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¿Agilidad en proyectos de desarrollo?




Los proyectos de desarrollo, aquellos que buscan mejorar las condiciones socio – económicas de un conjunto de seres humanos, por lo general son iniciativas muy complejas cuya ejecución implica mucho tiempo y cuyos resultados son observables en el largo plazo. Esto significa un gran reto para quienes gestionan este tipo de proyectos ya que la exposición al riesgo es mayor y es probable que en el camino los beneficiarios, por solo nombrar a los actores más importantes, pierdan el ánimo, vean sus expectativas defraudadas y dejen de participar.

Hace unos años Nadim F. Matta y Ronald Ashkenas en su artículo para Harvard Business ReviewPor qué los buenos proyectos fallan de todos modos” nos proponían un enfoque que nos permitía alcanzar lo que algunos llaman “victorias tempranas” o en otras palabras entregar valor en el corto plazo a través de la gestión de “iniciativas de rápido resultado”, componentes del proyecto o micro – proyectos gestionados por “equipos orientados al logro de metas” introducidos verticalmente en la iniciativa. Especies de fuerzas de tarea con la responsabilidad de ir desarrollando productos capaces de ser utilizados por sí solos y que fuesen agregando a la consecución del objetivo final y el propósito del proyecto.

El Banco Interamericano de Desarrollo BID recientemente nos ha presentado PM4R AGILE, una metodología que adapta SCRUM a proyectos de desarrollo, definida como “un método iterativo e incremental de gestionar actividades de forma muy flexible e interactiva” y cuyo objetivo es entregar valor lo más rápido posible a los beneficiarios.

Esta metodología, cuya guía fue revisada y editada en el año 2019, agrega a los ya conocidos pilares de SCRUM, transparencia, inspección y adaptación, el compromiso con el resultado, que busca que los miembros del equipo, y este como un todo, se apropien de la meta y hagan todo lo posible por lograrla.

Al igual que el marco de trabajo SCRUM, PM4R AGILE cuenta con un conjunto de elementos: roles, herramientas (artefactos) y actividades (ceremonias). Los roles son:

El patrocinador del proyecto, el dueño del producto, el súper líder ágil, el líder ágil y el equipo de desarrollo.

El súper líder ágil, según la guía, es quien coordina a los líderes ágiles, quienes fungen como especie de SCRUM Master, y resuelve los problemas e impedimentos que tiene cada equipo. Además de procurar asistencia con respecto a los recursos y la autorización del trabajo y es el enlace entre los equipos, el dueño del producto y el patrocinador del proyecto.

Las herramientas de la metodología son la lista de trabajos priorizada (product backlog), el plan PM4R AGILE (sprint backlogs), el sprint y los incrementos.

Y por último las actividades, que coinciden con los 5 pasos de PM4R AGILE:

Paso 1: Analizar los elementos existentes de la fase de planificación del proyecto, como la EDT, el cronograma y la curva S, además del plan operativo. De este primer paso emerge lo que en la metodología se llama la EDT mejorada, en la que se identifican los componentes susceptibles a ser gestionados ágilmente.

Paso 2: Se seleccionan los trabajos prioritarios de la EDT y se confecciona la lista de trabajo priorizada. Este orden se realiza tomando en cuenta la importancia, la criticidad y lo alcanzable que pueda ser el resultado en el corto plazo.

Paso 3: Se desarrolla el plan PM4R AGILE que consiste en planificar, por sugerencia de la guía, 6 sprints de 2 semanas cada uno y organizar el trabajo a realizar en estos time boxes.

Paso 4: Se realiza la auto – asignación participativa de las responsabilidades donde cada miembro del equipo elige de qué se hará cargo en el proceso de desarrollo y se obtiene el plan PM4R AGILE con la asignación de las responsabilidades.

Paso 5: Y, por último, se implementa el plan PM4R AGILE, desarrollando los sprints y realizando una revisión del sprint y una retrospectiva al final de cada ciclo de trabajo. Lo que no me quedo claro a este respecto, con la lectura de la guía, es si se realizan las reuniones diarias y de refinamiento.

Habría que ver esta metodología en acción para poder juzgar su efectividad, conocer qué tipo de componentes pueden gestionarse ágilmente, cómo lidiar con la multiplicidad de actores de diferentes índoles que interactúan en iniciativas de desarrollo, cómo se gestiona el cambio y el costo asociado, en fin, son más las preguntas que las respuestas las que se me vienen a la cabeza.

Lo que sí me parece relevante, es la búsqueda de nuevas maneras de trabajo que nos permitan entregar valor lo más rápido posible, y más en el contexto de los proyectos de desarrollo, donde, parafraseando a Keynes, “en el largo plazo los beneficiarios podrían estar todos muertos”

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¿Cuál es la diferencia entre un proyecto de desarrollo y uno de inversión privada?




