La falacia de los costos hundidos del proyecto



Con certeza todos hemos estado alguna vez involucrados en una situación o proyecto al que se nos hace muy difícil renunciar, a pesar de que sabemos que no lograremos los resultados u objetivos esperados. Pensando en todo el esfuerzo, tiempo, dinero y otros recursos que hemos invertido vienen a nuestra mente frases como “no es rentable, pero, puede serlo”, “con el tiempo la situación cambiará y el proyecto funcionará”, “nuestras ventas mejorarán” y un sinfín de justificaciones para dilatar la toma de decisión final, que nos llevará a cancelar inexorablemente la iniciativa, a un costo más elevado.

Este fenómeno o sesgo cognitivo, conocido como la falacia de los costos hundidos, se suma a los que ya comentamos en el artículo anterior como un elemento de distorsión en el proceso de toma de decisiones eficientes y efectivas.

Los costos hundidos del proyecto comprenden todas aquellas aplicaciones de recursos, humanos y materiales, que no podremos recuperar, bien sea porque:

- No forman parte de la inversión inicial del proyecto por lo que no obtendremos un retorno durante la operación. Tal es el caso por ejemplo de los estudios de ingeniería y factibilidad cuyos costos, según algunos autores, deben ser asumidos personalmente por el patrocinante del proyecto.

- Porque decidimos salir del negocio y hemos invertido en equipos especializados que no podremos adaptar fácilmente a otra actividad, por lo que recuperar la inversión en su totalidad no será posible. Tal es el caso de inversiones en industrias como las telecomunicaciones, energía, etc.

Según Daniel Kahneman el comportamiento humano está mucho más influenciado por tratar de evadir la pérdida que por la promesa de una ganancia futura. Por esta razón a la hora de contemplar la decisión de cerrar un proyecto que no es exitoso, prestamos atención a lo que ya hemos gastado/hundido en vez de actuar de manera racional y calcular los flujos de efectivo futuros (ingresos y gastos).

En el informe Desarrollo Mundial 2015, Mente, Sociedad y Conducta del Banco Mundial se hace referencia a un experimento que se realizó con miembros del equipo de esta organización, involucrados en la gestión de programas y proyectos para el desarrollo. Se asignó aleatoriamente entre ellos un programa destinado al manejo de la tierra con un enfoque orientado hacia la conservación de la biodiversidad, con una duración de 5 años y un presupuesto de US$ 500 millones, el programa había avanzado durante 4 años y un grupo de los participantes, quienes asumían el rol de líder del equipo, había gastado a esa fecha el 30% de los fondos (US$ 150 millones) mientras que el otro grupo ya había ejecutado el 70% del presupuesto (US$ 350 millones).

Al cuarto año el gobierno del país donde se realizaba este programa decidió darle luz verde a otra iniciativa, la construcción de una represa en el corazón de los bosque que el primer programa buscaba proteger, para aprovechar el potencial hidroeléctrico. Aunque el segundo programa imposibilita el logro de los objetivos del primero, el gobierno pide al equipo de proyecto que llegue hasta el final con este.

¿Qué decisión tomaron los líderes del proyecto ante el seguro fracaso de la iniciativa?

Aquellos cuyo escenario se correspondía con un mayor costo hundido, 70% del presupuesto ejecutado, fue mucho más propenso a seguir con el proyecto que el grupo que solo había aplicado el 30% del presupuesto.

El siguiente gráfico, tomado de la publicación, nos muestra cómo la falacia de los costos hundidos afecta la conducta del staff del Banco Mundial, incrementando la probabilidad de continuar malgastando fondos a medida que es mayor la cantidad de recursos que se han invertido en un proyecto o programa fallido:


Con un 30% del presupuesto ejecutado/hundido el 40% de los participantes en el experimento piensa que es correcto comprometer el resto de los fondos, en caso de que sean propios, mientras que si son de otros casi el 50% cae en la falacia de los costos hundidos.

Con un 70% del presupuesto ejecutado/hundido la propensión a comprometer los fondos crece a un 50% y un 55% en cada caso.

