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No definimos bien el alcance del proyecto: ¿y si lo llamamos plan piloto?


La gestión de proyectos improvisada, entendida como no profesional, implica el riesgo de definir incorrectamente el alcance, del producto y del proyecto, y como consecuencia darnos cuenta, a mitad de camino, de que es necesario incorporar actividades que no habíamos previsto. Si estamos trabajando con un enfoque adaptativo esto puede no ser un problema, ojo, no quiero decir que la agilidad es sinónimo de improvisación, solo que por la naturaleza de este tipo de iniciativas el alcance no está claro desde el inicio, pero, si nos enfrentamos a un “proyecto predictivo” la historia cambia. 

 

La planificación del alcance es la piedra angular sobre la que se desarrolla el plan de ejecución de un proyecto, cada uno de sus procesos está orientado a entender con profundidad cuáles son las necesidades y expectativas del cliente y demás interesados relevantes, para que estas se vean reflejadas en los atributos tanto del producto o servicio como en el trabajo que debe realizarse, y los diferentes stakeholders queden satisfechos. 

 

La profesionalización de la gestión de proyectos busca que en las organizaciones seamos capaces de identificar con qué enfoque debe gerenciarse cada una de las iniciativas y que se realicen los procesos adecuados. En el caso de lo predictivo, que tengamos una idea clara del resultado y que controlemos los cambios, incorporándolos de manera ordenada, contemplando su impacto en el presupuesto y el cronograma. 

 

La improvisación nos deja con clientes e interesados contrariados, al recibir productos y servicios incompletos, que no se adaptan a sus requerimientos, que costaron más y se entregaron a destiempo, arruina nuestra reputación y nos resta mercado. Ante situaciones como esta de nada vale excusarnos y tratar de convencer al cliente, y a nosotros mismos, de que estamos en un plan piloto, debemos trabajar en mejorar nuestra gestión. 

 

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El lado oscuro de la planificación a la hora de invertir en proyectos

Sin negar la importancia que tiene contar con un plan, la confianza que este nos genera puede jugarnos una mala pasada a la hora de invertir en un proyecto o emprendimiento. “La falacia de la planificación”, un fenómeno psicológico que nos hace pensar que el plan se cumplirá al pie de la letra y que nada podría salir mal, nos lleva a un estado de optimismo excesivo que, catalizado por nuestra inclinación a exagerar nuestro propio talento, nos ciega ante el riesgo, hace que despreciemos a la competencia y desestimemos cualquier escenario que no se adapte a nuestras previsiones.

Estas son algunas de las ideas compartidas por Daniel Kahneman y Dan Lovallo en su artículo ·”La falsa ilusión del éxito” el cual, según los autores, en muchos casos es más un resultado de la suerte que de nuestras capacidades y para comprobarlo solo hace falta revisar las estadísticas de proyectos fallidos y nuevos negocios consolidados o que superan los 3 años desde su arranque.

Personalmente he sido testigo, en varias oportunidades, de los efectos del optimismo excesivo y la sobre valoración de capacidades, inversiones que se realizan sin ni siquiera contar con un mínimo estudio de mercado, negocios que aparecen y desaparecen al cabo de un par de años de aguantar y hasta “emprendedores” molestos porque las estimaciones indican que su proyecto no es factible y piden que se manipulen los datos para que sea rentable y se recupere la inversión en “un año como máximo” al menos en el papel.

Por supuesto que el optimismo es una característica indispensable para llevar adelante cualquier proyecto o empresa, pero, debemos tener cuidado y no subestimar el poder que un poco de pesimismo o realismo puede sumar a nuestros análisis y procesos de toma de decisiones. Y es precisamente hacer oído a esas voces disidentes, aquellas que no le hacen el coro a los promotores del proyecto, una de las recomendaciones que nos dejan estos dos autores en sus líneas, la visión externa de nuestra propuesta y los argumentos contrarios o que la desafíen nos permiten tomar en cuenta escenarios adversos, identificar riesgos, re evaluar supuestos en función de estar preparados para afrontar un futuro con menos certezas de las que creemos tener o en el peor de los casos, para desestimar una iniciativa que nos llevaría a malgastar nuestros recursos.

Recordemos siempre a Murphy, si algo puede fallar…..

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La prisa por llegar, poniendo en riesgo el éxito del proyecto



Mi primera conversación del 2015 la sostuve con un muy buen amigo que es piloto de aeronaves, entre otros temas estuvimos hablando un largo rato sobre los accidentes aéreos. Según él, un gran porcentaje de estas tragedias se deben a “la prisa o apuro por llegar”, un fenómeno que afecta a la tripulación bien sea relajándola hasta el punto de omitir procedimientos que pueden considerar innecesarios (pero que no lo son) o estresándola con el cambio, a última hora, del plan de vuelo con la finalidad de arribar más rápido al destino.