Según el BID los proyectos de desarrollo son aquellos cuyo foco es “la obtención de resultados concretos que permiten impulsar el desarrollo socioeconómico de un país o región” caracterizándose por:

             Contar con una diversidad de interesados
       Ser sostenibles en el tiempo
       Buscar un retorno social

En pocas palabras, los proyectos de desarrollo impactan, positiva y/o negativamente, a un gran conjunto actores y deben ser capaces de transformar, en el largo plazo, la vida de los beneficiarios mejorando sus condiciones desde el punto de vista socioeconómico, ambiental, cultural, etc., en fin, generando mayor bienestar. Ejemplos de este tipo de iniciativas podrían ser programas para incrementar las posibilidades de conseguir empleos bien remunerados para personas que no tuvieron acceso a una educación de calidad, mejorar las condiciones de mercado para los productores agrícolas, aumentar las capacidades de una comunidad para mejorar su nivel de ingreso, etc.

Por otro lado, cuando nos referimos a proyectos de inversión privada seguramente lo primero que viene a nuestras mentes es la idea de rentabilidad. Las empresas desarrollan proyectos para crear bienes y servicios que se comercializan en los mercados y les permiten incrementar sus ventas, sus cuotas de participación y en definitiva sus beneficios económicos

¿Pero, son más las diferencias que las semejanzas?

Las fronteras entre ambos tipos de proyectos cada vez se hacen más difusas, entre las organizaciones involucradas en la gestión de proyectos de desarrollo se ha tomado conciencia de la necesidad del manejo eficiente de los recursos y de que la aplicación de estos debe generar una rentabilidad, que es social, pero también financiera, aunque este “retorno” sea distribuido entre varios agentes de la sociedad.

Desde el lado de los proyectos privados, cuya decisión de inversión se toma en base a variables netamente financieras, es innegable que muchas de estas iniciativas tienen un impacto social, que pude ser indirecto, difícil de ser observado, pero, está presente.

Por ejemplo, un proyecto cuyo objetivo sea la construcción de una fábrica de determinada empresa para producir bienes, tiene un impacto financiero en los accionistas, que esperan recibir un retorno positivo por su inversión, pero, adicionalmente genera empleo, mejores condiciones de vida para las familias de esos trabajadores, profundiza los mercados y garantiza más alternativas para la  elección de los consumidores, genera impuestos con los que el Estado puede financiar obras para mejorar la calidad de vida de la sociedad, en fin, tiene un resultado social.

El paradigma de la “maximización de beneficios y minimización de costos”, a toda costa, también ha venido siendo desplazado como elemento fundamental del hacer negocios y desarrollar proyectos en el ámbito privado. Las empresas están tomando cada vez más en cuenta la huella que dejan con sus iniciativas y están más dispuestas a internalizar y reducir el impacto negativo que generan, para el ambiente y las sociedades. Tenemos entonces organizaciones con políticas, programas y proyectos de responsabilidad social que desarrollan iniciativas estratégicas para mejorar las condiciones de los eslabones de sus cadenas de valor y sus resultados de negocio, así como empresas que toman en cuenta en el desarrollo de sus proyectos el impacto que estos tendrán en el medio ambiente, cuáles son las condiciones en las que laboran los empleados de sus proveedores, de dónde provienen sus materias primas e incorporan actividades que vayan enfocadas en la mejora de las condiciones de vida, por ejemplo, de las comunidades aledañas a una nueva planta o centro de producción.

La razón de ser de todo proyecto, como ya lo he comentado con anterioridad e independientemente del apellido que le coloquemos, es transformar nuestra realidad haciéndola mejor, pasando de la necesidad a la satisfacción de esta. La visión del proyecto de inversión, como fuente de enriquecimiento de sus promotores, a costa de la sociedad en general ha quedado rezagada, cada vez más las organizaciones entienden la importancia de desarrollar proyectos sostenibles y sustentables, por razones de negocio, y los proyectos de inversión se parecen cada vez más a sus hermanos de desarrollo.

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ESCUCHAR, COMUNICAR y MOTIVAR, las claves en un proyecto social



Los que hemos trabajado en proyectos sociales sabemos la carga de buena intención que acompaña cada una de esas iniciativas y cómo en las reuniones de planificación se fantasea con una intervención que fluirá según el plan y terminará transformando para bien, la vida de un conjunto de personas.

Pero qué pasa cuando todas esas ganas de cambiar el mundo se tropiezan con la realidad y en particular, se encuentran con un grupo de personas que no pidió ni quiere ser ayudada. Los seres humanos analizamos las diferentes situaciones que se nos presentan a diario desde una óptica muy particular, la cual está relacionada con nuestras creencias, clase social, educación, tendencia política, experiencia, entre otros elementos, que nos hacen dibujarnos un deber ser del mundo en el que habitamos.

Esta característica puede jugarnos en contra a la hora de planificar una intervención social, si dejamos que nuestra visión del mundo prive sobre la de aquellos que supuestamente serán beneficiados por el proyecto. Ya que, lo que es bueno para cada uno de nosotros no necesariamente lo es para alguien más.

