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Comunica los beneficios de tu proyecto




En otras oportunidades hemos conversado sobre la importancia que tiene entender las necesidades y expectativas de los clientes y beneficiarios de un proyecto social para poder generar bienes y/o servicios que estos estén dispuesto a adquirir y utilizar. Sin embargo, esta puede ser solo una condición necesaria para que logremos la transformación que esperamos a través del proyecto, complementándose con la capacidad que tengamos para comunicar, y hacernos entender de manera clara y sencilla, cuáles serán los beneficios que recibirá la población objetivo de los productos de la intervención.
Actualmente tengo la fortuna de participar en una iniciativa, que a pesar de no ser un proyecto social, tiene un gran potencial para mejorar la calidad de vida de un gran número de personas, a través de la tecnología, capacitándolos para prestar servicios de calidad y gestionar sus pequeñas y medianas empresas de manera más eficiente y vinculándolos al mercado a través de un marketplace.
En este andar nos hemos preguntado cómo hacer para que más clientes potenciales decidan unirse a nuestra comunidad y aquí les cuento un poco de la estrategia comunicacional que hemos puesto en marcha:
En primer lugar hemos estructurado un mensaje en el que destacan todos los elementos de nuestra oferta de valor. Le contamos a nuestros potenciales clientes, de la manera más clara y sencilla que hemos sido capaces, cuáles son todos los atributos que tiene nuestro producto, propios y asociados, y cómo pueden obtener beneficios de estos.
En segundo lugar le dejamos saber a nuestros potenciales clientes qué tan importantes son para nosotros. No aspiramos a establecer con ellos una relación meramente transaccional, de hecho no los llamamos clientes sino aliados y queremos conformar con ellos una comunidad.
En tercer lugar hacemos uso de la aversión a la pérdida. Estamos convencidos de que nuestra oferta de valor impacta positivamente en la vida de nuestros aliados y por esto los invitamos, sutilmente, a que no se pierdan todos los beneficios que pueden disfrutar siendo parte de nuestra comunidad.
En cuarto lugar valorizamos la actividad productiva de nuestros potenciales clientes, esperamos contar en nuestra comunidad con los mejores y les comunicamos nuestro interés de que ellos formen parte de este grupo.
Cuando gestionamos un proyecto y este genera un bien o un servicio, quienes estamos involucrados en el proceso entendemos casi a la perfección cómo estos dan solución a una necesidad y son capaces de crear más bienestar. Aunque el entenderlo nos lleve a pensar que también nuestros clientes lo hacen, esto no necesariamente es así, sobre todo cuando hay elementos de nuestra oferta de valor que no son atributos directos del producto, por esta razón es necesario comunicar, comunicar y comunicar hasta estar seguros de que nos estamos explicando bien.
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¿Qué tengo que hacer para que usted esté muy bien?



El título de este post hace referencia a una experiencia que tuve hace unos años en el restaurante de un hotel, en el que me encontraba por razones de trabajo, mientras desayunaba se acercó a la mesa uno de los meseros y me preguntó cómo estaba, al responderle que bien, se preocupó y exclamo ¡¿bien?! Y seguidamente me preguntó ¡¿qué tengo que hacer para que usted esté muy bien?!

Esta anécdota sirve de ejemplo y para conversar un poco sobre la actitud que se debe tener a la hora de establecer relaciones con los clientes del proyecto, siendo esta un elemento a tomar en cuenta por el equipo de gestión, en el desarrollo de una estrategia de diferenciación del producto o servicio que se comercializará en el mercado. 

Enfocarnos en prestar una buena atención a nuestros clientes, desde que levantamos sus requerimientos hasta el servicio post venta, nos permite establecer con ellos relaciones de largo plazo. Ya que el proyecto no solo se enfocaría en satisfacer una necesidad diagnosticada, a través de la venta de un producto o servicio, sino que además se propondría mejorar la experiencia del cliente, agregando valor a la propuesta comercial a través de una atención de calidad. 

El equipo de gestión del proyecto, en conjunto con quienes se encargarán de la comercialización del producto o servicio, deben pensar en el cliente más como un aliado, interesándose por su bienestar, que como un simple consumidor de mercancías. Esta relación se puede modelar como un juego que se repite infinitamente y que se basa en la confianza de que cada una de las partes cumplirá con los compromisos que haya adquirido, en otras palabras si queremos clientes fieles a nuestros productos o servicios, y que además los recomienden, debemos mantenerlos satisfechos, de lo contrario solo estaremos en la capacidad de establecer relaciones de corto plazo con ellos y si no prestamos atención a los detalles, hasta una mala publicidad. 

Los proyectos más exitosos son aquellos que van más allá de la mera satisfacción de la necesidad evidente, agregando un extra en la procura de un mayor bienestar y la mejora en la calidad de vida del cliente. Debemos recordar entonces que si nuestro cliente está bien, debemos hacer lo posible, dentro de nuestras capacidades, para que esté ¡MUY BIEN!