El problema de la falacia de los costos hundidos es que nos lleva a asumir un gran costo de oportunidad, al no aprovechar los recursos que tenemos y son escasos en otros proyectos que podrían generar beneficios y malgastarlos en aquellos que sabemos no tendrán éxito. El dinero, tiempo, mano de obra y otros recursos con que contamos son limitados y debemos utilizarlos de manera eficiente.

En un mundo competitivo, donde el éxito parece ser una norma, es muy difícil que aceptemos que el proyecto en el que estamos trabajando no llegará a buen puerto, lo que nos lleva en algunos casos a ponernos el traje de optimista excesivo, negarnos la realidad y esperar un milagro que cambie la dirección del viento.

Lo grave de esta situación es que a medida que corremos la arruga y pasa el tiempo, los costos que tendremos que asumir serán mayores y por supuesto las posibilidades y el monto que podríamos recuperar de lo invertido serán menores.

Para evitar que la falacia de los costos hundidos afecte a los equipos de proyecto, las organizaciones deben ser más flexibles y no juzgar negativamente el cierre de proyectos fallidos, según el Banco Mundial es mucho más fácil salir de este tipo de iniciativas cuando no existen consecuencias para la carrera de los profesionales involucrados y las políticas y criterios de cierre son claros y públicos

A nivel personal, mirar hacia el futuro y no al pasado puede sernos de utilidad, mientras continuamos enganchados en un proyecto o situación que no dará frutos, perdemos la oportunidad de transitar otros caminos y como dicen por ahí, "la vida es muy corta para malgastarla". 

P.D: Algunos autores incorporan los costos de los estudios de factibilidad e ingeniería como parte de la inversión inicial del proyecto, por lo que no existe un consenso al respecto. 

Algunas lecturas relacionadas con el tema que me parecieron interesantes: 






Cómo deciden los actores del proyecto



Los modelos económicos se basan en la simplificación de la conducta humana, suponiendo que cada uno de nosotros toma decisiones, luego de calcular el costo beneficio, en función de la maximización de nuestra utilidad. El enfoque racional ha recibido innumerables críticas por su limitada representación de la realidad, dejando por fuera muchísimos elementos que juegan un papel importante a la hora de tomar decisiones.

Este tipo de análisis parcial podría representar un riesgo para el desempeño del proyecto, sobre todo cuando estamos analizando a los actores, incluyendo al equipo de gestión, y a los riesgos inherentes a estos.

Estas son algunas de las conclusiones que se obtienen luego de leer el Informe sobre Desarrollo Mundial 2015: Mente, Sociedad y Conducta publicado a finales del año pasado por el Banco Mundial. Apoyado en los aportes de la neurociencia, la economía de la conducta, la psicología y la sociología, entre otras disciplinas, en el documento se hace un análisis de múltiples experimentos y experiencias de políticas, planes, programas y proyectos ejecutados por el banco.

Para realizar un análisis completo de la conducta y decisiones que podrían tomar los actores del proyecto en un momento determinado y el riesgo que esto representaría para la iniciativa, no nos basta con suponer que cada uno de los stakeholders actúa basado en un cálculo matemático, además debemos tomar en cuenta tres dimensiones que son:

-El pensamiento automático: la racionalidad supone que todos los individuos antes de decidir son capaces de analizar toda la información que tienen disponible, el entorno y de hacer una especie de proyección del futuro, para actuar en el presente. Lo que describe al ser humano como una especie de computadora que procesa más información de la que realmente puede.

Una aproximación mucho más acorde al real comportamiento humano es la que hace el psicólogo Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, quien propone lo que podríamos llamar dos sistemas de pensamiento:

Un pensamiento automático el cual se realiza de manera rápida, asociativa y sin mucho esfuerzo, tomando en cuenta lo primero que se viene a nuestras mentes.

Un pensamiento deliberativo el cual es lento, reflexivo y conlleva un esfuerzo para analizar el conjunto de factores pertinentes a la decisión que debemos tomar.

Kahneman a través de sus investigaciones ha demostrado que la mayoría de nuestras decisiones están signadas por el pensamiento automático, utilizando supuestos y asociaciones predeterminadas, que pueden llevarnos a tener una percepción errada de determinada situación y por ende decidir de manera apresurada y sin contar con información suficiente.