¿Qué debemos hacer entonces cuando nos enfrentamos a una situación como esta? En la que pretendemos satisfacer las necesidades de un grupo de personas que considera que está bien a pesar de la precariedad con la que puedan estar viviendo. En primer lugar debemos tener la capacidad de ESCUCHAR, entrevistarnos con los miembros de esa población objetivo y dejar que sean ellos quienes nos expresen sus necesidades, intereses y preocupaciones. Solo de esta manera podremos entender un poco su realidad y su visión del mundo, lo que definitivamente nos llevará a plantear soluciones más adecuadas a los posibles problemas que los aquejen.

Un segundo punto que considero importante es que, como equipo de proyecto, debemos estar en la capacidad de COMUNICAR a los afectados que existen diferentes alternativas a la situación por la cual están atravesando. Una de las causas por las cuales un conjunto de personas en estado de vulnerabilidad no considera la posibilidad de un cambio, es el desconocimiento de maneras de vida diferentes, por lo que no cuentan con un patrón de comparación.

En este punto debemos tener cuidado, no se trata de que el equipo de proyecto intente imponer unos parámetros de vida que considere mejores, sino de mostrar a los afectados que tienen la posibilidad de elegir entre su situación actual y otras posibles situaciones futuras.

En tercer lugar el equipo de proyecto debe convertirse en un factor MOTIVADOR. Muchas de las personas que viven marginadas, consideran que no tienen el derecho o la capacidad para optar a una vida de mayor calidad, esto puede ser el resultado de una baja autoestima causada por un sinfín de carencias y privaciones. Los miembros del equipo de intervención deben intentar EMPODERAR a estas personas, mostrarles que aunque en muchos casos no cuenten con recursos económicos, un alto grado de instrucción u otras capacidades, siempre se pueden encontrar alternativas para mejorar su calidad de vida.

Los proyectos sociales deben plantear soluciones que interpreten de la mejor manera posible la realidad del grupo de personas que se pretende asistir, transfiriendo conocimiento y creando incentivos para que el cambio generado pueda sostenerse en el tiempo. De lo contrario, la solución solo será parcial y generará frustración, entre los miembros del equipo y los beneficiarios.

Si buscamos en nuestro banco de memoria seguramente daremos con infinidad de casos donde personas que han sido “ayudadas” han regresado al punto de partida. En Venezuela, por ejemplo, se han dado casos de personas que han sido reubicadas de casas precarias en barrios marginales a viviendas mucho más seguras, pero, con el tiempo han decidido regresar a su situación inicial y de trabajadores informales que han sido formalizados, pero, deciden regresar a su estatus de informalidad. Esto, en muchos casos, es el resultado de plantear soluciones inconsultas y basadas solo en nuestra versión de lo que deberían ser las condiciones de vida mínimas con que debe contar una persona.

El trabajar en proyectos nos da la oportunidad, más allá de aprender un conjunto de técnicas y herramientas, de familiarizarnos y sensibilizarnos con las realidades de otras personas y de colaborar en la medida de nuestras posibilidades en la mejora de la calidad de vida de alguien más. En lo particular ha sido un lección de humildad, que me ha permitido crecer profesionalmente y me ha dado la oportunidad de ejercer el rol más importante que puede planteársenos en nuestra vida, el de ser humanos. 

Manual para la formulación de proyectos sociales con marco lógico



Parte de mi tiempo durante el año 2013 lo dediqué a terminar de escribir un manual para la formulación de proyectos sociales que había comenzado a mediados de 2009 y que por diversas razones no había concluido.

Este manual, al igual que cada una de mis entradas en este blog, está motivado por las ganas de compartir conocimiento y herramientas para la formulación, evaluación y gestión de proyectos, de una manera sencilla y al alcance de todos los interesados en estos temas, independientemente de su grado de conocimiento o experticia en la materia.

Me gusta pensar que en algún lugar del planeta, desde donde nos leen constantemente, alguna persona inmersa en el desarrollo de un proyecto, bien sea de inversión o para mejorar las condiciones de su comunidad o entorno ha encontrado en alguno de mis post la respuesta o al menos una luz sobre las dudas que haya podido tener.

Sin más les dejo el link para que puedan descargar el Taller de Formulación de Proyectos Sociales con la Metodología de Marco Lógico, con la esperanza de que también les sea de utilidad en la tarea transformadora de gestionar proyectos de desarrollo.

Está de más decir que pueden dejar sus comentarios y sugerencias acerca del texto, que de muy buen ánimo recibiré por esta vía, saludos a todos.

Para descargar:

Dropbox: Taller de Formulación de Proyectos Sociales con la Metodología de Marco Lógico 

Box: Taller de Formulación de Proyectos Sociales con la Metodología de Marco Lógico


Los Proyectos de Desarrollo y el Capital Social

Una de las ventajas que tiene el marco lógico, como metodología utilizada para la formulación de proyectos para el desarrollo, es que a través de la participación incentiva la creación y el fortalecimiento del capital social.

El capital social es una variable económica definida como las relaciones, basadas en la confianza, que se establecen entre individuos dentro de una sociedad. Dichos lazos son necesarios para superar la pobreza, a través de la acción solidaria del colectivo.

