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El valor estratégico de la gestión de proyectos


 
2 Trillones de dólares son malgastados anualmente en la gestión de proyectos a nivel mundial, el 9,9% de cada dólar invertido, lo que se traduce en un millón de dólares que se desperdicia cada 20 segundos. Estas cifras nos las presenta el reporte Pulso de la Profesión del PMI® de este año y, aunque ha habido un aumento en la profesionalización de la gestión de proyectos y un mejor desempeño de las organizaciones en este sentido, la pérdida se ubicaba anteriormente en 13,5% de cada dólar, los montos de dinero mal gastado y el costo de oportunidad asociado es inmenso.
Según el mismo reporte esta situación es la consecuencia de 3 factores fundamentales:
1.- La incapacidad organizacional de cerrar la brecha entre el diseño estratégico y la entrega de valor.
2.- El que los ejecutivos de la organización no reconozcan que la estrategia se implementa a través de la gestión de proyectos.
3.- La falta de compresión, en el resto de la organización, de la importancia que tiene la gestión de proyectos como conductora de la estrategia.
Los “champions” de la gestión de proyectos, aquellas organizaciones que completan 80% o más de sus proyectos en el tiempo y con el presupuesto planificado, alcanzando los objetivos y generando valor para la organización y el entorno, son aquellos que comprenden que la visión estratégica se alcanza a través de una gestión de proyectos profesional o que implique el uso de las mejores prácticas.
Un repaso a la planificación y gestión estratégica
La planificación estratégica de una organización comienza con la definición de una visión, cómo queremos o en qué lugar aspiramos que esté la organización en el largo plazo, generalmente 5 o 10 años. Seguida de la misión, que responde a qué hace la organización para alcanzar ese ideal de largo aliento.
Se definen también los valores organizacionales y se determina, a través de un análisis de entorno interno y externo, cuáles son las fortalezas, áreas de mejora, oportunidades y amenazas que enfrenta la organización, dando paso a la archiconocida matriz DOFA.
El análisis de esta matriz, que consiste en cruzar sus celdas, oportunidades/fortalezas, oportunidades/debilidades, amenazas/fortalezas y amenazas/debilidades deriva en la definición o establecimiento de los objetivos estratégicos de la organización, aquellos que debe lograr, con los recursos con los que cuenta y debe procurarse, para aprovechar las oportunidades y minimizar las amenazas, dirigiéndose hacia su visión estratégica.
Y es aquí en donde entran los proyectos, los objetivos estratégicos son por lo general de gran magnitud, y deben desgranarse para dar paso a objetivos mucho más sencillos y posibles de manejar. En pocas palabras alcanzar un objetivo estratégico depende de la gestión de uno o más proyectos y por supuesto de que estos logren el resultado esperado y agreguen valor, cumpliendo con la triple restricción.
Supongamos por un momento que existe para una organización la oportunidad de ganar una mayor cuota de mercado, pero, no cuenta con los recursos humanos y tecnológicos suficientes (oportunidad/debilidad). El objetivo estratégico que se plantea entonces podría ser el siguiente: Incrementar la cuota de mercado de la organización de un 10% a un 20% en los próximos dos años.
Para lograr este objetivo de gran magnitud la organización podría contemplar el logro de los siguientes objetivos, a través de la gestión de los proyectos relacionados:
1.- Diseñar y poner en práctica un programa de reclutamiento y formación de personal de ventas para la atención de clientes potenciales que permita aumentar las tasas de conversión y la participación en el mercado, para el primer semestre del año en curso.
2.- Crear un nuevo producto para incrementar la oferta de la organización y atraer nuevos clientes para el segundo semestre del año en curso.
3.- Desarrollar e implementar un sistema de mercadeo para la generación de leads, utilizando los canales tradicionales y digitales, para el primer semestre del año en curso.
Y así sucesivamente. Los proyectos son entonces los instrumentos a través de los cuáles las organizaciones adquieren las capacidades necesarias para llevar adelante su estrategia y alcanzar su visión. Bien sea desarrollando capacidades internas o productos y servicios de cara al mercado.
