El Business Case y su importancia para la gestión de proyectos


 
El desarrollo de todo proyecto llevado a cabo por una organización está justificado por su carácter estratégico, con esto hago referencia a que la iniciativa esté enmarcada en la visión y aporte a esta a través de sus productos y el impacto generado. En mercados cada vez más dinámicos las razones de ser de un proyecto pueden desaparecer en cualquier momento del ciclo de vida, ejemplos como el cambio en las preferencias de los consumidores, las reglas de juego, las variables macroeconómicas o las acciones de nuestros competidores podrían en cualquier momento afectar negativamente la factibilidad.
Para documentar el por qué realizamos un proyecto y hacer seguimiento de que su justificación se mantenga a lo largo de todo el ciclo de vida, desarrollamos lo que se conoce como un caso de negocio o Business Case. Este nos sirve de apoyo para tomar la decisión de invertir recursos en el proyecto, tanto al inicio como durante toda la gestión y es una entrada esencial para el desarrollo del Acta de Constitución del Proyecto o Project Charter.
Siguiendo la metodología PRINCE2 el Business Case está compuesto por:
  • Un resumen ejecutivo
  • Las razones por las cuales se desarrollará el proyecto desde el punto de vista estratégico, comercial, técnico, legal y/o social
  • Las opciones comerciales o diferentes cursos de acción para abordar el problema, incluyendo la opción de no hacer nada
  • Los beneficios esperados
  • Los contra-beneficios esperados, qué o quienes salen perjudicados por el desarrollo del proyecto
  • Un calendario preliminar
  • Un presupuesto preliminar
  • La evaluación de la inversión, contemplando el cálculo de variables como el VPN, la TIR y/o el análisis costo beneficio
  • Los riesgos principales
El caso de negocio se desarrolla, preliminarmente, en la fase de pre – proyecto, se refina en la fase de definición o planificación y se va revisando y actualizando a lo largo de toda la ejecución, con la finalidad monitorear y controlar que el proyecto se mantenga deseable, existiendo una relación positiva entre el costo – beneficio y los riesgos, viable, que sea capaz de entregar los producto planificados y alcanzable, que los producto puedan proporcionar los beneficios esperados.
Tener conciencia de que el Business Case no es un documento que se realiza antes y durante el inicio del proyecto y luego se deja olvidado nos permite utilizarlo para, de alguna manera, garantizar el uso eficiente de los recursos de la organización, invirtiéndolos en iniciativas que generarán valor. Adicionalmente, trabajar en la actualización continua del caso de negocio es un buen antídoto contra el sesgo de los costos hundidos, del que ya conversamos en una oportunidad, y que nos lleva a seguir aplicando recursos en iniciativas condenadas al fracaso bajo la ilusión de no perder todo lo que hemos invertido en el pasado, permitiéndonos cerrar el proyecto antes de que aumenten las pérdidas y redirigir los recursos a donde sean más rentables.
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¿Qué clase de líder de proyectos quieres ser?


Vivimos en mundos interpretativos, esto quiere decir que cada uno de nosotros percibe la realidad de manera diferente, de acuerdo a nuestra educación, creencias, contexto social y cultural, entre otras cosas. Nuestro observador condiciona nuestro mundo y el tipo de gerente o líder de proyecto que somos.
 
Rafael Echeverría y Alicia Pizarro en su interesante artículo El Fenómeno de Callar y las Rutinas Defensivas en la Organización, identifican a dos clases de observadores, el de enfoque único y múltiple:
 
El observador de enfoque único es aquel que cree que su manera de mirar el mundo y de hacer las cosas es la correcta y la mejor, por esta razón busca imponerla. Desestima la visión de los demás al considerarla limitada con respecto a la suya, siempre tiene la razón.
 