-El pensamiento social: Los seres humanos ante todo somos seres sociales, nos gusta identificarnos y pertenecer a grupos afines con nuestros intereses y preferencias, ser aceptados y mostramos interés por el bienestar del resto de los miembros de nuestra comunidad.

Por esta razón, todas nuestras decisiones y actos están influenciados por cómo piensan y actúan los que nos rodean. Tomamos en cuenta entonces las preferencias, redes, identidades y normas sociales a la hora de decidir y lo hacemos a favor de lo que consideramos justo, equitativo y cooperativo.

Un ejemplo de esto podemos verlo a diario en las redes sociales, en las que la cooperación e intercambio de información es la regla, contrario al espíritu egoísta que supone el modelo racional.

-Los modelos mentales: cuando pensamos no utilizamos conceptos inventados por nosotros, acudimos a una visión común, con los miembros de nuestra sociedad, sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Los modelos mentales que utilizamos pueden ser conceptos, categorías, identidades, prototipos, argumentos causales o cosmovisiones que extraemos de nuestras comunidades. Todos estos elemento forman parte e influyen nuestro proceso de toma de decisiones.

Implicaciones para la gerencia de proyectos

Como comenté al inicio, el tener una idea mucho más cercana de cómo los actores de un proyecto determinado toman sus decisiones, definitivamente permite a la gerencia mejorar su desempeño, aunque el análisis se hace más complejo, en todo lo que tiene que ver con el manejo de los actores.

Por ejemplo, podemos hacer un mejor análisis a la hora de identificar los posibles cursos de acción que puede tomar determinado actor durante el proyecto, yendo más allá de la simple maximización de su beneficio, conociendo su entorno, sus motivaciones y los otros elementos sociales que podrían afectar sus decisiones.

El tener una idea más clara de este primer punto nos permitirá diseñar mejores planes para mitigar el riesgo asociado a los actores o hacer frente a este en caso de que se materialice.

Conocer mejor a los beneficiarios/clientes del proyecto nos ayuda a orientar la iniciativa y garantizar que esta no solo cumpla con los objetivos de entregar un bien o servicio, sino, que además estos sean utilizados transformando la situación de necesidad de mercado o social y haciendo que el proyecto sea realmente sostenible.

Un punto que me pareció muy importante del informe es que el conocer estos sesgos a la hora de tomar decisiones nos ayuda a evaluarnos como gestores de proyectos e identificar cuándo nuestro pensamiento rápido, pensamiento social o modelos mentales están deformando la manera en que analizamos la realidad, haciendo que ofrezcamos respuestas o proyectos alejados de lo que realmente necesita/quiere el cliente/beneficiario y más cercano a la idea que tenemos nosotros del deber ser y del mundo.

"Cuando vemos solamente lo que esperamos ver, vemos el contenido de nuestra propia mente y pasamos por alto lo que realmente tenemos ante nuestros ojos" (Genji Okumichi, 1861). Como profesionales de proyectos, debemos saber identificar cuándo estamos cayendo en esta trampa que no nos permite levantar correctamente los requerimientos, ni ofrecer soluciones pensadas en las necesidades reales, sino, en las que hemos percibido.

Este "nuevo" paradigma sobre la toma de decisiones no viene a rivalizar con el enfoque racional, por el contrario busca complementarlo, en la búsqueda de modelos más cercanos a la realidad y de políticas, planes, programas y proyectos que tengan realmente éxito, por alguna razón el Banco Mundial ha emprendido este proceso de autoevaluación.

Referencias:

Informe Desarrollo Mundial 2015, Mente, Sociedad y Conducta. Banco Mundial.

Maps of Bounded Rationality, Psichology for Behavioral Economics. Daniel Kahneman

Genji Okumichi es un personaje ficticio de la novela "El Honor del Samurai" de Takashi Matsuoka.