Por supuesto, no pude dejar de establecer una analogía con la gestión de proyectos e identificar mentalmente algunos factores y situaciones que podrían llevarnos a apresurar el trabajo, poniendo en riesgo el logro de los objetivos:

- La premura por actuar y desestimar la planificación es un caso clásico de “la prisa por llegar”. Al no tomarnos el tiempo necesario para planificar el proyecto podemos obviar elementos fundamentales para su éxito, fallando en la definición del alcance, la estimación del tiempo, los recursos y los costos, la identificación de riesgos.....

- En el desarrollo de proyectos sociales las ganas de ofrecer una solución rápida a las necesidades puede llevarnos a saltar el paso importantísimo de consultar a los afectados sobre sus problemas, inquietudes e intereses, lo que definitivamente significará el fracaso de la iniciativa al no conseguir que esta sea sostenible.

- Cuando identificamos una idea de negocio, podemos tener la seguridad de que alguien más lo ha hecho, esto podría empujarnos a acelerar los procesos, con la finalidad de tratar de apoderarnos de un nicho de mercado.

- Existen organizaciones cuyas prioridades cambian constantemente y en las que el “lo quiero para ayer” parece ser lo único invariable. Esto obliga a la re-planificación, a saltarse procedimientos y a sobre cargar a los equipos de trabajo/proyecto.

- Es común, sobre todo en proyectos muy largos que el agotamiento, físico y mental, afecte el desempeño del recurso humano. Haciendo que este cometa errores u omita pasos importantes para la buena culminación del trabajo.

- La rutina también podría jugar un papel importante a la hora de tratar de acelerar el fin del proyecto. Quienes trabajamos en estas iniciativas estamos acostumbrados al cambio y el involucrarnos en proyectos de largo aliento podría en un momento dado desincentivarnos y llevarnos a buscar algún atajo.

- En mercados laborales restringidos, donde los profesionales son contratados por proyectos y los salarios son bajos, existen incentivos para que el recurso humano busque maximizar su tiempo en post de una mayor remuneración anual, lo que sería una razón para tratar de culminar su trabajo, en determinado proyecto, lo más rápido posible y poder asumir un nuevo contrato.

- El cambio de parecer del cliente en cuanto a los tiempos de entrega podría ser también un factor que sobre cargue de trabajo al equipo del proyecto y lo lleve a cometer errores por tratar de cumplir con las nuevas exigencias.

Al igual que el vuelo de una aeronave, el desarrollo del proyecto está rodeado de riesgos y estos se incrementan cuando por determinada razón nos salimos de la planificación para tratar de llegar más rápido. ¿Qué podemos hacer entonces para no caer en esta trampa?

Tomarnos el tiempo para planificar, aunque muchos prefieren la acción ya hemos comentado con anterioridad la importancia que tiene tomarse el tiempo necesario para pensar y planificar el proyecto. No en vano se invierte el +- 25% de los recursos en esta fase del ciclo de vida.

Si ya tenemos un plan no lo cambiemos a última hora solo por un impulso, del apuro solo queda el cansancio y es mejor asegurar el resultado siguiendo todos los pasos que ya hemos estipulado. Para algo nos sentamos a planificar.

No desestimemos pasos importantes, la literatura sobre buenas prácticas en la gestión de proyectos es bastante amplia y accesible, recurramos a ella para no dejar por fuera elementos determinantes para su éxito.

Una oportunidad de mercado lo será siempre y cuando la abordemos de una manera correcta. No siempre el primero en llegar es el mejor, en la premura por hacernos de un nicho de mercado podemos dejar de lado características del producto deseables para el consumidor y terminar siendo superados por la competencia.

Es importante que el equipo de proyecto se mantenga motivado, independientemente de lo larga que sea la iniciativa, permitir que tengan períodos de descanso, no sobre cargarlos de trabajo con re-planificaciones de última hora, gestionar el proyecto de manera que vaya mostrando resultados tangibles en el mediano plazo, crear un ambiente alejado de la rutina y proveer buenas condiciones salariales, son algunas de las ideas para tratar de evitar el fenómeno del “apuro por llegar”.

En cuanto al compromiso con los stakeholders, tanto internos como externos, estos deben ser firmes y no estar sujetos a caprichos ni exigencias que no estén estipulados en un contrato.