Un gerente de proyectos de enfoque único, en función de que las cosas se hagan como “propone”, intentará en primer lugar convencer a los miembros del equipo de trabajo, pero, en caso de que no lo logre utilizará su autoridad para imponer su criterio, llegando al extremo de tratar de neutralizar y hasta eliminar, en sentido figurado, las voces disidentes. Creo que no es necesario comentar cómo serían las relaciones y el trabajo en un “equipo” “liderado” por un gerente de proyectos de este tipo.
 
El observador de enfoque múltiple por el contrario entiende que su visión de la realidad no es la única y valora el que existan otras, ya que las considera como posibilidades para el aprendizaje.
 
Un gerente de proyecto que sea este tipo de observador generará espacios para que los miembros de su equipo aporten ideas, y escuchen las de los otros, que permitan enriquecer las soluciones y cursos de acción a tomar en el marco de la iniciativa.
 
Para este fin el gerente de proyectos puede utilizar lo que Echeverría define como las dos modalidades del habla, la proposición para compartir la visión propia y la indagación para conocer la de los demás, en un marco de respeto por el otro. De esta manera, se genera confianza en el equipo, se empodera a sus miembros y somos capaces de innovar.
 
¿Qué clase de líder de proyectos quieres ser?
 
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Los 7 principios de PRINCE2®


 
Hace poco tuve la oportunidad de realizar un curso y certificarme en la metodología PRojects IN Controlled Environments 2, mejor conocida como PRINCE2®, en su versión foundation. Este fue mi primer acercamiento formal a una metodología sobre la que había escuchado y leído poco en este lado del mundo, dominado al menos comunicacionalmente por los marcos de trabajo del PMI®.
 
Una de las cosas que más llamó mi atención sobre PRINCE2® es que está basada en 7 principios o fundamentos, que podríamos considerar filosóficos, y que son una condición esencial para que un proyecto pueda gestionarse con esta metodología. Para aquellos que no están familiarizados con PRINCE2®, los comparto y comento a continuación:
 
Justificación comercial continua: todo proyecto se realiza porque tiene una razón de ser, cumplirá con unos objetivos y generará una transformación que beneficiará a una comunidad, incluyendo a la organización que lo gestiona. Sin embargo, esta justificación puede desaparecer en el tiempo, debido al cambio en las condiciones del entorno por ejemplo, lo que nos debería llevar indefectiblemente al cierre del proyecto.
 
Bajo la metodología PRINCE2® es importante que revisemos la justificación comercial, la capacidad de generar beneficios, del proyecto a lo largo de todo el ciclo de vida, para garantizar que esta no ha desaparecido y seguir invirtiendo recursos en su gestión. Este principio nos permite escapar del sesgo de los costos hundidos y de malgastar recursos que podrían ser utilizados de una mejor manera.
 
Aprender de la experiencia: todos sabemos de la capacidad que tienen los proyectos para generar aprendizaje y de la importancia de recoger estas lecciones como activos de la organización. Para PRINCE2® el aprender de la experiencia no se limita solo al registro de lecciones aprendidas para ser aplicadas en el futuro, estas deben utilizarse en el proyecto en marcha y ser comunicadas a toda la organización, para considerar que se está cumpliendo con el principio. Una lección aprendida es un cambio implementado y comunicado.
 
Roles y responsabilidades definidas: PRINCE2® busca establecer una clara estructura  organizativa para cualquier proyecto gestionado bajo esta metodología, que esté cónsona y en la que se vean representados los intereses del patrocinador, los usuarios y los proveedores del proyecto. Para lograr este fin, los participantes deben conocer sus roles, responsabilidades y límites de autoridad.
 
Gestión por fases: el mundo y las condiciones a las que están sometidos los proyectos cambian constantemente, por esta razón PRINCE2® sostiene que las iniciativas deben ser gestionadas por fases. Es decir, se realiza un plan general al principio del proyecto, pero, al inicio de cada una de las fases del ciclo de vida el gerente o líder de proyecto, y su equipo, deben planificar como será gestionada y controlada cada una de estas, de manera que pueda incorporarse la información necesaria para afrontar las transformaciones del entorno y minimizar el impacto de estas en la viabilidad del proyecto.
 