Analizando el sector, gestionando proyectos con el valor de negocio esperado



Hace pocos días el PMI publicó su Guía Práctica para el Análisis de Negocios, un conjunto de lo que consideran, aun sin establecer un consenso al respecto, el mejor conocimiento, herramientas y técnicas para:

- Determinar los problemas y necesidades de negocio

- Identificar y recomendar soluciones viables, relacionadas con los problemas y necesidades diagnosticadas

- Levantar, documentar y manejar los requerimientos de los stakeholders, con la finalidad de alinear los objetivos de negocios con los del proyecto o programa

- Facilitar la implementación exitosa del producto, servicio o resultado final del proyecto o programa

Esta publicación forma parte de la iniciativa del PMI por mejorar la relación entre los requerimientos y el resultado final del proyecto. Buscando que estos últimos produzcan bienes y servicios con el valor de negocio esperado, a través un enfoque integrador entre el análisis de negocio y la gestión de proyectos.

El Business Analysis Practitioner debe conocer, entre muchas otras cosas, ¿cómo es la industria en la que su organización hace vida? Para este fin debe estar en la capacidad, él y el equipo de trabajo, de realizar un análisis sectorial.

¿Qué es un análisis sectorial?

El análisis de un sector podemos definirlo como una caracterización de este, haciendo uso de la información disponible en las fuentes públicas y/o privadas como anuarios estadísticos, estudios del sector, revistas del acontecer económico e industrial y/o utilizando fuentes de información primaria, recolectada a través de estudios llevados a cabo por la organización.

De esta manera se construye una especie de descripción de nuestro ámbito de acción, que implica:

La descripción del producto o servicio que pretendemos introducir almercado: tomando en cuenta sus características físicas, los insumos requeridos para su producción, cómo será el proceso productivo, los usos del producto, cómo se diferenciará de la competencia, las marcas presentes en el mercado, cómo está este segmentado, los precios y la cadena de valor.

Las condiciones de la oferta: en este sentido se estudia si existen economías de escala, si hay algún grado de integración vertical, como es la estacionalidad de la producción, el grado de elasticidad de la oferta, la tecnología utilizada dentro de la industria para producir, la especificidad de los activos utilizados y si existe competencia a través de importaciones.

Las condiciones de la demanda: con respecto a la demanda también se debe determinar su grado de elasticidad, si es estacional, cómo están caracterizados los consumidores, cómo son los canales de distribución, cómo es el acceso de los clientes al o a los productos y si existe la posibilidad de exportar.

La estructura del mercado: Es importante conocer el tipo de mercado, si es un monopolio, duopolio, hay competencia monopolística o competencia, si existen barreras de entrada y salida, el tipo y tamaños de las empresas que operan en el sector y dónde están localizadas.

El comportamiento del sector: debemos determinar también cuáles son las estrategias para competir, cuáles son las leyes y normas que afectan el sector y cómo está vinculado con otros sectores.

El desempeño del sector: Finalmente es necesario que tengamos una idea de qué se está haciendo en el sector con respecto a la investigación y desarrollo, o I + D, las innovaciones, la evolución histórica del sector, los niveles de producción y ventas, el tamaño y grado de madurez del mercado y los beneficios que en él se obtienen.

Estos elementos por supuesto no son excluyentes, como en todo análisis mientras mayor sea la cantidad de información, disponible y relevante, tomada en cuenta y nuestra capacidad para recolectarla y analizarla, mejor será el resultado obtenido. 

Una manera de conseguir información sobre el sector es entrevistando a los directores de las organizaciones que forman parte de él, obteniendo no solo datos, sino, además las percepciones de expertos sobre la evolución del mercado, lo que permite darle una mejor orientación al proyecto.

El siguiente cuestionario, hecho por unos compañeros de trabajo, a pesar de su sencillez podría servir de guía sobre las preguntas que podríamos hacer al entrevistarnos con el responsable de alguna organización.


La prisa por llegar, poniendo en riesgo el éxito del proyecto



Mi primera conversación del 2015 la sostuve con un muy buen amigo que es piloto de aeronaves, entre otros temas estuvimos hablando un largo rato sobre los accidentes aéreos. Según él, un gran porcentaje de estas tragedias se deben a “la prisa o apuro por llegar”, un fenómeno que afecta a la tripulación bien sea relajándola hasta el punto de omitir procedimientos que pueden considerar innecesarios (pero que no lo son) o estresándola con el cambio, a última hora, del plan de vuelo con la finalidad de arribar más rápido al destino.