Siempre me he preguntado por qué la gente cruza la calle con la luz roja o amarilla en vez de esperar unos segundos para hacerlo con la verde, en la prisa por llegar se nos puede ir la vida, el proyecto y hasta la organización. 

¿Por qué improvisar si podemos planificar?



Durante el tiempo que he estado involucrado con proyectos he sido testigo, en muchas oportunidades, de como la improvisación desplaza por completo a la planificación, poniendo en riesgo el desarrollo del esfuerzo y el logro de los objetivos que se plantean. Al parecer la frase popularizada en la televisión venezolana de comienzos de los 90 “mientras vaya viniendo, vamos viendo” es el lema de algunos “responsables” de proyectos.

El desarrollo de proyectos requiere definitivamente de un poco de improvisación y creatividad para hacer frente a los imprevistos que se nos puedan presentar, pero, estas capacidades deben ser el complemento y no el sustituto de una buena planificación. Por el contrario, la obligación de hacer un uso eficiente de los recursos escasos con los que contamos y el altísimo grado de incertidumbre que rodea a cada proyecto, hace que la existencia de un plan sea una necesidad.

Como bien lo expresa Luis Enrique Palacios, en su libro Gerencia de Proyectos un Enfoque Latino, en nuestra cultura:

 “Es muy común sentir que cuando se planifica se está perdiendo un tiempo valioso que debería emplearse en la ejecución, por lo cual no se toma el tiempo necesario para generar un buen plan integral. Por ejemplo, es práctica común empezar a construir sin que se encuentren en el sitio todos los materiales requeridos. Esta situación genera una sensación de movimiento en el proyecto, que luego debe frenarse al disminuir la productividad o parar el trabajo en la espera por la llegada del resto de los materiales, incurriéndose en gastos innecesarios de personal. Esta manera latina de afrontar la planificación ha obligado a replanificaciones posteriores y al desarrollo de habilidades impresionantes para improvisar y “apagar fuegos””.

Aunque pudiésemos pensar que las deficiencias en la planificación son propias de organizaciones pequeñas y medianas, ya que estas en comparación con las más grandes están limitadas en el acceso a recursos materiales y humanos bien capacitados. Existen organizaciones de talla mundial en las que la planificación, por desconocimiento o por lo que nos comenta Luis Enrique Palacios, no es muy apreciada.

La planificación por lo general representa en promedio entre el 20 y el 25% de todo el esfuerzo del proyecto, lo que es un porcentaje nada despreciable, permitiéndonos establecer una guía o ruta a través de la cual podamos realizar todas las actividades, manteniendo el control del tiempo, el costo y la calidad del proyecto. Planificar consiste en sentarnos a pensar antes de comenzar a actuar, respondiendo a un conjunto de preguntas, que pueden encontrar en este post: Las 10 preguntas que se deben responder cuando formulamos un proyecto, planteándonos además diferentes escenarios, la probabilidad de que estos se hagan realidad y los cursos de acción a seguir en este caso.

Según el PMI, la planificación de un proyecto se realiza a través del desarrollo de un conjunto de procesos, que pueden clasificarse en básicos y de soporte. Los primeros tienen la misión de delimitar las actividades, el tiempo y el costo del proyecto, por su parte los procesos de soporte buscan la obtención de un plan coherente y coordinado que facilite la ejecución. El plan integrado del proyecto está conformado entonces por:

-          El plan de gestión del alcance del proyecto
-          El plan de gestión del tiempo del proyecto
-          El plan de gestión de los costos del proyecto
-          El plan de gestión de la calidad del proyecto
-          El plan de gestión del recurso humano del proyecto
-          El plan de gestión de las comunicaciones del proyecto
-          El plan de gestión de los riesgos del proyecto
-          El plan de gestión de la procura o adquisiciones del proyecto

Como podemos observar, no son pocas las materias sobre las que tenemos que detenernos a pensar antes de comenzar con la ejecución del proyecto, ya que sería contraproducente dejar al azar cualquiera de estas áreas. Si por ejemplo, no planificamos el alcance no estaremos en capacidad de saber cuál es el trabajo necesario que debemos hacer para cumplir con los objetivos, si descuidamos el tiempo seguramente tendremos retrasos en la ejecución, si no planificamos y estimamos bien los costos, estos se nos irán de las manos y así sucesivamente hasta llevarnos a un seguro desastre.