Gestión por excepción: la toma de decisiones en un proyecto no puede estar condicionada por el tiempo que tengan sus ejecutivos o responsables para tomarlas. Este principio de la metodología PRINCE2® busca la correcta delegación de tareas, la fijación de controles y de mecanismos de garantía con la finalidad de que cada una de las decisiones se tome en el nivel adecuado, ahorrando el tiempo de quienes dirigen la organización.
 
Enfoque en los productos: la metodología PRINCE2® se centra en la definición y entrega de productos y en las condiciones que estos deben tener para satisfacer a las partes interesadas y ser aceptados una vez que han sido generados.
 
Este principio es importante porque busca el entendimiento con y entre los interesados para que sus necesidades y expectativas sean tomadas en cuenta y se llegue a un acuerdo de cómo estás estarán expresadas en el producto del proyecto. Tratando de evitar cambios en el alcance que llevan a re-trabajar y la insatisfacción de los usuarios.
 
Adaptación para corresponder a un entorno concreto: la metodología PRINCE2® es genérica y se adapta a todo tipo y tamaño de proyecto y a cualquiera que sean las condiciones en las que este se gestionará, trátese de entorno social, político, cultural, sectorial u organizacional. Este principio busca que la gestión del proyecto se adapte a las necesidades de este.
 
Por si quieren conocer más de PRINCE2® les dejo el siguiente link con un video.

https://www.youtube.com/watch?v=61RnrsWQE7A
 
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Cómo hacer que nuestros propósitos de año nuevo se conviertan en proyectos exitosos



La mayoría de nosotros comienza cada año con un conjunto de propósitos, cosas o estados que queremos alcanzar para sentiros mucho más satisfechos de lo que estamos, bien sea en el plano personal o profesional. Hace unos día leí una infografía, que les dejo al final del artículo, en donde se hace referencia a un estudio realizado por la Universidad de Scranton sobre “cuánto tiempo aguantamos las personas antes de abandonar nuestros propósitos de año nuevo” evidenciando que solo el 8% es capaz de lograr sus objetivos.
 
Un propósito es simplemente una idea y para concretarla esta se debe convertir en un proyecto, en lo personal pienso que las herramientas de la gerencia estratégica y de proyectos nos pueden ser útiles para pertenecer al exclusivo club del 8% ¿Qué hacer?
 
En primer lugar, y en mi opinión lo más importante, es que formulemos una visión de nosotros mismos al final del año que recién comienza. Respondamos a la pregunta ¿cómo me veo en el futuro? para brindarnos un norte hacia el que transitar durante el año y validar cómo cada uno de nuestros propósitos, bajar de peso, aprender algo nuevo, cambiar de trabajo, comprar un auto, etc., nos acerca a este.
 
En segundo lugar conozcamos cuáles son nuestras fortalezas y debilidades, para aprovechar las primeras y trabajar en las segundas, en pos del logro de nuestros objetivos.
 