Por supuesto, no pude dejar de establecer una analogía con la gestión de proyectos e identificar mentalmente algunos factores y situaciones que podrían llevarnos a apresurar el trabajo, poniendo en riesgo el logro de los objetivos:

- La premura por actuar y desestimar la planificación es un caso clásico de “la prisa por llegar”. Al no tomarnos el tiempo necesario para planificar el proyecto podemos obviar elementos fundamentales para su éxito, fallando en la definición del alcance, la estimación del tiempo, los recursos y los costos, la identificación de riesgos.....

- En el desarrollo de proyectos sociales las ganas de ofrecer una solución rápida a las necesidades puede llevarnos a saltar el paso importantísimo de consultar a los afectados sobre sus problemas, inquietudes e intereses, lo que definitivamente significará el fracaso de la iniciativa al no conseguir que esta sea sostenible.

- Cuando identificamos una idea de negocio, podemos tener la seguridad de que alguien más lo ha hecho, esto podría empujarnos a acelerar los procesos, con la finalidad de tratar de apoderarnos de un nicho de mercado.

- Existen organizaciones cuyas prioridades cambian constantemente y en las que el “lo quiero para ayer” parece ser lo único invariable. Esto obliga a la re-planificación, a saltarse procedimientos y a sobre cargar a los equipos de trabajo/proyecto.

- Es común, sobre todo en proyectos muy largos que el agotamiento, físico y mental, afecte el desempeño del recurso humano. Haciendo que este cometa errores u omita pasos importantes para la buena culminación del trabajo.

- La rutina también podría jugar un papel importante a la hora de tratar de acelerar el fin del proyecto. Quienes trabajamos en estas iniciativas estamos acostumbrados al cambio y el involucrarnos en proyectos de largo aliento podría en un momento dado desincentivarnos y llevarnos a buscar algún atajo.

- En mercados laborales restringidos, donde los profesionales son contratados por proyectos y los salarios son bajos, existen incentivos para que el recurso humano busque maximizar su tiempo en post de una mayor remuneración anual, lo que sería una razón para tratar de culminar su trabajo, en determinado proyecto, lo más rápido posible y poder asumir un nuevo contrato.

- El cambio de parecer del cliente en cuanto a los tiempos de entrega podría ser también un factor que sobre cargue de trabajo al equipo del proyecto y lo lleve a cometer errores por tratar de cumplir con las nuevas exigencias.

Al igual que el vuelo de una aeronave, el desarrollo del proyecto está rodeado de riesgos y estos se incrementan cuando por determinada razón nos salimos de la planificación para tratar de llegar más rápido. ¿Qué podemos hacer entonces para no caer en esta trampa?

Tomarnos el tiempo para planificar, aunque muchos prefieren la acción ya hemos comentado con anterioridad la importancia que tiene tomarse el tiempo necesario para pensar y planificar el proyecto. No en vano se invierte el +- 25% de los recursos en esta fase del ciclo de vida.

Si ya tenemos un plan no lo cambiemos a última hora solo por un impulso, del apuro solo queda el cansancio y es mejor asegurar el resultado siguiendo todos los pasos que ya hemos estipulado. Para algo nos sentamos a planificar.

No desestimemos pasos importantes, la literatura sobre buenas prácticas en la gestión de proyectos es bastante amplia y accesible, recurramos a ella para no dejar por fuera elementos determinantes para su éxito.

Una oportunidad de mercado lo será siempre y cuando la abordemos de una manera correcta. No siempre el primero en llegar es el mejor, en la premura por hacernos de un nicho de mercado podemos dejar de lado características del producto deseables para el consumidor y terminar siendo superados por la competencia.