En lo particular pienso que contar con un mapa que nos indique los pasos que debemos ir siguiendo es una gran ventaja, para nada reñida con la creatividad. Tener un plan y documentarlo no necesariamente indica que este deba ser rígido y no admita cambios o un poco de improvisación en caso de que sea necesaria.

Partiendo de un buen plan seguramente nos será más sencillo innovar, mejorando la manera en que hacemos las cosas y teniendo además instrumentos para registrar y medir estas mejoras. Imaginemos por un momento que sería de una orquesta sinfónica si sus integrantes no contaran con las partituras que deben interpretar en un concierto en la Scala de Milán, ¿se atreverían a salir al escenario e improvisar?, ¿asumirían los costos de un posible fracaso ante un público tan exigente?, ¿no es mejor tener un plan que nos libere de la constante incertidumbre?

Bibliografía consultada:

Palacios, L. (2005). Gerencia de Proyectos un Enfoque Latino. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas, Venezuela. 

PMI. (2004). Guía de los Fundamentos de la Dirección de Proyectos. Project Management Institute. Pennsylvania. Estados Unidos de América. 

La gestión profesional de proyectos ¿moda o necesidad empresarial?



En la actualidad las empresas se enfrentan a mercados globalizados, lo que las expone a un alto nivel de competencia y a la exigencia de adaptarse continuamente a nuevas condiciones para no quedar fuera de carrera.

Este proceso de adaptación empresarial está regido por la constante identificación de necesidades, tanto internas como externas a la organización, y la planificación y desarrollo de proyectos para satisfacer estos requerimientos.

Dada la escasez de los recursos, a la que toda empresa está sujeta, estos deben ser utilizados de la manera más efectiva y eficiente en proyectos con un verdadero impacto estratégico, los cuales deben ser gestionados de manera tal que cumplan con los objetivos propuestos dentro de los márgenes de la planificación.

En este blog no han sido pocas las veces que hemos conversado sobre la importancia de la gestión profesional de proyectos y la utilización de las mejores prácticas para garantizar el buen tránsito por todas las etapas del ciclo de vida de cada iniciativa emprendida. 

Es aquí donde se convierte en un factor crítico para toda organización, independientemente de su tamaño, el contar con profesionales en la gerencia de proyectos. Que con una visión estratégica estén en la capacidad de organizar y liderar un equipo de trabajo, capaz de llevar a buen puerto cada emprendimiento. 

En un contexto signado por la crisis, el control de los costos, el tiempo y la calidad del proyecto cobra mayor relevancia, debido al incremento de los riegos y a la obligación de no malgastar ni un solo centavo. Es por todas estas razones que la gerencia profesional de proyectos es definitivamente una necesidad para las organizaciones modernas y no una moda que cambiara en la siguiente temporada.

Este artículo forma parte de un blogroll donde está participando un grupo de profesionales de la gerencia de proyectos con artículos muy interesantes, los invito a seguirlo a través de twitter con la etiqueta #PMideas o por el listado que les dejo a continuación:



La gerencia de proyectos, un asunto de sentido común


Esta semana es mi cumpleaños número 34, por esa razón decidí escribir un post dedicado al proyecto más importante que he venido gestionando desde que tengo uso de razón, mi vida. Siempre he sostenido que cada uno de nosotros, independientemente de nuestra formación, es un gerente de proyectos ya que nos fijamos metas, planificamos, calculamos costo, estimamos tiempos, determinamos calidad, medimos riesgos y ejecutamos con la finalidad de alcanzar o convertirnos en esa persona que hemos soñado ser en el futuro. Por esta razón, cada vez que doy un taller de proyectos le digo a los participantes, que salvo algunas técnicas, la gestión de estas actividades no tiene ningún misterio, es simplemente observar como llevamos nuestra vida y aplicar los mismos procedimientos que realizamos diariamente en un ámbito profesional.

Podemos considerar entonces que la vida es un gran plan, conformada por muchos proyectos que vamos desarrollando a lo largo de ella, alcanzando metas de corto y mediano plazo que nos llevan hacia un objetivo definitivo, que en la mayoría de los casos, no es otro más que la ansiada felicidad que todos esperamos obtener. Para no ponernos filosóficos con el tema, les comento sobre el próximo proyecto que pienso llevar a cabo y de cómo lo he planificado y voy ejecutándolo. Seguramente ustedes pensarán que procedo de esta manera por mi formación, sin embargo se darán cuenta que es más un asunto de sentido común que de conocimiento académico.

Mi próximo proyecto consiste en realizar estudios de maestría en ciencias económicas, con el objetivo de alcanzar un grado más en mi carrera profesional. Para tal fin he venido planificando esto desde hace algún tiempo y aquí les dejo un pequeño resumen de cómo me he organizado.