El Estado, a través de las políticas públicas, es el encargado de dirigir la provisión de bienes y servicios orientados a la satisfacción de las necesidades de cada uno de los colectivos que conforman una sociedad. Este proceso de asignación de recursos en muchos casos es capturado por aquellos grupos que gozan de altos niveles de capital social (organización y capacidad de acción) lo que les permite un mayor acceso a los centros de tomas de decisiones.

Estos grupos altamente concentrados, con poder económico e influencia se quedan entonces con un mayor porcentaje en la distribución de la riqueza, afectando a los más pobres, quienes por ser un grupo atomizado, con poca organización y recursos, terminan recibiendo menos de lo que les permitiría satisfacer sus necesidades y ser tratados de manera justa y equitativa. Esta dinámica de desigualdad se presenta en toda Latinoamérica, donde el grueso de la riqueza, convertida en servicios de calidad como salud, educación, infraestructura y seguridad, es privilegio de unos pocos, que en muchos casos no superan el 10% de la población total.

En este contexto, los proyectos para el desarrollo, formulados a través de la participación, se convierten en una oportunidad para que los más necesitados se organicen y actúen, convirtiéndose en agentes del cambio de sus realidades.

A través del marco lógico y la participación en la identificación de problemas comunes y la formulación de soluciones que promuevan el bienestar colectivo, por encima del individual, los miembros de las comunidades van tejiendo relaciones de confianza, se van empoderando y preparándose para la acción. Esta adquisición y fortalecimiento del capital social es fundamental para influenciar a los que toman las decisiones y balancear la distribución de la riqueza, haciendo de esta un proceso más justo e igualitario.





La Evaluación de Proyectos Sociales, el Método de Multi - Criterios



La evaluación de proyectos sociales contempla la inclusión de elementos no financieros en la metodología para determinar si la iniciativa generará beneficios y vale la pena llevarla a cabo. A diferencia de los proyectos de inversión donde el VPN nos indica si existe o no rentabilidad, en la evaluación social hay que tomar en cuenta otros atributos y las externalidades que generará el bien o servicio que se producirá.

Uno de los mecanismos para la evaluación social es el método de multi-criterios, que consiste en tomar en cuenta otras características del proyecto, además de las financieras, para determinar si se realizará o no. Los criterios para la evaluación son elegidos y ponderados por el evaluador de manera arbitraria, tomando en cuenta su experiencia en estas lides.

Supongamos que estamos analizando tres proyectos, utilizando el producto que generará cada uno de ellos y ordenamos los datos en una matriz como la siguiente: 



 
Antes de proceder a la evaluación es necesario que homogeneicemos las unidades de los atributos, para poder luego sumarlos. Comencemos con la confiablidad:

Vamos a preferir aquel producto cuya confiabilidad sea mayor, por lo tanto tomaremos al número 1 como referencia. Para homogeneizar realizamos los siguientes cálculos:

P1: 0,96/0,96 x 10 = 10

P2: 0,81/0,96 x 10 = 8,43

P3: 0,9/0,96 x 10 = 9,375

En cuanto a los costos nuestra preferencia estará con el producto para el que esta variable tenga un menor valor, en este caso P2, lo tomamos entonces como referencia y repetimos el cálculo:

P1: 9,95/17,56 x 10 = 5,66

P2: 9,95/9,95 x 10 = 10

P3: 9,95/14,47 x 10 = 6,87

Finalmente homogeneizamos los pesos, supongamos que vamos a preferir el producto más liviano, en este caso tomamos como referencia P3.

P1: 6/9,7 x 10 = 6,18

P2: 6/6,6 x 10 = 9

P3: 6/6 x 10 = 10

Realizada la homogeneización reordenamos los valores en la matriz y luego procedemos a hacer la evaluación:



El proyecto que será elegido es aquel que cuente con mayores atributos o cuya suma ponderada por los criterios de evaluación sea mayor.

Calculemos entonces el valor para cada uno de los proyectos:

P1: 9 x (0.3) + 3 x (0.13) + 5.66 x (0.27) + 6.18 x (0.1) + 10 x (0.2) = 7.23

P2: 6 x (0.3) + 8 x (0.13) + 10 x (0.27) + 9 x (0.1) + 8.43 x (0.2) = 8.126

P3: 5 x (0.3) + 6 x (0.13) + 6.87 x (0.27) + 6.18 x (0.1) + 9.375 x (0.2) = 6.627

Una vez realizado los cálculos el proyecto elegido según el método de los multi - criterios sería el 2. Esta es una de tantas metodologías para la evaluación de proyectos sociales, contemplando caracterísitcas distintas a las meramente financieras, en próximas notas estaré comentando sobre otros caminos que nos premitan determinar la rentabilidad de una iniciativa social.
 