Es importante que el equipo de proyecto se mantenga motivado, independientemente de lo larga que sea la iniciativa, permitir que tengan períodos de descanso, no sobre cargarlos de trabajo con re-planificaciones de última hora, gestionar el proyecto de manera que vaya mostrando resultados tangibles en el mediano plazo, crear un ambiente alejado de la rutina y proveer buenas condiciones salariales, son algunas de las ideas para tratar de evitar el fenómeno del “apuro por llegar”.

En cuanto al compromiso con los stakeholders, tanto internos como externos, estos deben ser firmes y no estar sujetos a caprichos ni exigencias que no estén estipulados en un contrato.

Siempre me he preguntado por qué la gente cruza la calle con la luz roja o amarilla en vez de esperar unos segundos para hacerlo con la verde, en la prisa por llegar se nos puede ir la vida, el proyecto y hasta la organización. 

Cómo nos fue con la gestión “profesional” de nuestros proyectos de vida


A comienzos de este año les hice la invitación de utilizar las herramientas de la gestión profesional de proyectos para que planificaran y los ayudaran a alcanzar sus objetivos personales, como hay que comulgar con ejemplo, decidí cerrar las actividades de De Proyecto en Proyecto por este año contándoles como me fue a mí al menos con tres de los objetivos que me trace para el 2014.

Para este año que está por terminar me propuse, entre otros, tres objetivos:

-El primero escribir 24 artículos para este blog, a una tasa de 2 mensuales, durante todo el 2014

-El segundo entregar mi tesis de maestría en Economía Aplicada en Mayo

-El tercero, y menos académico de los tres, perder el miedo a lanzarme es patineta (skateboard) por pendientes, luego de un incidente que sufrí a inicios del 2013

Veamos cómo me fue con los dos primeros:

El Primer Objetivo




El primer objetivo solo se cumplió en un 91,6%, a pesar que estuve bastante cerca de la meta por alguna razón no pude alcanzarla. Durante el mes de febrero no escribí ni publiqué ningún artículo, he allí la falla. Haciendo un poco de memoria durante esos días compartí mi tiempo entre un proyecto de trabajo y la redacción del marco teórico de la tesis de maestría, por lo que no tuve oportunidad para actualizar el blog.

Haber planificado esta actividad no solo me ayuda a evaluar mi desempeño durante el año, además puedo indagar en las causas del incumplimiento y establecer una estrategia para poder  alcanzar mi objetivo el próximo año.

También podemos observar que en el proceso de elección de las actividades del mes de febrero hubo implícito un costo de oportunidad, para mí en ese momento fue más rentable el trabajo y la tesis que dedicarme al blog.

El Segundo Objetivo 


Observando este cuadro podríamos decir que aprobé la labor de escribir mi tesis de maestría, pero, qué pasó con el tiempo planificado para la entrega:


Estime unas 360 horas para realizar mi trabajo, en promedio unas 3 horas diarias durante 4 meses. Algunos días trabaje más horas y otros menos de las planificadas, pero, finalmente pude entregar el documento terminado, para su evaluación, el 2 de mayo de este año. Fijense que quedándonos solo con la información del primer cuadro podríamos considerar que se alcanzó la meta, es aquí donde herramientas de cálculo, como el valor ganado, nos permite complementar la información para la evaluación. 




El Tercer y más Divertido de los Objetivos

Quienes me conocen personalmente saben que uno de mis pasatiempos, y una de las maneras en que combato el estrés, es subido a una patineta. Todos los domingos tomo mi tabla y me dirijo a una zona en Caracas (Venezuela) llena de pendientes a lanzarme por ellas, a mediados del año pasado me caí como a unos 35 Km por hora, milagrosamente no tuve más que unos raspones y golpes, pero, el miedo me embargó y decidí vencerlo este año. Acá les dejo la muestra de que este objetivo también fue cumplido, cortesía de Oswaldo (apodado El Oso) uno de mis compañeros de pasatiempo. 