Luego, entendamos el entorno al que nos enfrentamos. Lamento decirles esto, pero, el logro de lo que nos proponemos no solo depende del esfuerzo que le pongamos, existen muchísimas variables externas que pueden afectar, positiva o negativamente, la probabilidad de alcanzar el resultado esperado o al resultado mismo.
En cuarto lugar elijamos esos propósitos que nos llevarán a ese nuevo ideal personal y convirtámoslos en objetivos. Escribirlos es una buena estrategia para tenerlos más claros, podemos utilizar la metodología SMART, especificando qué es lo que realmente queremos alcanzar, cómo iremos midiendo el avance y el logro final de nuestro propósito, qué tan alcanzable es, cómo aporta a nuestra visión y relacionándolo con un momento en el tiempo para materializarse.
No es lo mismo decir quiero bajar de peso a escribir quiero bajar 10 kilogramos de peso en 5 meses, perdiendo 2 kilogramos mensuales, esto me ayudará a ser más saludable y a tener una mejor imagen física y puedo lograrlo porque cuento con los recursos para alimentarme más sanamente y asistir a un plan de entrenamiento, por ejemplo.
En quinto lugar, hagamos un plan para alcanzar cada uno de los propósitos u objetivos que nos hemos planteado, determinemos cuáles son los pasos necesarios para lograrlos, qué necesitamos, cuánto nos costará, qué tiempo nos llevará y qué cosas podrían pasar en el camino que interfieran en nuestro plan.
En sexto lugar, como dicen en mi país Venezuela, a echarle b#$%& ganas. Al tener un plan, y haber invertido tiempo en los pasos previos, no nos queda más que ejecutar e ir midiendo nuestro progreso. En este sentido es importante que la medición sea lo suficientemente espaciada en el tiempo para que podamos observar los avances y no nos desanimemos en el camino. En caso de que no nos estemos desplazando hacia el objetivo, revisemos y cambiemos el plan, pero, no abandonemos el propósito.
Otra clave importante es que si tenemos propósitos muy ambiciosos, tratemos de dividirlos en pequeños objetivos que sean más alcanzable, eso que los teóricos llamamos victorias tempranas y por supuesto celebremos cada una de ellas para mantenernos en el camino.
Al finalizar cada año tenemos la costumbre de pedir, desear y proponernos cosas, muchas veces solo se quedan en el discurso o pensamos que nos caerán del cielo. La realidad es que para alcanzar lo que queremos tenemos que trabajar en ello y hacerlo con la metodología de proyectos, aunque no nos garantiza 100% el éxito, nos acerca a este.
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En qué proyectos se puede invertir en Venezuela


 
¿Invertirían su dinero en una economía en crisis, con hiperinflación, controles, riesgo de confiscación y escasez entre otras cosas? De hacerlo ¿qué rendimiento esperarían obtener? Paradójicamente, la Venezuela de hoy es un campo fértil para el desarrollo de proyectos, existen necesidades de todo tipo que pudieran ser atendidas, pero las condiciones no son las idóneas para invertir y si se hace, la tasa esperada de retorno debería ser superior a varios miles por ciento para estar por encima de la inflación y compensar el riesgo asumido.
Este entorno espantaría a cualquier inversionista o emprendedor, si nos comportáramos de manera racional, al fin y al cabo son muy pocos los proyectos y negocios capaces de generar el flujo de caja suficiente para sobrevivir en él. Pero gracias a esos sesgos del optimismo excesivo y de la planificación que caracterizan a quienes aman el riesgo, aún en Venezuela hay quienes invierten en proyectos y crean productos y servicios rentables.
Tomando en cuenta solo el aspecto financiero ¿en qué tipo de proyectos podemos invertir hoy en Venezuela?
En primer lugar, podemos invertir en proyectos orientados a mercados con bajas barreras a la entrada y a la salida. Aquellos cuya inversión inicial es baja y en caso de que no produzcan los resultados esperados, sus recursos pueden ser fácilmente reasignados a proyectos o actividades más rentables.
Un ejemplo de esto podrían ser proyectos para el desarrollo de empresas o de servicios orientados a la consultoría y/o la capacitación, en los que la inversión está constituida generalmente por el conocimiento de quien emprende el proyecto y un conjunto de activos genéricos como un laptop, un proyector, entre otras cosas. Este tipo de servicios, de muy buena calidad, pueden ser ofrecidos en el mercado interno por una fracción de lo que cuestan en los mercados internacionales y con una estructura de costos relativamente baja.
En segundo lugar, y una de las alternativas más populares, es invertir en iniciativas que generan servicios para el mercado externo. La creación de empresas que gestionan proyectos de programación, diseño, generación de contenidos, consultoría, capacitación, entre otros servicios para la exportación es muy rentable en Venezuela.
El costo de la mano de obra, por debajo del de los mercados internacionales, permite a este tipo de empresas ofrecer servicios muy competitivos en precio. Adicionalmente, mantener una estructura de costos en bolívares, que se devalúa constantemente, e ingresos en moneda extranjera es altamente rentable.
¿Y si somos irracionales?
La escasez de productos, generada por la caída en las importaciones y la parálisis de la producción nacional, ha dejado a una gran cantidad de la población desatendida. Esta situación adversa puede constituirse en una oportunidad para aquellas personas que abrazan el riesgo y que, conociendo el escenario nada alentador, están en la capacidad y disposición de invertir en proyectos para la creación de productos que atiendan la demanda interna.
Ante esta alternativa es muy difícil hablar de rentabilidad en el corto y mediano plazo, los costos se incrementan a diario, los precios están controlados y, aunque no fuese de esta manera, el empobrecimiento de la población no le permitiría costear productos con precios que aumenten constantemente. En mi opinión, para quienes elijan esta opción, la apuesta está en aprovechar la coyuntura y si pueden aguantar, posicionarse en un mercado para luego cosechar en mejores tiempos, que seguramente vendrán.
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Conversar para liderar proyectos