Sostenibilidad de proyectos de desarrollo, la clave para lograr una verdadera transformación

Todo proyecto responde a un ciclo de vida que culmina una vez que se han generado los bienes y servicios que nos permiten dar por alcanzado el objetivo general del esfuerzo. Sin embargo, cuando desarrollamos proyectos sociales o de desarrollo esperamos que estos sigan generando bienestar mucho tiempo después de su culminación.

Al salir del ámbito o lugar geográfico donde se desarrolló la intervención, el equipo de proyecto no solo debe haber garantizado el cumplimiento de todas las actividades, dentro de los costos, el tiempo y la calidad previstos, sino que además debe haber creado las bases para que se alcance el fin del proyecto, ese objetivo a muy largo plazo que permite constatar la transformación de la realidad y la satisfacción de las necesidades.

Esta característica que deben poseer los proyectos de desarrollo se conoce como sostenibilidad y se define como la capacidad de seguir generando frutos en el muy largo plazo. Un ejemplo nos ayudará a comprender mejor de que se trata.

Hace unos años participé en la evaluación de un proyecto cuya finalidad era disminuir la incidencia de la fiebre amarilla en una región rural del oriente venezolano. Para tal fin se desarrolló una campaña educativa que buscaba enseñar técnicas adecuadas para la recolección y almacenaje del agua en las viviendas y se dotó a cada familia de mosquiteros y bidones con tapa para evitar la proliferación del mosquito transmisor de la enfermedad, además se construyó un espacio para el depósito adecuado de los desperdicios sólidos, ya que los miembros de la comunidad los arrojaban a un rio muy cercano a la población.

El proyecto tuvo una duración de año y medio y al finalizar se habían realizado los talleres planificados, cada una de las familias contaba con sus mosquiteros y bidones y se había construido el depósito para los desperdicios. Con esto podía darse por cumplido el objetivo general del proyecto, pero, ¿el haber creado los bienes y servicios previstos, garantizaba qué realmente se generaría un cambio que nos permitiera transitar de la situación inicial a la deseada?, definitivamente no.

El lograr la disminución de los casos de fiebre amarilla dependería del uso que los pobladores darían a la información, materiales y obras recibidas. Si las familias decidían mantener las técnicas inadecuadas de almacenaje del agua, no usaban los mosquiteros y seguían lanzando desperdicios al rio, no se evidenciaría cambio alguno al pasar de los años y el proyecto no podría considerarse sostenible.

Las claves de la sostenibilidad

En mi opinión existen dos elementos fundamentales para garantizar que un proyecto sea sostenible y permita alcanzar el estado de bienestar deseado. En primer lugar la participación de los beneficiarios durante el desarrollo del proyecto y en segundo lugar la transferencia de conocimiento.

Mucho hemos conversado sobre la conveniencia de incluir a los futuros beneficiarios en todas las fases del ciclo de vida del proyecto, desde la identificación hasta las labores de seguimiento y control. De esta manera se logra establecer un vínculo de pertenencia entre los beneficiarios y la intervención.

Al participar activamente en el diagnóstico de sus problemáticas y la búsqueda de soluciones, los beneficiarios siente al proyecto como suyo y las probabilidades de que sigan utilizando los bienes y servicios generados, una vez que este haya culminado, son mucho mayores que en el caso de que la participación no haya sido tomada en cuenta.

Volviendo a nuestro ejemplo, seguramente la inclinación de los pobladores a utilizar los bidones con tapa para almacenar el agua según el conocimiento adquirido, los mosquiteros y el depósito de basura fue directamente proporcional al nivel de participación de estos en el diagnóstico de los problemas y la formulación de estas soluciones.

El otro punto fundamental es la transferencia de conocimiento, la cual según La Agencia Alemana de Cooperación Técnica para el Desarrollo (GTZ), es “la tarea principal” cuando se emprenden proyectos o planes en función de lograr el desarrollo.

Una vez que ha culminado el proyecto los beneficiarios deben ser capaces de utilizar adecuadamente los bienes y servicios generados por el proyecto sin la necesidad de acudir a terceros, además, al haber participado durante el desarrollo de la intervención también deberían estar en la capacidad de diagnosticar y resolver los problemas que surjan luego de la salida del equipo de proyectos.

La transferencia de conocimiento redefine el rol de los “expertos” en el desarrollo de proyectos, convirtiéndolos en facilitadores que en algún momento serán prescindibles para que la intervención siga funcionando. De esta manera se empodera a las personas para que sean capaces de tomar las decisiones necesarias para liderar el cambio que su comunidad necesite en un momento determinado.

Cómo identificar los problemas sociales, con ayuda del Marco Lógico


Todo proyecto tiene su origen en la existencia de un problema, que afecta la vida de un conjunto de personas y que debe ser solucionado a través de estos esfuerzos temporales. En el caso de los proyectos sociales, la identificación de estas situaciones de insatisfacción se realiza, o al menos es lo más recomendado, con la participación de aquellas personas que se ven afectadas directamente por la problemática.