Quisiera agradecer a todos los lectores que me acompañaron durante este año, a quienes compartieron el contenido a través de sus redes sociales y a quienes gentilmente dejaron sus comentarios. Ustedes son la razón por la que escribo en este blog, los invito a contarnos como les fue con sus proyectos personales en 2014, les deseo unas felices fiestas y espero que nos sigan acompañando el próximo año De Proyecto en Proyecto

El proyecto no es rentable, pero, puede serlo



La frase que titula este post la escuché hace poco del presidente de una empresa, que por contrato, ejecuta un proyecto para otra organización. Más inquietante que la frase en sí misma, es que la conversación iba sobre un proyecto con un año de retraso, sobre costo indeterminado, por el que han pasado 4 gerentes de proyecto, donde se han tenido que sustraer recursos de otros proyectos para cancelar las obligaciones con el personal contratado, se han “perdido” equipos, se han tenido que pagar penalizaciones por estos insumos extraviados y se han recibido innumerables quejas tanto de la empresa contratante como de los clientes finales.

Por supuesto que no pude dejar de preguntarme hasta qué punto puede llegar el “optimismo” y comencé a reflexionar sobre ciertos aspectos de la forma en que algunas organizaciones, sobre todo pequeñas y medianas, asumen los negocios y la gestión de proyectos.

¿Por qué morder más de lo que se puede masticar?

Muchos “empresarios” se engolosinan y se dejan llevar por el monto de un contrato, sin pararse a pensar si su organización cuenta con las capacidades para ejecutarlo. No me mal entiendan, creo que la ambición y la inclinación a asumir riesgos son un motor para el desarrollo, sin embargo, deben estar bajo control.

Antes de asumir cualquier proyecto debemos evaluar la factibilidad técnica, si contamos o somos capaces como organización de proveernos de los recursos, humanos y materiales, y las capacidades para desarrollarlo. De lo contrario caeremos en la improvisación, seguramente incumpliremos los compromisos asumidos con nuestros clientes, desperdiciaremos recursos y pondremos en riesgo nuestra reputación.

¿Qué pasó con la gerencia de proyectos?

Cada uno de los gerentes que ha sido contratado para este proyecto, 4 en 3 años, ha llegado a comenzar desde el principio, echando por tierra el trabajo de su antecesor. Por otra parte ninguno ha contado con la confianza de la directiva de la empresa a la hora de delegarle control sobre el proyecto, lo que ha minado sus esfuerzos por planificar y establecer mecanismos de seguimiento y control de los 22 profesionales que a nivel nacional realizan las actividades.

Cuando se asume un proyecto que ya está andando lo más recomendable es evaluar la gestión del responsable anterior, mantener las cosas que hizo bien y corregir aquellas que no tanto. Comenzar todo desde el principio, solo por imponer nuestro estilo, irá en contra del que debe ser nuestro objetivo fundamental, terminar el proyecto, dentro del cronograma, los costos y con la calidad esperada.

Ha de suponerse que cuando una organización contrata a un profesional para que lidere un proyecto lo hace porque confía en sus capacidades, no delegar en este al menos la mayor parte de control sobre la iniciativa afecta su gobernabilidad, hace más engorrosa la toma de decisiones y burocratiza el proyecto haciéndolo más lento.

¿Y si además pasamos por alto los riesgos?

Sin haber ahondado mucho en este proyecto se que uno de sus insumos críticos es importado. Tomando en cuenta que se realiza en Venezuela donde existe un control gubernamental, bastante discrecional, para adquirir divisas, debió preverse el riesgo de no poder acceder a estos recursos antes de que, como en efecto sucedió, se materializara.

Como ya hemos conversado en otras oportunidades identificar y hacer un plan para el manejo de riesgo es fundamental para el éxito de un proyecto, tomando en cuenta que la incertidumbre será nuestro pan de cada día. La identificación a tiempo de un riesgo cuya probabilidad de ocurrencia es muy cercana a 1, como en el caso que comentamos, pudo haber llevado a rechazar el contrato y ahorrar a la organización todos los recursos y problemas que enfrenta actualmente.

Del orgullo y otras especies

En otras oportunidades hemos conversado del porqué los malos proyectos son tan duros de matar y del momento adecuado para renunciar a un proyecto. Cuando nos enfrentamos a las consecuencias de una mala decisión que hemos tomado, lo peor que podemos hacer es dejarnos llevar por el orgullo o por un optimismo excesivo creyendo que las cosas en el largo plazo mejorarán (sin hacer nada al respecto). 