Los proyectos pueden ser entendidos como un conjunto de conversaciones en las que los involucrados afirman, declaran, enjuician y hacen promesas. Es importante que el líder de proyectos entienda y maneje estos cuatro actos lingüísticos básicos para poder guiar la iniciativa hacia el éxito, cumpliendo los objetivos y satisfaciendo las expectativas y necesidades de los stakeholders.

Sobre este tema conversé durante mi ponencia Conversar para liderar / Liderar para conversar en el XI Congreso de Gerencia de Proyectos organizado por el PMI Capítulo Venezuela. El poder generativo del lenguaje juega un papel fundamental en nuestro rol como líderes de proyectos, y en nuestra vida en general, ya que a través de este somos capaces de generar realidades diferentes tanto para nosotros como para el resto de quienes interactúan en el ecosistema constituido por el proyecto. El lenguaje nos permite coordinar la coordinación de acciones con otros o, para usar términos de la gestión de proyectos, planificar la planificación de las acciones que, en conjunto, llevaremos a cabo para lograr los objetivos.
“El lenguaje no es inocente” lo que decimos, lo que no decimos y cómo lo decimos tiene consecuencias y por ende supone el asumir un compromiso o responsabilidad. Cuando afirmamos algo nos comprometemos a presentar una prueba, si hacemos una declaración a contar con la autoridad y la fuerza para lograr que el mundo se adecúe a esta, si emitimos un juicio este debe estar fundamentado y si prometemos algo lo hacemos con sinceridad y contando con las competencias para cumplirlo.
Ignorar o no asumir estos compromisos, hablar sin conciencia, expone al líder y por ende al proyecto a varios riesgos. En primer lugar hacer afirmaciones falsas o declaraciones sin contar con la autoridad y el poder suficiente, pone en tela de juicio la credibilidad y reputación de quien lidera la iniciativa.
El hacer juicios infundados expone al proyecto a mayor incertidumbre, al ser estos las herramientas que utilizamos para tomar decisiones sobre el futuro en base a información del pasado. Adicionalmente, si confundimos los juicios con afirmaciones negamos la posibilidad de cambio y aprendizaje, para nosotros y quienes nos acompañan, el clásico es que él/ella o esto es así y no va a cambiar, cierra las puertas al crecimiento y las posibilidades.
Por último, hacer promesas, peticiones y/u ofertas, siendo insinceros o sin contar con las capacidades para cumplir con los compromisos adquiridos, imposibilita que coordinemos acciones con los otros y por supuesto que se complete el trabajo necesario para generar los entregables y cumplir con el objetivo del proyecto.
Sin el lenguaje nuestras capacidades estarían limitadas a lo individual, hubiese sido imposible que la humanidad llegase a donde lo ha hecho, solo imaginar cómo una sola persona hubiese sido capaz de construir una ciudad, una refinería y hoy un sistema de información complejo, nos da una idea de la necesidad e importancia que tiene el poder comunicarnos efectiva y eficientemente y llegar a acuerdos con los otros para trabajar en conjunto. El lenguaje definitivamente “moldea nuestra realidad” y la de nuestro proyecto.
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Mi mirada del XI Congreso de Gerencia de Proyectos del PMI Capítulo Venezuela