El análisis de los problemas sociales, por los que atraviesa una comunidad en un momento determinado, forma parte de la fase de identificación o diagnóstico del proyecto y al culminar con este proceso deberíamos obtener como resultado el listado de los problemas, determinar cuál de estos es el principal y establecer las relaciones de causalidad y consecuencia existentes, las cuales serán expresadas en lo que se conoce en la metodología del marco lógico, como el árbol de problemas.

A continuación trataremos de resumir paso a paso el proceso de identificación y formulación de los problemas sociales con el uso de esta metodología, de manera tal que sirva como referencia para aquellos que estén involucrados en proyectos de carácter social.

Análisis de los problemas

Cuando abordamos una comunidad y comenzamos el levantamiento de la información o diagnóstico, nos conseguimos con la existencia de una gran cantidad de problemas que deben ser solucionados para poder mejorar su calidad de vida. Esto nos coloca como equipo de proyecto en una encrucijada, ya que tendremos que elegir, en conjunto con la comunidad, cuál problema será atendido y cuales serán dejados de lado por el momento, ya que no contamos con recursos ilimitados para darle solución a todas estas situaciones de manera simultánea.

Durante el análisis de los problemas determinaremos entonces cuál es ese problema central que solucionaremos, sus causas y consecuencias.

¿Cómo se analizan los problemas?

Paso 1:

Lo primero que debemos hacer durante el análisis de los problemas es identificarlos, es decir, saber cuáles son los problemas o necesidades a los que se enfrenta una comunidad. Para lograr este listado generalmente se utiliza la técnica conocida como lluvia de ideas, en la que participan los miembros de la comunidad y el equipo de proyectos.

¿Cómo hacemos la lluvia de ideas?

En primer lugar ubicamos un espacio en donde podamos realizar la actividad, una vez que contamos con este se convoca a los participantes y se le entrega a cada uno de ellos papel y lápiz, para que coloquen en cada hoja un problema que según su opinión es padecido por la comunidad y afecta su calidad de vida.

Una vez que cada participante ha escrito los problemas en las hojas de papel, estás se colocan en una pared o pizarra y se discuten entre todos los presentes, la idea es que estos a través del consenso, logren establecer acuerdos para sustituir aquellas ideas que estén repetidas por una sola que exprese de manera más completa cual es la situación que se desea mejorar.

Utilizar el método de lluvia de ideas es bastante conveniente por tres razones fundamentales, la primera es que nos permite incentivar la participación de los miembros de la comunidad en el proyecto, son ellos quienes a través de sus ideas establecerán cuales son los problemas que los afectan, la segunda es que este tipo de actividades permite la organización de las personas en función de alcanzar un fin común, en este caso la identificación de necesidades y en tercer lugar el método sirve para minimizar el conflicto y maximizar el acuerdo.

Como dijimos anteriormente, este primer paso debe generar como resultado un listado de problemas, determinados a través del consenso de los participantes en la lluvia de ideas.

Paso 2:

Una vez culminado el paso 1, debemos jerarquizar los problemas para determinar cuál de ellos es el central. Este proceso al igual que la lluvia de ideas se realiza con la participación de la comunidad, cuyos miembros al final del día serán quienes determinen el orden de importancia de las necesidades.

Para jerarquizar los problemas existen un gran conjunto de herramientas y entre estas la matriz de priorización por puntos es la más sencilla de utilizar.

En esta matriz de doble entrada, la fila superior corresponde a los problemas identificados en el paso previo y la primera columna a los participantes. Cada uno de ellos contará con 100 puntos, los cuales deberá repartir entre todos los problemas, dándole mayor puntaje a aquellos que considere más importantes y viceversa.

Al final aquel problema que sume una mayor cantidad de puntos será considerado el problema central y nuestro proyecto estará orientado a solucionarlo.

Paso 3:

Una vez que tenemos nuestro listado de problemas y hemos elegido cuál de ellos será el problema central, comenzamos a analizar las relaciones de causa y efecto entre ellos, lo que nos generará como resultado la construcción del árbol de problemas.

El árbol de problemas es una herramienta que nos permite visualizar cuál es el problema central que atenderemos (el tronco del árbol), cuáles son sus causas (las raíces del árbol) y cuáles sus consecuencias (las ramas del árbol).

La construcción de este árbol nos permite elegir cuál será el camino que seguiremos para darle solución al problema central, tomando en cuenta los recursos con los que contamos.

¿Cómo construimos el árbol de problemas?

Como los dos pasos previos, este debe contar con la participación de la comunidad. En primer lugar ubicamos el problema central en una pizarra o muro y una vez hecho esto comenzamos a analizar el resto de los problemas para determinar si son una causa de este o por el contrario una consecuencia.

Aquellos identificados como causas los colocaremos por debajo del problema central y los que consideremos consecuencias los colocaremos por encima. Al finalizar obtendremos un diagrama con forma de árbol en el que podremos visualizar todo el esfuerzo que necesitaremos realizar para solventar el problema principal y sus consecuencias.