En principio partí de una necesidad personal, mejorar mi perfil profesional para hacerme más competitivo en los mercados laborales, además de un gran interés que siento por estudiar y aprender cosas nuevas constantemente.

A partir del diagnóstico de esta necesidad, me plateé entonces realizar un postgrado en economía y comencé a buscar ofertas en universidades en Latinoamérica. Envié correos electrónicos preguntado sobre pensum, costos, lapsos, etc., de manera tal que pudiese evaluar cada una de las opciones que se me presentaban para poder elegir a donde ir. Con los pensum e información sobre las universidades pude determinar la calidad del producto final que espero obtener y con los costos y los lapsos pude comenzar a armar mi presupuesto.

Una vez que tenía la información sobre las universidades, comencé a investigar sobre las condiciones para vivir y trabajar en esos países mientras realizo mis estudios, costos de alquileres, víveres, transporte, facilidad para obtener una residencia temporal, índice de seguridad, etc., con lo que arme un pequeño perfil de cada una de las ciudades que había tomado en cuenta.

Con estos perfiles listos y una idea de lo que serían mis gastos y el tiempo de estadía, evalué mis diferentes posibilidades y tomé una decisión de hacia donde dirigirme (el nombre de la ciudad y el país me los reservaré por los momentos).
Ya con esta decisión tomada, comencé a realizar un conjunto de actividades simultaneas:

- Investigar los requisitos de admisión en cada una de las universidades que imparten el programa que quiero estudiar.

- Investigar sobre las mejores zonas para vivir y el precio de los alquileres

- Ahorrar un porcentaje de mi salario para poder mantenerme durante este período de estudios

- Visitar el consulado para enterarme de los tramites que debo realizar para obtener una visa y una residencia temporal

- Investigar sobre el costo de los boletos aéreos
Entre otras cosas.

Al final de este proceso, obtuve un presupuesto bastante preciso de mi proyecto, la duración, que será de dos años, envié mis solicitudes de admisión a las universidades que elegí y emprendí una planificación financiera que permitirá costear mis estudios y estadía.

Luego de ser admitido por dos de las universidades, el siguiente paso fue seleccionar una fecha de viaje y la compra del boleto aéreo. Además de agilizar algunos trámites nacionales para la adquisición de divisas.

En esta etapa me encuentro hoy en día, aun me quedan algunos pasos para culminar con la fase de planificación y preparación de mi proyecto, como alquilar un pequeño apartamento donde vivir durante la ejecución. En definitiva mi proyecto comienza en marzo de 2.011 y culminaría en diciembre de 2.012.

Como verán, realizando todas las actividades que les comenté en los párrafos anteriores utilicé metodología de proyectos:

1.- Identifique necesidades
2.- Determiné los objetivos
3.- Realicé una investigación de mercado
4.- Elaboré una lista de actividades
5.- Establecí un presupuesto y cronograma preliminar
6.- Evalué la factibilidad de las diferentes opciones que se me presentaron
7.- Tome una decisión sobre el mejor camino para lograr mi objetivo
8.- Tome acciones para comenzar a ejecutar mi proyecto en la fecha prevista

Se preguntarán si me he detenido a analizar los riesgos de este emprendimiento, y por supuesto que lo he hecho. Entre los que he identificado están la posibilidad de que no sea sencillo conseguir un empleo, el aumento en los precios de la ciudad donde residiré, el cambio de la política cambiaria en mi país, etc., y en buena medida he estructurado algunas estrategias que me permitirán mitigar los efectos de la materialización de cualquiera de estas situaciones.

Debo confesarles que para realizar esto en ningún momento me senté formalmente, como lo hago con los proyectos de trabajo, a escribir un plan, desarrollar un Gantt, etc., es un asunto más de lógica que de otra cosa.

En conclusión lo que quería mostrarles es que si ponemos atención a todos los pasos que damos en la vida para alcanzar nuestros objetivos, nos daremos cuenta que somos los gerentes de nuestros propios proyectos, desde estudiar una carrera universitaria, comprar una casa, adquirir un carro, casarnos o tener hijos, pasan por un proceso de planificación y ejecución, que en ningún momento está reñido con la emoción que ponemos en cada una de las cosas que hacemos en nuestra vida, simplemente nos permiten que alcancemos nuestros objetivos como seres humanos y minimicemos los riegos, garantizándonos en la medida de lo posible el éxito y la felicidad en nuestro gran plan.

Saludos a todos y nos leemos la próxima semana.