada uno y fue bastante laborioso poder alcanzar un acuerdo sobre temas tan simples como la redacción de un problema, hasta asuntos un poco más complejos como la elección de la alternativa o camino a seguir para alcanzar los objetivos.

Es aquí donde se desmitifica un poco al marco lógico, ya que la dinámica social que debe desarrollarse para poder llegar a la formulación del proyecto es extremadamente compleja. Para poder elegir los problemas y las soluciones con el consenso de los participantes de una manera eficiente, debemos hacer frente a múltiples intereses individuales y de grupo. El ejemplo más común de esta situación es una reunión en una junta de vecinos, donde Juan que vive en el piso tres está interesado en que se coloque un bombillo en su pasillo, sin embargo el problema más importante es el desperfecto en los ascensores, pero como a él no le afecta porque usa la escaleras, tratará de imponer a toda costa su punto de vista.

Para romper con este tipo de situaciones, durante la etapa de identificación utilizamos herramientas como matrices ponderadas para elegir alternativas, el anonimato para expresar ideas, las dinámicas por consenso, entre otras. De esta manera tratamos de evitar la captura de estos procesos de elección por parte de grupos cuyos intereses no estén alineados con los de la mayoría de los afectados.

Otra herramienta que considero de vital importancia para hacer un poco más sencillo este proceso es la capacidad que tenga el equipo de proyecto de convertirse en un comunicador de todo el esfuerzo que se pretende llevar adelante, ser el mediador entre los distintos intereses presentes dentro del proyecto y ganar voluntades en función de que este se desarrolle. El equipo de proyecto debe estar conformado por profesionales que además de poseer el conocimiento técnico necesario, cuenten con habilidades de liderazgo, comunicación efectiva y sepan “vender” el proyecto a todos los actores involucrados.

En conclusión, puede que el marco lógico sea un método sencillo si nuestro acercamiento a él ha sido desde la academia y los libros, pero, cuando nos enfrentamos a la práctica nos damos cuenta de lo efímero que puede ser este calificativo, debido a que al final del día trabajamos con personas y organizaciones con intereses distintos.

En un mundo ideal los seres humanos entenderíamos que independientemente de la necesidad atendida en nuestra comunidad o sociedad, la solución iría en función del bienestar de todos. En este escenario el marco lógico sería un método sencillo, donde el logro de acuerdos sería inmediato. En el mundo real debemos trabajar arduamente para poder conciliar intereses y puntos de vista, aún no hemos sido capaces de comprender que de nada vale estar bien individualmente si nuestro colectivo, entorno o sociedad no lo está.

El monitoreo y evaluación participativa de proyectos de desarrollo, qué elementos debemos tener en cuenta


Hace un par de semanas recorriendo una de mis librerías favoritas aquí en Caracas, me tope con un libro que no vacilé en comprar. Es una publicación del Banco Mundial, titulada “La participación y evaluación social, herramientas y técnicas” compilado por Deepa Narayan y Jennifer Rietbergen.

El libro, una combinación de material teórico y práctico en lo referente a la metodología para realizar el diagnóstico situacional y monitoreo y evaluación de un proyecto de desarrollo, con la participación de los actores involucrados, contiene herramientas muy sencillas y útiles para todos aquellos que estamos involucrados en este tipo de esfuerzos. A continuación comparto y comento con ustedes un poco de los elementos que según esta publicación debemos tener en cuenta a la hora de monitorear y evaluar un proyecto de desarrollo.

El monitoreo y la evaluación participativa

La definición que le dan en este libro a los procesos de monitoreo y evaluación participativa vale la pena que la citemos textualmente: “Son procesos colaborativos que involucran a actores de diferentes niveles en un trabajo conjunto, para evaluar un proyecto o política y tomar alguna acción correctiva que sea requerida”.

El monitoreo y la evaluación participativa de proyectos, son dos procesos distintos, el monitoreo se realiza a lo largo del proyecto y la evaluación en momentos específicos de este, sin embargo, tendemos a confundirlos en una sola actividad, porque ambos están enfocados en los mismos cuatro elementos fundamentales:

- La participación activa de la población local, quienes dejan de ser solo una fuente de información.

- El cambio de roles donde los actores evalúan el proyecto y los outsiders (asesores y auditores externos) fungen como facilitadores.

- La capacitación de los actores para el análisis y resolución de problemas.

- La construcción de compromiso para la implementación de las acciones correctivas.

Como ya hemos conversado con anterioridad, la participación de los actores durante todas las etapas de un proyecto de desarrollo es vital para que este genere los resultados esperados. En particular, durante el monitoreo y evaluación del proyecto, los actores se convierten en los principales auditores, haciendo seguimiento al cumplimiento de las actividades y logro de resultados y proponiendo e implementando acciones correctivas para solucionar alguna desviación que pueda haberse presentado.