 
El pasado sábado 25 de noviembre se celebró en la ciudad de Caracas el XI Congreso de Gerencia de Proyectos organizado por el Capítulo Venezuela del PMI. Bajo el eslogan “Desarrollando competencias para promover el alto rendimiento” se dieron cita en la Universidad Metropolitana poco más de 400 profesionales para participar en 17 charlas, intercambiar experiencias y conversar sobre esta pasión que es la gestión de proyectos.
En lo particular, creo que es importante resaltar que en un país que atraviesa la peor crisis de su historia aún se puedan organizar y desarrollar eventos de esta magnitud y calidad, que además nos brindan la oportunidad de identificar oportunidades y compartir ideas para aportar en la construcción del país que queremos.
Tuve la oportunidad de asistir 5 de las ponencias. Para abrir la jornada Lourdes Medina nos contó, entre otras cosas, que los dominios de la gobernabilidad de proyectos, desde el enfoque organizacional, son la alineación con la estrategia, los riesgos, el desempeño y la comunicación. Seguidamente Jesús Rondón nos habló del mindfulness como herramienta para el manejo de las emociones durante la gestión de proyectos.
Franky Uzcátegui conversó sobre la transformación digital y la gestión del conocimiento, de esta ponencia rescato que dicha transformación no consiste en el uso de herramientas tecnológicas dentro de la organización, sino que estas sean parte integral de la estrategia y del hacer organizacional. Seguidamente participé en la interesante charla de Reny Quintero sobre inteligencia de negocios (BI) y como esta podría permitirnos la simplificación de procesos y de documentación durante la gestión de proyectos, adiós al papel y las múltiples versiones actualizadas de documentos. Yolibel Pedraza, en su ponencia Claves para el desarrollo nacional a través de la gerencia de proyectos, sostuvo que el gerente de proyectos es un agente de cambio y que la gerencia de proyectos puede transformar una nación en crisis en un territorio de oportunidades, haciendo énfasis en la necesidad de comunicarnos y construir acuerdos para este fin.
Para finalizar la tarde Lourdes Medina, Marcos Rojas, Reny Quintero y Nicolás Escobar conversaron en el foro, moderado por Eibor Lucena, La gerencia de proyectos, gestión tradicional, ágil e híbrida, del que la gran conclusión fue que los enfoques pueden integrarse perfectamente y que la gerencia de proyectos cuenta con la posibilidad de adoptar aquel que se adapte mejor a la iniciativa a ser llevada a cabo.
A lo largo de los tres congresos en los que he participado he notado como cada vez más se habla en la disciplina de su rol estratégico, el gerente de proyectos, e incluso el equipo, debe conocer cómo la iniciativa en la que participan aporta en la visión estratégica de la organización. También en las ponencias cada vez se habla más sobre las personas que sobre los procesos, el cliente, el equipo, el sponsor y el resto de los stakeholders se han convertido en los protagonistas al ir entendiendo que la gestión exitosa de proyectos depende en gran medida de las conversaciones y relaciones que establezcamos con estos. El debate, estéril en mi opinión, que buscaba resaltar la superioridad de alguno de los enfoques de la gestión de proyectos, agilidad vs. tradicional, ha ido dando paso al acuerdo sobre el poder integrador, que nos permite como gerentes y líderes de proyecto elegir el marco de trabajo que nos guiará, al final del día, a cumplir con nuestro verdadero rol, el de gestionar la creación de bienes y servicios que transformen la realidad de aquellos para quienes fueron creados.
En definitiva, el XI Congreso de Gerencia de Proyectos fue, como siempre, una gran experiencia llena de aprendizaje, sobre mi ponencia Conversar para liderar/Liderar para conversar les contaré en el siguiente post…..Pasan cosas buenas cuando te involucras con el PMI.
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