La información aquí presentada es bastante sencilla y sólo busca servir como referencia, si quieren profundizar más en el tema les recomiendo el siguiente documento que pueden descargar gratis y los orientará a la hora de utilizar el marco lógico, tanto para el análisis de los problemas como para el resto de las actividades necesarias para la formulación de un proyecto social.

http://preval.org/files/00423.pdf

Los proyectos sociales: una oportunidad para fomentar la organización participativa


Cada proyecto es una oportunidad para la transformación, para cambiar situaciones y definitivamente mejorar la calidad de vida de las personas. Todos los proyectos, tanto los que son privados como los que no, cumplen con esta característica, comienzan en un punto A y terminan en un punto B en el cual la situación inicial ha cambiado, durante el proceso se transforman recursos, se generan bienes y servicios, se crea riqueza y bienestar.

Ahora bien, en mi opinión, son los proyectos sociales o de desarrollo los que maximizan ese poder transformador. Ya que es a través de estos que se atienden las necesidades de aquellas personas que por lo general están excluidas y viven en situación de pobreza. Estos proyectos generan escuelas, programas de salud para la contención de enfermedades graves, infraestructura para que los campesinos puedan acceder a los mercados y vender sus productos, sistemas de agua potable, sistemas de electrificación, etc. Imaginemos solo por un momento el cambio que sufriría la vida de un conjunto de personas que viven sin luz eléctrica y de repente se les dota con esta, sus actividades diarias no tendrían que acabar con la caída del sol, el simple hecho de que tal vez algunos de ellos puedan leer un libro antes de dormir ya es un cambio sustancial.

Sin embargo, la importancia de los proyectos sociales va mucho más allá de los bienes y servicios que crea, a través de ellos se puede incentivar la organización y participación de las personas y esto definitivamente es mucho más poderos y significativo que una escuela o un sistema de tuberías.

El problema de la pobreza es en gran medida un problema de desorganización y poca participación de los pobres en los procesos de toma de decisiones, esto permite que bienes y servicios que van dirigidos a los más necesitados terminen en manos de aquellos que tienen mayor poder adquisitivo. Para evitar esto los pobres deberían organizarse y actuar para garantizar que las políticas gubernamentales orientadas a satisfacer sus necesidades no sean capturadas por otros grupos sociales, cuya situación económica es más favorable.

Un ejemplo de esta situación lo constituye el subsidio a la gasolina que se aplica en Venezuela, cuando lo analizamos nos damos cuenta de que los que se favorecen son las personas que tienen vehículos particulares y no aquellos que utilizan el servicio de transporte público, esta conclusión la obtenemos de manera sencilla, supongamos que el subsidio es de 15 bolívares el litro, la persona que tienen un vehículo particular aprovecha completamente esta subvención ya que tiene un ahorro de 15 bolívares por litro de gasolina que consume, mientras que aquellos quienes utilizan el transporte público deben compartir estos 15 bolívares con todas aquellas personas que lo acompañan en su viaje, al final del día los más pobres terminan recibiendo o ahorrando solo una fracción de un subsidio creado para favorecerlos y aquellos que tienen dinero suficiente para comprar un vehículo particular terminan aprovechando lo que se creó para ayudar a los menos favorecidos.

He aquí entonces una de las claves para combatir la pobreza, la organización o lo que se conoce como capital social, y los proyectos de desarrollo son definitivamente una oportunidad para incentivar su creación o potenciarlo de manera tal que los más pobres estén en la capacidad de actuar como un bloque, presionando a los que toman las decisiones, para que satisfagan sus necesidades.

Cómo un proyecto puede crear capital social, muy sencillo, a través de la participación de todos aquellos que serán de una u otra manera beneficiados por la intervención en cada una de las etapas del proyecto, desde la identificación hasta la evaluación de los resultados.

Involucrar a los miembros de la comunidad de manera activa en el desarrollo del proyecto, permite que sean los afectados por el problema que se desea resolver quienes lo identifiquen y formulen las posibles soluciones. Esto los convierte en protagonistas del proceso y además garantiza que la orientación del proyecto será la correcta, en función de satisfacer las necesidades existentes.

Por otra parte, al participar como comunidad en el desarrollo del proyecto, los individuos se dan cuenta de la fortaleza que tiene como grupo para resolver situaciones que los afectan en mayor o menor medida a todos. Otro elemento fundamental es que al ser el proyecto el producto de un trabajo conjunto cada uno de los miembros de la comunidad será garante de que los resultados alcanzados sean aquellos que se esperan, siendo los principales evaluadores del proyecto.

En conclusión una comunidad que se organiza no solo es capaz de reconocer sus necesidades y elegir, con el consenso de sus miembros, cual es el camino a seguir para satisfacerlas, sino que además son capaces de ejercer la vigilancia necesaria para garantizar que los objetivos de la intervención se cumplan.

De esta manera los proyectos se convierten en un punto de encuentro para que los miembros de una comunidad, alcanzando acuerdos y trabajando mancomunadamente, concienticen el poder que tienen cuando actúan en conjunto y de manera organizada.