Como resultado de la inclusión de los actores en el monitoreo y evaluación del proyecto, se genera un aprendizaje o “empoderamiento”, ya que son ellos quienes, con la ayuda de los consultores y asesores externos, diseñan los mecanismos y técnicas para recolectar y analizar la información obtenida durante el proceso, además de ser los responsables de sacar las conclusiones y diseñar los posibles planes correctivos. Al ser estos planes producto de su trabajo, los actores se comprometen más con la implementación, convirtiéndose en los garantes de que sus recomendaciones sean tomadas en cuenta y puestas en práctica.

Qué actores deben participar en el proceso de monitoreo y evaluación

Los actores que deben involucrarse en el proceso de monitoreo, son aquellos que consideremos como piezas clave para el desarrollo del proyecto:
En primera instancia debemos incluir a los beneficiarios o usuarios finales de los bienes y servicios que serán creados por el proyecto, ¿quién mejor que ellos para corroborar que el proyecto está cumpliendo con los objetivos y solucionando las necesidades que le dieron origen?

También debemos tomar en cuenta a las ONG’s u organizaciones no gubernamentales, empresas privadas y distintos niveles de gobierno (municipal, estadal, central) que estén vinculados con el proyecto.

Los miembros de todos estos grupos participantes, eligen a unos cuantos representantes que conformarán el comité o grupo de facilitadores que será entrenado para realizar las labores de monitoreo y evaluación del proyecto.

Cómo se realiza el monitoreo y la evaluación participativa, paso por paso

El proceso de monitoreo y de evaluación participativa puede dividirse en cuatro etapas:

1.- Preparación: En esta etapa se planifica todo lo necesario para desarrollar el monitoreo y evaluación participativa:

- Se toman decisiones con respecto a la necesidad de realizar un monitoreo y evaluación participativa del proyecto.

- Se determinan los costos y el tiempo disponible.

- Se identifica un líder para facilitar el proceso de monitoreo y evaluación. Por lo general esta persona debe tener alguna experiencia en las ciencias sociales y en el manejo de técnicas cualitativas y participativas y dinámicas de grupo. Además debe sentirse cómodo con el rol de facilitador más que como un experto.

- Se determinan los términos de referencia, incluyendo la metodología que se utilizará para recolectar y analizar la información y cuáles serán los tópicos que se cubrirán en el proceso.

- Se entrena al equipo de facilitadores del monitoreo y evaluación.

2.- Evaluación participativa, auto evaluación y análisis: en esta fase se combinan el trabajo de campo para recolectar información, con las reuniones de análisis donde el equipo de facilitadores estudia la información recolectada y establece las conclusiones respectivas.

3.- Plan de acción: Una vez que se obtienen las conclusiones, se desarrolla y ejecuta el plan de acción para corregir las posibles fallas que se hayan presentado durante la ejecución del proyecto.

4.- Por último, los resultados del proceso son publicados y diseminados para que todos los actores involucrados en el proyecto tengan acceso a la información. Esta publicación de los resultados se puede realizar a través de presentaciones a los miembros de la comunidad, del equipo de proyecto o de los niveles de gobierno involucrados, también pueden utilizarse informes o reportes, videos, fotografías y cualquier otro medio de comunicación.

En el monitoreo y evaluación participativa, los actores dejan de ser fuentes de información para convertirse en los protagonistas de todo el proceso, como vimos anteriormente esto les permite aprender e involucrarse más con las actividades del proyecto, creando un vínculo de responsabilidad y compromiso con el buen desempeño y el logro de los resultados.

Si quieren ahondar en el tema les dejo este link, donde encontrarán la publicación en inglés, les recomiendo ampliamente que la revisen.

http://info.worldbank.org/etools/docs/library/238582/toolkit.pdf

Fuente consultada: Participation and social assessment, tools and techniques. Compilado por Jennifer Rietbergen – McCracken y Deepa Narayan. Banco Mundial 1998.

Los proyectos sociales: una oportunidad para fomentar la organización participativa


Cada proyecto es una oportunidad para la transformación, para cambiar situaciones y definitivamente mejorar la calidad de vida de las personas. Todos los proyectos, tanto los que son privados como los que no, cumplen con esta característica, comienzan en un punto A y terminan en un punto B en el cual la situación inicial ha cambiado, durante el proceso se transforman recursos, se generan bienes y servicios, se crea riqueza y bienestar.