El proyecto no es rentable, pero, puede serlo podría condenar a toda la organización por no tomar acción sobre un proyecto fallido, por no asumir la responsabilidad ante una mala decisión, por no dar un brazo a torcer. De no hacer nada es posible que el largo plazo, como bien decía Keynes, nos encuentre a todos muertos.




El estrés, un actor en el desarrollo de proyectos



Seguramente todos hemos sido víctimas en alguna oportunidad del estrés, la llamada “enfermedad de los tiempos modernos” que se manifiesta a través de una sensación de angustia, dolor de cabeza, pulso acelerado, tensión muscular, parálisis e inseguridad ante los problemas, etc.,  y que puede desencadenar en enfermedades graves, poniendo en riesgo nuestra salud y vida.

Los que trabajamos en proyectos estamos expuestos a diario a situaciones estresantes, provocadas por la incertidumbre propia de estas iniciativas y la alta exigencia sobre el logro de resultados que cumplan con la calidad, en el tiempo y dentro de los costos que hemos planificado. Por esto se hace necesario que establezcamos una estrategia para manejar el estrés y evitar que afecte nuestro desempeño y nuestra integridad física y psicológica.

El estrés es la respuesta que ofrece nuestro organismo a situaciones límite, en las que nos sentimos bajo presión, tenemos alguna responsabilidad importante o nos enfrentamos a alguna amenaza, real o imaginaria. A pesar de que siempre hablamos de su óptica negativa, el estrés tiene un lado positivo, que puede representar una oportunidad, tanto a nivel individual como para el desarrollo del proyecto.

Cuando sentimos que estamos preparados y podemos mantener bajo control la situación que nos causa estrés, experimentamos una respuesta positiva ante esta, que nos motiva y nos permite incrementar y mejorar nuestro desempeño. Mientras que si no nos sentimos preparados y percibimos que los problemas nos desbordan, nuestra respuesta ante la situación estresante será la parálisis. 

¿Cómo manejar el estrés de manera efectiva?

El gerente o líder de un proyecto tiene la responsabilidad de ayudar a los miembros del equipo y al resto de los participantes en la iniciativa, a manejar el estrés de manera efectiva. Para tal fin Vijay K. Verma nos presenta un conjunto de recomendaciones prácticas en su libro Human Resources Skills for the Project Manager.

En primer lugar debemos identificar las fuentes del estrés, por lo general en los proyectos el cambio y el conflicto son dos de las más comunes. Debemos entenderlas y analizarlas, para familiarizarnos con el tipo de respuesta que ocasionan y cómo esta última afecta, física y emocionalmente, a las personas. Reconocer cuáles son las situaciones que nos generan estrés puede ayudarnos a estar mentalmente preparados para que reduzcamos su impacto.

Como gerentes debemos procurar que el ambiente del proyecto sea lo más estable posible, que existan reglas claras y que estas sean cumplidas por todos los involucrados. De esta forma mitigamos un poco la incertidumbre y evitamos el común cambio de planes, que prioriza lo urgente sobre lo importante, y que tiende a estresarnos. 

Es importante también motivar a los miembros del equipo, promover su participación, establecer canales de comunicación abiertos, reconocer sus logros y favorecer su formación y capacitación profesional. De esta manera estamos incentivando una respuesta positiva ante cualquier problema que se nos pueda presentar

A nivel individual, además de contar con herramientas para enfrentarlos, es importante que mantengamos una actitud positiva ante los problemas y el cambio, lo que nos facilitará evaluar y hacer frente a la situación que se nos presente de una manera efectiva y sin afectar nuestra salud o estado de ánimo, entendiendo además que no estamos en la capacidad de cambiarlo todo y debemos aceptarlo, con la menor carga de frustración posible. 

Por si se preguntan cómo manejo yo el estrés, tanto personal como profesional, intento no procrastinar, trato de sacar lo mejor de cada una de las situaciones que se me presentan a diario, dedico al menos una hora al día a alguna actividad física, practico la meditación y me mantengo lo más alejado posible de la computadora y el móvil los fines de semana.