domingo, 14 de febrero de 2016

No le tengas miedo a la creatividad



La creatividad no es exactamente una característica con la que se describa a un gerente de proyectos, calificativos como organizados, buenos comunicadores, orientados a resultados, entre otros, son mucho más comunes para describir a quienes trabajamos en el área. Con esta idea comienza el artículo “Don´t be afraid to get creative” escrito por Christian Bisson y que es una invitación a abandonar estos prejuicios y estereotipos, que en muchos casos nos limitan.

A pesar de que quienes gestionamos proyectos en muchas oportunidades, y en un contexto donde la improvisación parece ser la regla, somos percibidos como profesionales estrictamente apegados al plan (hace poco en una reunión me dijeron que la palabra favorita de un gerente de proyectos y además economista, como en mi caso era NO), la existencia de un marco de trabajo no implica que no haya espacio para la creatividad, por el contrario y en mi opinión la potencia.
 
Bisson nos comenta que un buen gerente de proyectos es aquel que es creativo y aprovecha las grandes oportunidades que se le presentan:
 
“Un buen gerente de proyectos necesita ser creativo con el alcance y el presupuesto a medida que la iniciativa avanza”
 
La clave para dar lugar a la creatividad según el autor es precisamente evitar responder automáticamente “no podemos, está fuera del alcance o del presupuesto” ante planteamientos de algún stakeholder y más bien preguntarnos ¿cómo podemos hacer que esto funcione? Aquí entra en juego, como lo conversamos anteriormente, la disposición que tenga el gerente de proyectos para escuchar ideas de su equipo que le permitan solucionar este dilema, recordemos que esta es una de las características de aquellos líderes que fomentan la creatividad y el aprendizaje dentro de sus equipos.
 
Ante una nueva idea, Bisson nos presenta tres soluciones posibles, que podemos utilizar luego de evaluar y constatar su factibilidad, para no cometer el error de descartarla a priori:
 
1.- Solicitar más fondos, que seguramente será lo primero que se nos viene a la mente, recordemos aquello del pensamiento rápido, pero que no necesariamente implica que la organización esté dispuesta a incrementar el presupuesto para la ejecución del proyecto.
 
2.- Reducir alguna parte del alcance inicial o tal vez removerla para dar lugar a la nueva idea. Para poder lograr esto debemos estar seguros de que la nueva idea es mucho más eficiente que lo que pretendemos descartar y que aportará beneficios al proyecto.
 
3.- Reducir algunos costos, tal vez tercerizando algunas actividades no muy importantes, para liberar recursos que permitan la implementación de la nueva idea.
 
En definitiva y como finaliza Bisson, se trata de no decir NO de entrada y dejar esta respuesta como el último recurso ante el planteamiento de una nueva manera de hacer las cosas o un cambio en el alcance del proyecto.
 
¿Se les ocurre alguna otra alternativa?