Ahora bien, en mi opinión, son los proyectos sociales o de desarrollo los que maximizan ese poder transformador. Ya que es a través de estos que se atienden las necesidades de aquellas personas que por lo general están excluidas y viven en situación de pobreza. Estos proyectos generan escuelas, programas de salud para la contención de enfermedades graves, infraestructura para que los campesinos puedan acceder a los mercados y vender sus productos, sistemas de agua potable, sistemas de electrificación, etc. Imaginemos solo por un momento el cambio que sufriría la vida de un conjunto de personas que viven sin luz eléctrica y de repente se les dota con esta, sus actividades diarias no tendrían que acabar con la caída del sol, el simple hecho de que tal vez algunos de ellos puedan leer un libro antes de dormir ya es un cambio sustancial.

Sin embargo, la importancia de los proyectos sociales va mucho más allá de los bienes y servicios que crea, a través de ellos se puede incentivar la organización y participación de las personas y esto definitivamente es mucho más poderos y significativo que una escuela o un sistema de tuberías.

El problema de la pobreza es en gran medida un problema de desorganización y poca participación de los pobres en los procesos de toma de decisiones, esto permite que bienes y servicios que van dirigidos a los más necesitados terminen en manos de aquellos que tienen mayor poder adquisitivo. Para evitar esto los pobres deberían organizarse y actuar para garantizar que las políticas gubernamentales orientadas a satisfacer sus necesidades no sean capturadas por otros grupos sociales, cuya situación económica es más favorable.

Un ejemplo de esta situación lo constituye el subsidio a la gasolina que se aplica en Venezuela, cuando lo analizamos nos damos cuenta de que los que se favorecen son las personas que tienen vehículos particulares y no aquellos que utilizan el servicio de transporte público, esta conclusión la obtenemos de manera sencilla, supongamos que el subsidio es de 15 bolívares el litro, la persona que tienen un vehículo particular aprovecha completamente esta subvención ya que tiene un ahorro de 15 bolívares por litro de gasolina que consume, mientras que aquellos quienes utilizan el transporte público deben compartir estos 15 bolívares con todas aquellas personas que lo acompañan en su viaje, al final del día los más pobres terminan recibiendo o ahorrando solo una fracción de un subsidio creado para favorecerlos y aquellos que tienen dinero suficiente para comprar un vehículo particular terminan aprovechando lo que se creó para ayudar a los menos favorecidos.

He aquí entonces una de las claves para combatir la pobreza, la organización o lo que se conoce como capital social, y los proyectos de desarrollo son definitivamente una oportunidad para incentivar su creación o potenciarlo de manera tal que los más pobres estén en la capacidad de actuar como un bloque, presionando a los que toman las decisiones, para que satisfagan sus necesidades.

Cómo un proyecto puede crear capital social, muy sencillo, a través de la participación de todos aquellos que serán de una u otra manera beneficiados por la intervención en cada una de las etapas del proyecto, desde la identificación hasta la evaluación de los resultados.

Involucrar a los miembros de la comunidad de manera activa en el desarrollo del proyecto, permite que sean los afectados por el problema que se desea resolver quienes lo identifiquen y formulen las posibles soluciones. Esto los convierte en protagonistas del proceso y además garantiza que la orientación del proyecto será la correcta, en función de satisfacer las necesidades existentes.

Por otra parte, al participar como comunidad en el desarrollo del proyecto, los individuos se dan cuenta de la fortaleza que tiene como grupo para resolver situaciones que los afectan en mayor o menor medida a todos. Otro elemento fundamental es que al ser el proyecto el producto de un trabajo conjunto cada uno de los miembros de la comunidad será garante de que los resultados alcanzados sean aquellos que se esperan, siendo los principales evaluadores del proyecto.

En conclusión una comunidad que se organiza no solo es capaz de reconocer sus necesidades y elegir, con el consenso de sus miembros, cual es el camino a seguir para satisfacerlas, sino que además son capaces de ejercer la vigilancia necesaria para garantizar que los objetivos de la intervención se cumplan.

De esta manera los proyectos se convierten en un punto de encuentro para que los miembros de una comunidad, alcanzando acuerdos y trabajando mancomunadamente, concienticen el poder que tienen cuando actúan en conjunto y de manera organizada.

En los países en desarrollo los pobres representan entre un 60 y un 80% de la población, si estás personas estuvieran organizadas y participaran activamente en los procesos de toma de decisiones, definitivamente las políticas públicas estarían orientadas a satisfacer sus necesidades, o es qué a caso los políticos serían capaces de desestimar el voto de una cantidad tan grande de personas. Si en los países en desarrollo los pobres estuvieran organizados para la participación simplemente no existiría la pobreza y la desigualdad se reduciría considerablemente.