En los países en desarrollo los pobres representan entre un 60 y un 80% de la población, si estás personas estuvieran organizadas y participaran activamente en los procesos de toma de decisiones, definitivamente las políticas públicas estarían orientadas a satisfacer sus necesidades, o es qué a caso los políticos serían capaces de desestimar el voto de una cantidad tan grande de personas. Si en los países en desarrollo los pobres estuvieran organizados para la participación simplemente no existiría la pobreza y la desigualdad se reduciría considerablemente.

Los proyectos y el bienestar


Un proyecto puede definirse de una manera bastante sencilla como el camino que debemos transitar para transformar una situación en otra. Partiendo de un presente en el cual existe alguna necesidad que nos causa insatisfacción, planificamos, desarrollamos y evaluamos un conjunto de actividades a lo largo de un período determinado de tiempo, que nos lleva a un punto en el futuro en el cual dicha insatisfacción ha sido resuelta y nuestro nivel de bienestar ha aumentado.

Esta definición aplica tanto para los llamados proyectos sociales como para los proyectos de carácter privado. Un proyecto de desarrollo por ejemplo busca resolver los problemas o necesidades de un conjunto de seres humanos y mejorar su calidad de vida, proveyéndoles bienes y servicios como educación, agua corriente, centros de salud, etc. En el caso de los privados, la realidad no es muy distinta. Estos proyectos buscan atender necesidades de mercado, creando bienes y servicios como calzados, automóviles, etc. En ambos casos y atendiendo a la teoría del bienestar las personas contarán con una mayor cantidad de bienes y servicios, que podrán consumir mejorando sus estándares de vida.

Veamos con un ejemplo cómo ocurre esta mejora. Supongamos que una comunidad muy pobre no cuenta con sistemas de agua corriente y cada mañana los miembros de este grupo deben recorrer una distancia de -digamos- 5 km al río más cercano para recoger agua y llevarla a sus hogares. Supongamos además que la actividad de ir, recolectar el agua y regresar a la comunidad es realizada por los niños, como en el caso de muchas comunidades pobres de África, y les lleva 5 horas al día.

Si en nuestra comunidad hipotética se lleva a cabo un proyecto en el cual ésta sea dotada con servicio de agua corriente, los niños podrán dejar de recolectarla y utilizarán las 5 horas diarias que ocupaban en esta actividad en otra, como asistir al colegio o simplemente jugar con sus amigos, lo que seguro les reportará mayor bienestar.

Las implicaciones de un proyecto de desarrollo van más allá de la dotación de un bien o servicio. Siguiendo con nuestro ejemplo, el llevar agua corriente a toda la comunidad no sólo permitiría que los niños ocupasen su tiempo en actividades de mayor provecho, sino que además el resto de las personas mejoraría su calidad de vida, pudiendo, por ejemplo, lavar sus alimentos con regularidad, evitar el almacenamiento de agua que puede convertirse en foco de enfermedades, entre otros. Si los niños utilizan las 5 horas en estudiar, tendrán una mayor oportunidad de conseguir empleo en el futuro, ganar dinero y mejorar su vida y la de sus familias.

Los proyectos de desarrollo, como mecanismos para la lucha contra la pobreza, buscan crear condiciones para que los seres humanos no tengan que ocupar su tiempo preocupándose en como suplir sus necesidades básicas (alimentación, vestido, seguridad, salud, servicios, por sólo mencionar algunos.) y puedan dedicarse a actividades que les permitan desarrollarse como individuos, que mejoren su bienestar y que en definitiva los hagan más felices.

En el caso de los proyectos privados la mejora en el bienestar se puede observar desde la óptica del mercado. Supongamos que una corporación que fabrica teléfonos celulares o móviles identifica una oportunidad de negocio a través de un estudio de mercado, según el cual a los consumidores de este tipo de productos les gustaría que los teléfonos fuesen más livianos. La empresa fabrica estos productos y los comercializa. Siguiendo la lógica de la libre competencia, las empresas rivales comenzarán a desarrollar teléfonos con las mismas características y pronto comenzarán también a venderlos. De esta manera se amplía la oferta de teléfonos celulares livianos y los consumidores tendrán más opciones para elegir a la hora de adquirir estos productos pagando el precio de mercado por ellos.

El bienestar de los consumidores se verá incrementado al contar con una mayor cantidad de productos en el mercado, lo que les permitirá elegir aquel que satisfaga sus necesidades pagando un precio que realmente refleje el valor del producto.

Los proyectos, sin importar si son de desarrollo o privados, se realizan entonces con el único fin de transformar y mejorar la realidad de un conjunto de seres humanos, a los que podemos llamar comunidad o consumidores. A pesar de que existe toda una disciplina que explica los proyectos y de que hay personas que se preparan como profesionales en esta área, siempre me ha gustado pensar que cada uno de nosotros es el gerente de su propio proyecto, que no es más que nuestra vida. Así, tomamos decisiones sobre qué estudiar, dónde vivir, dónde trabajar, entre otras muchas cosas, y actuamos para alcanzar nuestras metas con la única finalidad de estar mejor. Eso nos convierte a cada uno de nosotros en un instrumento de cambio.