He aquí la importancia estratégica de los proyectos y de que estos sean gestionados de la mejor manera posible, sin proyectos las organizaciones no serían capaces de implementar las estrategias que las llevarían al logro de los objetivos estratégicos y de la visión, por otro lado una gestión mediocre pone en riesgo los recursos y supervivencia organizacional y definitivamente no nos lleva a ese destino que hemos definido para nuestra empresa.
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El Coaching y la gestión de proyectos, impresiones de un aprendiz


Hace poco comencé formalmente mi camino en el Coaching, disciplina sobre la que ya había estado leyendo y que está muy relacionada con la gestión de proyectos, sobre todo aquellos de tipo personal. En este post me gustaría comentarles sobre las repercusiones tempranas, pero poderosas, que mi acercamiento a esta disciplina ha tenido sobre mis iniciativas personales y mi desempeño como profesional en la gestión de proyectos.
Es hora de re-evaluar todo
El proceso de Coaching comienza definitivamente con un trabajo personal de quien aspira a convertirse en coach en el mediano plazo, a medida que se aprende sobre la disciplina comienzan a aparecer preguntas que buscan validar o no nuestro estilo de vida, nuestras metas, los cursos de acción que hemos tomado, los resultados que hemos obtenidos y sobre todas la cosas si nos sentimos realmente satisfechos.
Seguramente estarán de acuerdo con la idea de que es imposible ser un buen coach si no comenzamos aplicando lo aprendido a nuestras vidas, por aquello de comulgar con el ejemplo. En lo personal, como buen planificador que soy, comienzo cada año elaborando una lista de objetivos que quiero cumplir, asociados a un plan de acción y a mi visión personal. Este primer acercamiento al Coaching me ha ayudado a validar dicha visión y a diferenciar entre mis expectativas de lo que quiero ser y las expectativas que los otros tienen sobre mí (lo que los demás creen o esperan que debería ser y hacer).
En este sentido y en mi opinión de aprendiz, el Coaching es una herramienta liberadora que nos permite tener una mejor perspectiva de nuestro propósito y nos ayuda en la difícil tarea de jugar un doble rol, el de líder y cliente/usuario, de nuestro proyecto de vida.
Adicionalmente, nos ayuda a ser más selectivos con los proyectos o acciones que nos proponemos desarrollar, cuestionándonos si efectivamente aportan a nuestra visión, lo que se parece bastante a la gestión de cartera de una organización.
Para ponerlo en términos técnicos, el Coaching en una herramienta estratégica que nos permite alinear, a nivel personal, nuestros proyectos con la visión de mediano o largo plazo que tenemos sobre nosotros mismos. Durante el proceso, a través de la observación y las preguntas que nos hacemos, levantamos nuestros requerimientos y expectativas, definimos nuestras necesidades y objetivos, elaboramos y ejecutamos planes de acción y los monitoreamos, todo esto en el marco de lo que queremos ser una vez hayamos transitado del famoso punto A al B.
Desde la profesión
En mi trabajo diario, como líder de proyecto y facilitador, he ido incorporando las pocas herramientas que he adquirido hasta ahora para mejorar mi desempeño. He agudizado mi poder de observación y escucha, para entender y no para responder, con mis colaboradores y con los jóvenes con quienes comparto conocimiento.
El Coaching nos ayuda a poner en práctica aquello, de lo que ya hemos conversado con anterioridad, de preguntar en vez de suponer. Lo que nos permite conocer la visión y las expectativas de quienes trabajan a nuestro lado y del resto de los stakeholders, sobre el proyecto o las actividades que estamos realizando.
Aun me queda mucho que aprender para convertirme en un coach profesional, lo que si les puedo decir es que hasta el momento solo he tenido beneficios de esta nueva herramienta. A pesar de que en un inicio se experimenta confusión y constantemente comenzamos a cuestionarnos todo, de esta crisis inicial solo puede salir una persona con una mayor claridad de hacia dónde quiere ir, los proyectos que quiere desarrollar y una mayor posibilidad de éxito y de ser feliz.